Me senté a los pies de la luna una vez,
le soplé y no sé si lo hice bien,
pero al fin me lanzó una cuerda
y en su cima brillaba una estrella.
Hasta ahora no puedo explicar cómo me enamoré,
me prendré inconcientemente, pero al observarla
supe que cargaba una historia mía
y desde entonces, decidí escalar esa cuerda.
Lo juro, no sé como explicarlo,
pero a medida que me acercaba,
recibía un beso más cálido tras otro,
aún más incandescente con la luna cómplice.
Pienso ahora que ,mi aliada, desaparecía adrede
me regala un día a solas con mi astro,
hasta que sentí el abrazo abrasador,
Luego me perdí, me estanqué en un salar,
regresé a mí y era la soga,
o más bien un nudo en esta,
y justo arriba otro nudo ardía.
Yo no sabía, la luna tuvo que soplarme
de repente, nada tenía sentido,
pero el otro nudo ardiente era mi estrella
y a estas alturas qué mas da si desvarío.
Me quedo con mi verdad y la asimilo,
me prendí tanto que me he quemado.
Mi estrella no puede deshacerse,
es un nudo comprimido, perdido.
que me lo ha soplado la luna también:
dos nudos no pueden mirarse aunque compartan camino,
ninguno encuentra la verdad del otro.
O al menos, no cuando tienen que deshacerse ellos mismos.