"Abrazo en la esquina del mundo"
Te mire, estabas parado en la esquina del mundo. Tenías esa chaqueta vieja que siempre me reclamabas propiedad al quitármela por yo quedarmela por semanas; esos tenis desgastados de caminar sin parar, de mi mano o solo, más solo que nunca. Ese cabello desalineado que te dejaste crecer solo porqué no me gustaba, como signo de rebeldía que nunca tuviste y que desarrollaste desde el día que se fue tu más grande amor, Luis.
Te mire y las piernas me comenzaron a temblar, esas piernas que siempre dijiste que eran blancas como la leche, que te encantaban. Mis ojos, que ahora se negaban a quitarte la mirada de encima, comenzaron a humedecerse. Los recuerdos venían a mí como estrellas fugaces que chocaban entre sí como siempre lo hacían al pensarte ahora, mucho más al verte.
Sentí como el viento me revolvió el cabello que ahora, no como signo de rebeldía pero si de identidad, era largo y de colores que estaba segura que de seguir juntos, lo admirarías cada 5 minutos. Estarías tan enamorado de él y de mi que le pasarías la mano por horas y yo me quedaría dormida sin más.
Estabas ahí, parado en la esquina del mundo. Muchas cosas habían cambiado, nosotros habíamos cambiado. El mundo había cambiado. Lo único que no había cambiado era lo que sentía por ti, todo este tiempo, aunque nos alejamos y probablemente seamos más felices ahora. Yo seguía siendo tuya y tú mío. De mi mano o de la de otra, siempre serías el amor de mi vida. ¿Yo seguía siendo el tuyo?
Te mire, estabas en la esquina del mundo. Me miraste y me sonreíste, la misma sonrisa de siempre la cuál yo llamaba hogar. Te sonreí, preguntándome si aún me llamabas hogar o todo esto era un signo más de mi locura. Hablamos un poco y al despedirnos, nos abrazamos como solíamos hacerlo. Quizá con un poco menos de euforia, pero abrazo era el mismo de siempre. Los sentimientos eran los mismos de siempre. Y seguimos caminando alrededor del mundo, logrado las cosas de las que siempre hablamos. Todos los sueños que quisimos cumplir, esperando fervientes y silenciosos hasta el próximo encuentro. Esperando el siguiente abrazo en la esquina del mundo.
— Histerya.













