Sus pestañas aletearon hacía arriba al leer el nombre de aquella morena en el sobre que acababa de llegar ¿hace cuánto no la veía? Cinco meses, si, mucho tiempo... Una risa escapó de sus labios y dejó que su cuerpo cayera en la cama. Dibujando una sonrisa risueña llevó la carta hacía su pecho como si de una quinceañera enamorada se tratase. ¿Qué diablos había hecho Agnes con ella? ¡Diablos! Maldijo en silencio y sin borrar esa sonrisa de sus labios.
— ¿Qu-ué? — Una risa histérica afloró de sus labios como si alguien le hubiese dicho algo muy gracioso pero no era más que su propio televisor que sintonizaba su película favorita y esa escena que expresaba sus emociones actualmente. Divertida salto de la cama y apagó el televisor antes que corriera como una niña traviesa hacía el balcón de su habitación para observar la luna llena que brillaba en la oscuridad. Como si de un impulso se tratase paso la pierna por el metal de la baranda y una vez que su cuerpo estuvo fuera sin mirar abajo camino con cuidado hasta la escalera floreada que adornaba la fachada de la mansión. — ¡Dios, que estoy haciendo! — Se dijo así misma mirando el balcón desde el jardín y llevando las manos a su corta cabellera se permitió no pensar más y seguir ese impulso que la llevaba fuera de la mansión Novikov.
Una hora más tarde se encontraba con el corazón palpitante bajo el calor de su propio tacto, con los ojos clavados en el edificio que pertenecía a la familia de Agnes. Mordiendo su propio labio inferior sacó su teléfono móvil y busco aquella canción que la había impulsado a llegar hasta ahí, subiendo el volumen sonrió risueña con la esperanza de ser escuchada por ella y no ser echada como una loca que debe ir directo a ser internada. — Por favor...por favor... — Rogó nerviosa imaginándose así misma como John Cusack alzando una radiocasetera afuera de la venta de Agnes.