El es un tronco sobre el río. Ahí va esa roca dulce que al correr de las aguas organiza su blandura y soledad. Ese lugar soy mirando próxima arpillera del mundo con exquisitez del instante que sufre miedo en la jaula hinchada. A las doce del mediodía rozo las comas y los verbos a salto de naturaleza verdeante bajo el sol. No importa entonces el color del valle, ni la travesía a despertar sedienta, que ahí me prenderá la legitimidad del acto que ya organiza salvación. Más adelante vendrá el insecto no caído, a verme, que el número no mata a nadie: si viene, y transparenta.
Pureza Canelo











