¡Que afortunado el Hombre!, Dios le permite ponerle nombre a los astros.
Navío
Cómo te he sueño...
A la distancia de una oración te encuentras y yo te he desperdiciado. Mi alma se eleva, mi alma naufraga... difícilmente grito tu nombre.
Busco respuestas en sitios donde -con ojos cerrados- te han buscado... tampoco te encuentro y me deterioro un poco más.
Tengo miedo de molestarte mientras duermes en la barca, te guardo tanto respeto que temo ser "insensato" o "falto de fe" a tus ojos, te dejo dormir y vuelvo a mirar la tormenta.
"Aquello que temía me sobrevino". Traté de detener las flechas con el giro de mi arco... Así de ingenuo fuí.
Quise llegar a tí de la forma más cruda pero me detuviste y volviste a hablarme con amor.
A las faldas del monte me alimentaste, me dejaste entrar en la cueva mientras construías para mí una nave que resistiera las olas, luego volviste a ser invisible...
Sé que vienes en silencio, el Señor que actúa como polizón, el Gran Navegante, el Supremo Capitán, quien me enseña un mar sin fin en los extremos de su buque.
Me revelas versos extraordinarios que declamo sobre la proa... nada perturba tu amable sonrisa.
La arquitectura de tu universo le da dirección a mi navío... Me costó trabajo creer que conocías mis trayectos, me costó trabajo interpretar tus mapas pero no me dejaste solo.
Sincronizaste tu latido al mío cuando el tiempo se terminó, exhalaste de nuevo en mi tórax dándome y cadencia y ritmo...
Mencionaste mi nombre sin destruirme, hoy recuerdo que no puedo pronunciar el tuyo...
Señor... ¿que secretos guardas en las más lejanas constelaciones? ¿Cuántas galaxias conocen de tu amor? ¿Que puedo ofrecerte si no es mi alabanza? ¡Hermoso Gigante de Hierro!
Quizá te guste verme escribir...
Tal vez te divierte la trayectoria de algunos cometas...
#poema













