Tiempo
No parece ser que las ventanas se abran al paso de la noche, para que entre la fría y endurecedora brisa.
Cada vez se vuelve más callado el unisono de mis latidos, y sin darme cuenta mis labios se llenan de resequedad.
Al día siguiente sin haber abierto los ojos, ya con un sonido molesto me despierto, escuchando voces que me inquietan sacandome de mis casillas, enojandome.
No respiro profundamente, dejo que pase otro tiempo en mi mente, algo que imagine que tal vez pueda sentir por lo menos en mis pensamientos.
Imposible es imaginar lo dulce que serían los días más cálidos, un abrazo más seguido. Las sonrisas que me proporcionan sus chistes son cada vez más escasos.
O, ¿acaso seré yo quien está viendo todo mal, desperdiciando mi tiempo en malos pensamientos?
Aleja















