Existe sin duda alguna en nuestro país (Venezuela) una nueva geometría de poder en las comunidades. Aquello que significaron las asociaciones de vecinos y sociedad civiles en la época dorada de la descentralización y el auge del tercer sector en Venezuela, viene a ser sustituido por nuevos actores. Hoy, con el llamado poder popular y la explosión del poder comunal, se suman figuras como los consejos comunales, los comités de tierra o agua y las comunas. Es definitivamente importante que los actores sociales se reconozcan, específicamente en la relación empresa-comunidad. A la empresa le toca… Cuando un equipo coordinador de la RSE inicia un trabajo en la comunidad cercana o definida como en su área de influencia debe comenzar por preguntarse si en su cuerpo de empleados hay personas viviendo en dicha comunidad. Asimismo debe levantar el mapa de actores clave de dicha comunidad, quiénes ejercen el liderazgo de forma individual y quiénes son parte de una organización que pretende representar los intereses del colectivo. Ambos liderazgos son válidos y en más de una ocasión ambos serán necesarios en el trabajo de establecer relaciones de confianza. Es también pertinente contar con un jefe de enlace comunitario o al menos un promotor, que de cara a la comunidad pueda mantener un canal de comunicación fluida entre ésta y la empresa. Y por supuesto no debemos dejar fuera el hecho de que esa comunicación sea además de honesta y oportuna, precisa en cuanto a los linderos de la inversión social de la organización. Léase, las empresas no invierten en todo ni son expertas en todo (aunque a veces creen que es así) Una corporación debe determinar temas y población objetivo, en teoría estos guardan alguna relación con censos o mapa de necesidades previamente levantado en la comunidad, de forma tal que los intereses de la empresa y en aquello que ha decidido invertir no diste en demasía de las expectativas de los líderes comunitarios. Y esto debe dejarlo claro y muy transparentemente desde el inicio de la relación a sus interlocutores. Luego, el diseño y gestión de una estrategia de gestión local, tiene que ver con cómo gestiona (valga la redundancia) la empresa sus impactos –positivos y negativos- de cara a la comunidad ubicando puntos de encuentro entre esas necesidades, intereses y expectativas de ambas partes de una forma que incida en el desarrollo local desde sus capacidades. Visión comunitaria Desde la comunidad, las diligencias son otras, muchas veces más demandantes y titánicas de lo que la propia comunidad espera, pero de importancia absoluta. La comunidad, es fácilmente comparable a pueblo, pueblo en colectivo, colectivo es masa y masa es mucha gente. Es por ello, que a las comunidades les toca para ser escuchadas organizarse. Determinar las formas de organización que para ellos aplica o las que les otorguen voz y legalidad. Conformados como consejo comunal, comités, asociaciones o todas las anteriores, toda empresa que desee trabajar con la comunidad preguntará por un interlocutor o un grupo organizado que le refiera garantías de sustentabilidad y acciones de largo plazo, por supuesto despolitizadas. Un interlocutor con quien conversar y discutir sobre necesidades, expectativas e intereses, aquellos que son compartidos y aquellos que no. Una comunidad organizada debe identificar los problemas clave de su entorno, aquellos que tienen que ver con Estado, aquellos que pueden ser solucionados por sí mismos y aquellos que pudieran estar relacionados con la acción y presencia de empresas. En esa medida estará mejor preparada para construir un plan de acción sobre el cual incidir en la realidad y aterrizará expectativas según actores y grupos de interés. Las expectativas por ejemplo en zonas urbanas de escasos recursos generalmente desbordan la capacidad de respuesta e ingerencia de las empresas. En ese sentido, las comunidades tienen otra diligencia importante que llevar a cabo y es prepararse con herramientas de formulación y gestión de proyectos comunitarios y de desarrollo local, negociación y conflicto, presupuesto y planificación. La comunidad se convierte en empresa (emprendimiento), pues su bienestar es el objetivo que persiguen. Claro está no se trata de esperar que las comunidades se especialicen a un punto tal que deban olvidarse de sobrevivir su día a día para diseñar u proyecto, sino de ganar capacidades y foco para el trabajo con victorias concretas. Como vecinos El trabajo con las diligencias anteriores cubiertas, pasa por convertir problemas en oportunidades, asesorarse con organizaciones de desarrollo social que tengan experiencia en la materia y establecer planes de trabajo a dos niveles, a corto y mediano plazo… en el largo la esperanza es que la intervención se minimice.