Tú tienes el vestido de la tierra, verde y dorado con encajes de agua. Si te mueves de súbito, el rocío moja la tarde porque estás colmada. Si levantas los brazos inauguras una grave y doliente geometría. Dueña del gnomo que embrujó la selva donde duerme y suspira la avellana. Para tu hechizo lloran los pastores en los oteros de marfil y de ámbar. En ti doblega el día su corola y tú la meces en tus pulsos finos. Y si viene la noche con los ojos cerrados te adelantas a la muerte. Entre el cielo y la tierra, detenido está el amor con túnica de mirra...
Es amor | Ángel Cruchaga Santa María










