Los reales escabeles son el asiento de la honradez del desempeño regio y, por lo tanto, los escabeles regios lo son de la propia fortuna. Estas coquetas piezas de la furniture real se han dejado de utilizar actualmente pero, históricamente, siempre acompañaban a las reales comitivas en sus escenas de tronío, bien en actos de presidencia como para posados de asiento, o para reposar en ellas los reales piececillos. En la compleja y clánica monarquía Ashanti del África occidental, se tenían como piezas de elevadísimo simbolismo, escabeles de plata y oro que, incluso, llegaron a presentarse, en 1922, en forma de réplica, como regalo de bodas a la princesa Mary, hija del rey de Inglaterra. El escabel con el que ilustramos el artículo de hoy, es de época y pertenece al siglo XIX, está estructurado en madera sobredorada y el reposapiés está tapizado con un aterciopelado en "blue velvet", con lo cual la combinación recuerda al paraíso celestial sobre el que se entiende que reposa el descanso del funcionario royal, que deposita en él las reales extremidades mientras desempeña su augusta y cansada magistratura. A los reales escabeles se les dio, en algún momento de la historia, un uso de soporte de los reales almohadones, para no tenerlos sobre el suelo o la tarima ya que, también, la mullanza de las lanas que daban cuerpo a los almohadones, sirvió de reposado alivio a los encallecidos pies gotosos de los reyes. Pero el escabel es pieza más suntuosa y sólida para los actos palaciegos o de Estado, que se ofrece como elemento más egregio de la real alteza con propósitos de autoridad. El efecto escenográfico del escabel, para una sociedad infantilizada, mediocre y simple, como la actual, sería potentísimo y haría renacer las famas de la monarquía, al tiempo que la coronaría del poder y la autoridad que le son propios y que hoy no posee. Pero nadie se atreve por poquedad y por complejos de mala conciencia.











