He visto a las mentes más brillantes
De mi nación no ser escuchadas,
Ahogando sus penas en licores,
O recitando oraciones sin sentido.
Los he visto en las esquinas,
Muriendo a la vez de frio y sol
Los he visto con mis propios ojos,
Mientras se consumen en
El fuego del mismo éter
Que ellos han creado.
Los he visto en los bares
En la academia, en los recitales,
Evitando, tratando de escapar
De aquello que no se puede escapar
Los he visto negándose a sí mismo,
Quemando cigarros, igual que su tiempo.
Que dulce sabor tiene la indiferencia
Aquella que nos ahoga en sus vaivenes
En la marea indescifrable del mercado
He visto como todo se va a la mierda
Y no he hecho nada, no me intereso,
Que dulce es la derrota,
Que dulce.