François Clouet - Dama en el baño (1571)
"¡Las cortinas se abren, el escenario está preparado, vengan y echemos un vistazo! Entrar en este lienzo es como situarse en un teatro en miniatura, mostrando un tema tan doméstico con algo de sátira social. Una mujer, aún desconocida para los especialistas, se halla abañándose, acompañada de una nodriza que amamanta a un niño, tal vez el hijo de esta bañista ligera de ropas; y en parte posterior se ubica un niño muy bribón que trata de coger unas uvas de la mesa; y más atrás aún, una criada atareada, que se ubica al lado de una chimenea encendida, presta a llevar el agua caliente para el baño de la ama, contando además en dicha estancia un cuadro de un unicornio con otros cuadros insertos y una ventana como espejo. Aquí la escala es una perspectiva que separa lo público de lo íntimo, sucediendo en tres tipos de planos encadenados o hasta en cuatro o más: primero el bodegón, símbolo de lo terrenal y lo sensorial, con el ícono del torso desnudo de la dama; segundo la nodriza, el bebé y el niño; tercero la criada ajetreada; y cuarto, las pinturas, un espejo oscuro y el ventanal trasero y abierto que hacen de punto de fuga para la mirada. Tal vez es uno de los primeros zooms en la historia del arte y un mecanismo cinemático similar a las camera obscura, cuyo énfasis plástico está en la materialidad de la textura y el contraste entre objetos metálicos y tonalidades de pieles, que nos muestran un grado de frivolidad, pero también de compromiso con la idea sensorial que crítica, el de las vanitas y el fulgor de la belleza que se acaba en un solo instante. La parte visual y óptica del fondo, nos incita a ver hacia adentro y sacar la mirada de ello en un palpo, un tipo de truco visual que recala sobre el simbolismo plástico del unicornio, un animal de pureza, devoción y virginidad, puesto que introduce una ironía con el tema de la desnudez y la presunción de esta beldad. Esta función del óleo, casi en un diorama oriental, anticipa tal vez las tableux vivants posteriores, en un retrato cortesano que también magnifica las escalas sociales que nunca se han de romper, pero que la vivacidad y la dinámica, suceden en la parte posterior a la bañista. Incluso hay un gesto autorreflexivo, cuando la dama retira con su mano izquierda la sábana blanca del baño, para revelar el nombre del artista, considerando que Clouet solo firmó tres cuadros en su vida, como recalcando que la pompa y la fama no es ajena también al olvido y la nimiedad. Lo florido y lo maternal concurren, en un gesto ambiguo que pasa de lo pagano hacia lo sacro del matrimonio, y cuya mirada se dispone de varios signos acumulativos y proyectivos hacia el interior, en una narración muy polisémica y estratificada de planos, pasando desde el bodegón estático, el retrato erótico, hasta el mito y un cuadro de género que nos obligan a observar muchos detalles y percepciones metaplásticas para entender el mensaje total de la obra."












