Ensayo sobre el vídeo “Sobre ruedas. El sueño del automóvil.”
Nos gusta lo inmediato. El coche con todos sus contras, nos proporciona esa inmediatez a la que no estamos dispuestos a renunciar y en muchos casos contra la que caminar, la bici o incluso el trasporte público, no pueden competir. Devolverle el espacio urbano al peatón supondría no solo un cambio radical en cuanto a la interacción entre personas, sino además ralentizar el ritmo de vida ordinario, por eso debemos saber en qué casos es un avance y una mejora en la calidad de vida de las personas y en cuales es anti-producente.
Vivimos contenidos, almacenados en cajitas. Salimos de las cuatro paredes de nuestro cuarto y pasamos a la casa/ el espacio común del edificio, de ahí a nuestro contenedor favorito, el coche, puede que esto requiera salir al exterior unos segundos o puede que lo tengamos protegido en el garaje, otra caja. Conducimos hasta el trabajo /la universidad y entramos en un despacho/ aula una vez más casi siempre cuadrada. Si tenemos suerte respiraremos lo que nos llegue a toda velocidad de aire del exterior bajando la ventanilla del coche, sólo si hace bueno. O puede que respiremos aire fresco en el trayecto del coche a la universidad, de lo contrario podemos pasarnos un día entero sin respirar aire que no haya pasado previamente por máquinas, acondicionado antes de llegar a nuestros pulmones.
En todo este trayecto el contacto con el resto de los seres vivos es también mínimo, a menos que vayamos a clase con compañeros o entre una avispa por la ventanilla. Si fuésemos a un despacho, al nuestro, el contacto con el resto de personas sería indirecto, distorsionado, a través de máquinas y muy pocas veces físico. La sociedad se está trasformando en una en la que la interacción con el resto de personas y con lo natural es innecesaria e incluso molesta.
Queremos centros comerciales y cochazos. Porque fuera hace frio, calor, viento, llueve, nos despeinamos…En los locales (perfectamente climatizados) nos sentimos mucho más tranquilos. Todo está controlado, nada es natural. Lo preferimos porque está limpio. Lo orgánico ensucia, se muere y huele. Pero el coche también. Estamos renunciando a una cosa por otra peor, porque ésta segunda nos da el súper poder de la velocidad.
A menos que sea fin de semana o festivo parece que el espacio público quema, no queremos pasar mucho tiempo en él, es solo un lugar de paso entre un contenedor y otro. No estamos disfrutando de él. Debemos invertir esta relación con la calle.
Mi caso es el siguiente; Vivo en una pequeña urbanización a las afueras. Mis padres tienen el trabajo al lado y antes también nuestro colegio. No hay tráfico intenso, no hay ruido. Vemos conejos y ovejas prácticamente a diario, a veces caballos. Mi perro no lleva correa ni recojo sus necesidades. Es un animal suelto en el campo, antes que una mascota. Se puede decir que llevamos un estilo de vida bastante rural. Pero nada más lejos de la realidad. Por vivir donde vivo seguramente sea de las personas que más coja el coche.
En mi camino hacia la universidad contamino durante unos 25-45 minutos según el tráfico. Ida y vuelta es hora y media. Eso suponiendo que fuese yo sola, pero mi hermano también va, y la suya está “cerca” de la mía, ya que estoy, le llevo. Así pasamos el doble de tiempo contenidos, al menos envasados en compañía. Tener coche además condiciona mi horario ya que entro a la hora que entre él.
La alternativa a esto supone pasar más de 2 horas en trasporte público, solo ida. Esa mañana podría ir a la universidad, o escaparme a Toledo y me supondría el mismo esfuerzo. Primero alguien tendrían que acercarme a la estación de tren ya que a las 5:45am el autobús que debería pasar es un búho, no pasa. Del tren paso al metro, trasbordo, y autobús.
Durante el primer año de la carrera aprovechaba el trayecto más largo para estudiar y sí se notaba ese tiempo invertido. Además veía y hablaba con desconocidos. Pero el día que solo hay una clase de 2-3 horas no compensa pasar 4 entre idas y venidas, así que a esa no vas nunca y te queda.
Entonces sacarme el carnet de conducir se convierte en prioridad a pesar del gasto de tiempo y dinero que supone. Además del que cuesta mantenerlo. A cambio tardo menos de la mitad de tiempo. El día que no tengo coche, no voy. Así, se ha convertido en una herramienta indispensable. Pero no nos engañemos, no es el coche todopoderoso, es que mi urbanización no está bien comunicada.
No solo para mí. Entre semana, hay que coger el coche para ir a comprar el pan que está a más de 20 minutos andando. 40 minutos por 1 barra de pan no apetece, prepararlo nosotros tampoco es viable, al final sin coche muchos días no comeríamos pan por el gasto de tiempo. Esto hace muy difícil que personas en mi situación entiendan que es positivo limitar el uso del automóvil dentro de la ciudad, porque yo viviendo en el lugar donde más podría disfrutar de caminar, no puedo hacerlo y paso más tiempo sentada que erguida.
La conclusión es que el coche hace que podamos seguir el ritmo de vida de una persona que vive en la ciudad viviendo en el campo, pero únicamente porque la urbanización no está bien diseñada. No tiene comercio, ni equipamiento, el trasporte público es insuficiente y aunque la interacción con la naturaleza y la tranquilidad es mayor que en la ciudad, no deberían ser incompatibles.
Es quizás un ejemplo demasiado concreto de una situación determinada, pero por otra parte refleja lo fácil que es identificar las necesidades de una zona residencial simplemente analizando el día a día de sus usuarios. Sí es cierto que la gente que vivimos a las afueras vamos a pasar más tiempo almacenados que una persona que viva en el centro porque si ya vives en la ciudad no tienes que coger el coche para llagar hasta ella. Pero a veces incluso teniendo la posibilidad de hacer el 90% de nuestras actividades a pie o en bici preferimos coger el coche, porque la calzada está más adecuada para el tráfico del automóvil que para el del peatón o ciclista. Es esto precisamente lo que nunca debería ocurrir para que nuestra primera opción sea siempre salir a tomar el aire.