Nos conocimos siendo yo un ave libre, divagando en el inmenso cielo, agitando las alas para mantenerme en vuelo.
Siendo un ave libre, te he oído hablar sobre las jaulas. A pesar de sospechar la pesadilla que sufriría dentro de una, la sensación de tener un lugar seguro donde permanecer lejos de la cacería, hacía que mi libertad sonara vacia.
Me negaba a ser atrapada, pero imaginar que, una vez dentro, aquellos barrotes de oro serían mi compañía, la decadencia desaparecería y ya estaría donde pertenecía, la llama del deseo me encendía.
Me conociste volando, con las alas bien abiertas, pero con un vacío interno que dolía como el infierno.
He imaginado de más y, a fin de cuentas, sin libertad he de estar ya jamás.