— Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 122



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— Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 122
Donde no hay normas, hay espacio.
Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 77
Y una última cosa: según algunos medios, On Kawara murió el 10 de julio de 2014. No se fíen.
— Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 328
He intentado varias veces en mi vida sentar cabeza, hasta que descubres que hay personas que nacen sin cabeza, y tú eres una.
Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 268
Petronio, En el Satiricón, escribe que “el amor al arte no ha enriquecido nunca a nadie”. Por fortuna, las cosas cambian.
— Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 267
Leo una entrevista con César Aira. Al parecer, es un escritor argentino a quien interesa mucho el arte contemporáneo. “Me encanta su faceta de liberdad desatada y de locura. Los artistas plásticos han tomado la delantera a los escritores en ese vale todo creativo que está siempre al borde del timo. [...] El impulso de hacer algo cada vez más raro está propulsando al arte hasta divertidísimas cotas de creciente demencia”. Así es. Pero un arte regido en esclusiva por la mesura, la prudencia o la contención tampoco me parecería estimulante. Si no desequilibra y saca al espectador de quicio, es mero manierismo.
— Mora, Vicente Luis. 2017. Frez Cabeza de Vaca. p. 200-201
Lo que más me fascinaba de ella era su inaudita dimensión maléfica: era el mal mismo, disfrazada de pura bondad. Bajo su apariencia piadosa, serena y noble, casi beatífica, había cavernas de maldad, terceras dimensiones de vileza, mundos paralelos de malignidad infinita, y uno podía navegar y navegar durante horas y días y meses en esa infinitud perversa sin encontrar nunca un final; ella me enseñó que el horror no tiene horizonte y yo estuve fascinado durante eras en la variedad y vastedad de esos paisajes.
Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. p. 127
Siempre he visto en el cuadro de Klimt El auditorio del teatro del Castillo Viejo, de 1888, un retrato de mi mente, quizá de cualquier mente. Klimt recibe el encargo de retratar el teatro y, frente a lo esperado, no centra su óleo en lo que sucede en el escenario, sino que su mirada se dirige hacia los espectadores, hacia los que miran. Pero muchos de los espectadores retratados por Klimt no siguen la obra, sino que están mirándose a sí mismos, haciendo introspección ajenos al drama, como señalaron algunos historiadores del arte vienés. La cuestión es que mi psique múltiple funciona igual: la componen miríadas voces interiores, de las cuales algunas miran a la escena de la vida, a lo que pasa, y otras se miran a ellas mismas, melancólicas, pensativas. Me admira que todos esos murmullos, esos mismos parlamentos interiores, se cedan el turno respetuosamente los unos a los otros, y que yo pueda escuchar todos esos flujos de conciencia, como si la verdadera y organizada representación dialogada fuera la de dentro, la cerebral, y no lla de a exiistencia contingente. Shakespeare se equivocaba en esto: no es el mundo la obra de teatro, sino el yo.
Me abstraigo del mundo. Caigo en mí. Y admiro en silencio la representación inacabable.
— Mora, Vicente Luis. 2017. Fred Cabeza de Vaca. Págs. 272-273