Ya con un clic puedes encontrar todo, pero, ¿A dónde queda el análisis?


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Ya con un clic puedes encontrar todo, pero, ¿A dónde queda el análisis?
¿Analfabetas funcionales o esclavos de la inmediatez?
Hace unos días atrás leía un texto en Facebook, que hablaba de que las personas, cortesía de las redes sociales se estaban convirtiendo en analfabetas funcionales, y los definía como personas que saben leer, pero no entienden ni una palabra de lo que leen o tienen que devolverse para leer todo de nuevo porque se distraían en medio de la lectura.Yo, que tengo este blog, y por el que han pasado…
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«El hombre común y corriente se tiene a sí mismo por el verdadero hombre práctico; él es quien vive y actúa prácticamente. Dentro de su mundo las cosas no sólo son y existen en sí, sino que son y existen, sobre todo, por su significación práctica, en cuanto que satisfacen necesidades inmediatas de su vida cotidiana. Pero esa significación práctica se le presenta como inmanente a las cosas, es decir, dándose en ellas, con independencia de los actos humanos que se la confieren. Las cosas no sólo son conocidas en sí, al margen de toda actividad humana —punto de vista del realismo ingenuo— sino que también significan por sí mismas; es decir, ignora que por el hecho de significar, de tener una significación práctica, los actos y objetos prácticos sólo existen por el hombre y para él. El mundo práctico es —para la conciencia ordinaria— un mundo de cosas y significaciones en sí.»
Adolfo Sánchez Vázquez: Filosofía de la praxis. Siglo XXI Editores, pág. 34. México, 2003.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
AYUDEMOS A PENSAR
"El mundo entero se aparta cuando ve pasar un hombre que sabe a donde va". Son palabras del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry y me ha inspirado para escribir algo que llevaba tiempo queriendo compartir.
Es difícil ver a personas con ideas claras. Algunos lo parecen, pero si rascas un poco enseguida se muestran como son. Otros vienen con el pretexto de serie para ocultar sus inseguridades y muchos apenas toman partido por la vida, simplemente se conforman, prefieren ser infelices y hacer el viaje sin mirar por la ventanilla.
Pero, de tarde en tarde, aparece en nuestras vidas algunos seres, que si saben a donde van, que hacen el viaje a pie, respirando el aire del camino, andando a buen ritmo, parándose cuando es necesario pero siempre mirando al frente, disfrutando del viaje, experimentando y aprendiendo de la vida.
Ellos entienden de que va todo esto. Son sus propios maestros. Aprenden caminando. Nunca aceptan una idea políticamente correcta sin antes cuestionarla. Saben filtrar la información, desechar aquello que no les resuena y utilizar el pensamiento crítico. Por eso saben a donde van. Y, sin embargo, el resto se sorprende. Es una ironía, pero debería ser al revés.
Es cierto que se nos enseña a no pensar. En el colegio, en el trabajo e incluso en algunos entornos familiares acostumbrados a no mirar por la ventanilla.
En la historia todo está escrito. Me refiero a que muchos filósofos, escritores y pensadores nos han dejado verdaderos tesoros para la vida, la autorrealización y sobre todo la manera de pensar de forma crítica.
Los estoicos entendieron que para que un hombre pensara de manera crítica debía adquirir primero un protopensamiento. Un método para usar la cabeza de manera correcta. Y para llegar a esto el ser humano debe alcanzar tres grandes momentos
El primero es el asombro. Esta capacidad parece haberse replegado hacia la infancia. Si no nos sentimos atraídos por las cosas es imposible aprender, porque el asombro lleva al interés. Nos llega tanta información a los sentidos que no somos capaces de acceder al conocimiento sin una chispa que nos ilumine.
Observar la naturaleza nos ayuda a practicar el asombro. El comportamiento de las plantas y los animales, la belleza de un paisaje, el regalo de la abundancia. Si en tu vida no lo incluyes estás de alguna manera muerto en vida.
El segundo momento es la curiosidad. Algo nos ha llamado la atención y quiere que tú te detengas, que lo contemples, que lo adores. La curiosidad es un mensaje de tú yo superior que nos invita a la intuición, a que algo importante tienes ante tus ojos.
El tercer momento es el cuestionamiento. El por qué de las cosas parece estar desvalorizado. Quizás sea porque esta sociedad tiene hecho un listado de preguntas y respuestas. Como si rellenas un examen y te dieran las soluciones. Pero si cuestionas las cosas encontrarás la verdad y llegarás al conocimiento.
Nos movemos en el mundo de la inmediatez. Nos conformamos con las respuestas que nos obligan a creer y nos sometemos a ellas.
¡Es una pena!. Tenemos muchas herramientas para acabar con esto. Tan solo debemos ponerlas en marcha.
Asómbrate todos los días de tu vida. Sé curioso y disfruta de ello. Cuestiona todo, pues el mundo cambia y también las verdades. No te ancles en creencias antiguas.
Mira hacia arriba para que los demás sepan que caminas hacia un rumbo fijo
Nos acostumbramos a las cosas inmediatas, transformando la espera en una tortura, olvidamos que todo tiene su propio tiempo.
Ozz
(...) Porque la noche los unía, los empujaba suavemente al lecho en que los cuerpos celebran los ritos de la inmediatez, al reino de la inocencia y de lo verdadero.
Eloy Sánchez Rosillo
Hay soledades que hacen bien. Que permiten pensar, respirar, reordenar el caos y escuchar(se) un poco más claro.
Pero también existe otra forma de estar solo, una que duele distinto: la del aislamiento emocional. Esa que no depende de cuánta gente haya alrededor, sino de cuán solo se está con lo que se siente.
Porque el aislamiento no se mide en compañía física, sino en conexión emocional. Puedes estar en pareja, en familia, en grupo… y aun así sentir que no hay espacio para decir lo que de verdad duele, lo que no tiene forma todavía, lo que nadie parece dispuesto a escuchar sin juicio.
La soledad puede ser elegida. El aislamiento emocional, en cambio, suele ser la respuesta aprendida al no sentirse alojado por el otro. Es la herida de lo no dicho, de lo invalidado, de lo que se ha tenido que callar para encajar, para sobrevivir, para no perder el vínculo.
Y por eso pesa más. Porque no se ve, pero se arrastra.
💡 Reinventarse es posible, pero el primer paso es tuyo… y aquí estaré cuando decidas darlo. 💫
¿Usuarios o personas?...La era de la inmediatez
Si hay algo que nos enseñan desde pequeños es a respetar a nuestros mayores; sin embargo, este no siempre es el caso en el mundo de los medios audiovisuales, donde se tiende a olvidar el legado que precede todo lo que hoy entendemos como industria multimedia. Es esencial que cualquier persona que quiera dedicarse a este ámbito conozca de dónde vienen los medios y hacia quién están dirigidos. Por eso, en esta publicación repasaremos brevemente la evolución de los medios que construyeron el barco hasta aquellos que lo conducen actualmente.
En un primer momento, los medios operaban bajo formatos muy definidos: prensa escrita, radio, televisión, etc., con pautas de consumo claras. Para quienes vivían esa época, existía una alfabetización mediática “implícita”: se sabía distinguir entre géneros, entre ficción e información, y se comprendían los tiempos. Era una etapa en la que el espectador se moldeaba a los contenidos del mismo modo en que los contenidos se adaptaban al espectador. Se trataba de una relación bilateral que garantizaba calidad y exactitud en la información.
Sin embargo, el salto a lo digital significó un giro inesperado para este sistema. Las plataformas digitales, las redes sociales y el streaming transformaron radicalmente tanto la producción como el consumo de contenido. Los usuarios ya no dependen de horarios ni de canales específicos, y además se diversificaron los formatos breves —stories, tuits, memes, alertas, microcontenidos— que responden a la demanda de mensajes rápidos y fragmentados. Esto cambió de forma profunda la relación entre público y contenido: lo específico y elaborado dio paso a lo general y estandarizado, dejando de lado la búsqueda de una conexión con el público para centrarse más en suplir una necesidad masiva de información y entretenimiento instantáneo.
Y así llegamos al punto en el que nos encontramos hoy: una oferta audiovisual gigantesca disponible en cualquier formato y en cualquier momento. Las grandes industrias utilizan big data y algoritmos para personalizar lo que vemos, anticipar nuestros gustos y mantener nuestra atención. Mientras tanto, la sociedad demanda cada vez más contenido, pero con menos criterio. Aquí surge la pregunta: con tanta generalización en la industria, el uso intensivo de algoritmos y la producción masiva de contenidos, ¿seguimos siendo una audiencia genuina o nos hemos convertido en simples usuarios que solo consumen lo que los algoritmos nos ponen delante? ¿Es acaso la era de la inmediatez una demostración de que preferimos cantidad antes que calidad, o deberíamos entenderla como una nueva etapa de la comunicación que redefine la forma en que nos relacionamos con los medios? Y con estas dos cuestiones, me despido. Me encantaría saber qué enfoque le dan ustedes a esta nueva época multimedia y nos vemos en una próxima publicación.