Un duelo que ya no duele
Fecha de post: 24/jun/2021.
(Postergué un poquito esta fogata porque no sabía cómo expresarme, sigo sin hacerlo; la cosa es que ahora me animé).
No todos hemos experimentados la partida una persona favorita/amada/querida, igual todos lo experimentaremos en su momento.
En esta fecha, hace 5 años una de mis personas favoritas terminó su paso por este estado terrenal (falleció), mi querida Abuela Mima. Por primera vez pude transformar mi sentimiento de tristeza por su partida por un sentimiento de nostalgía bonita.
En sus últimos años estuvo pasando mal físicamente, con una que otra nana (herida/dolor), mientras se le iban sumando una que otra más. Yo ya no la podía ver peor, y oraba para que en sus últimos días ella pudiera seguir en estado de paz mental y espiritual, que pudiera soportar el dolor mientras nos siguiera acompañando. Por algunos momentos me quería enojar o reclamarle a Dios de que ella no merecía todo ese dolor físico por el cual estaba pasando ya hacía años; pero fueron momentos tan fugaces porque aceptaba Su voluntad para con ella. ¿Dolía? Sí.
Cuando falleció, me llenó un sentimiento de angustia porque sabía que no la iba a tener más cerca o a una llamada. Me dolía que no iba a estar en ocasiones que quería compartir con ella como recibimiento de algo, casamiento, nacimiento de mis hijos, preguntarle cuál sería el mejor vestido para mí [Ella fue modista desde los 15 años, la mejor. Ya había dejado de coser hacía unos años], entre otras cosas, cosas pequeñas que en ese momento se sintieron tan significantes. Pero, había algo más fuerte que me consolaba, un sentimiento de que la disfrute MUCHO, DEMASIADO y que nada me iba a quitar eso; no tenía un solo arrepentimiento para con ella. Solo sabía que la iba a extrañar, que iba a quedar un vacío, un vacío gigante.
Me costó borrar su número del celular, dejar de pensar en llamarla para contarle ciertas cosas. Empecé a llenar el vacío que quedo con dolor, con angustia, con más vacío. En consecuencia, dejé de comunicarme con mi otra abuela porque tenía miedo de pasar por lo mismo, no quería volver a sentirlo. Descuidé la comunicación continua con mi familia porque temía, temía mucho el volver a pasar por esto.
Al fin, pude, con terapia y oración, encontrar esa paz que había perdido. Empecé a sacar el dolor del hoyito y poner todos los buenos recuerdos, que son mucho más, y amor por ella; de repente se llenó sin darme cuenta. Me esforcé, me esfuerzo, cada día por volver a tener esa comunicación con mis seres amados, por expresarles mi cariño más seguido porque ahora sé que si bien voy a sentir ese duelo con cada persona que parta, lo que más quiero es tener el sentimiento de consuelo y de no arrepentimiento por haberlos disfrutado a mi manera de la mejor forma.
Me levanté hoy pensando que iba a estar triste como cada año y me sorprendí. Me sorprendí porque ningún tipo de tristeza me invadió, sino un sentimiento inexplicable de calma, de confirmación que ella estaba bien donde estuviese. Sentí un agradecimiento enorme por haber vivido tantas cosas hermosas con ella.
Una sonrisa con llanto nostálgico me llenó el rostro y pude sentir que ese duelo ya no dolía, sino que se había vuelto una nostalgia hermosa. Sí, se me caen las lagrimitas mientras escribo pero mi corazón rebosa de tranquilidad y amor.
Todos tenemos nuestro tiempo de para cambiar el dolor de un duelo por una nostalgia bonita. Sí, hay que esforzarse. Hay que orar para poder cambiar esos sentimientos y un día llegará. Solo Dios puedo proporcionar esa paz a nuestro espíritu.
A mi Mimita, te amo. Nos volveremos a ver.











