"Tengo curiosidad por saber tu opinión sobre cómo Dohko tomaría la relación de su querido discípulo con Ikki. Parece muy estricto algunas veces."
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¡Esa es una pregunta muy interesante!
La estrictez de Dohko podría deberse a dos motivos diferenciados:
Disciplina propia del maestro que forja al discípulo.
Preocupación de quien vela por el futuro de aquel que considera parte de sí.
Es casi una certeza que para Dohko Shiryu es como un hijo.
En este caso, nos estaríamos moviendo alrededor del segundo motivo.
Si bien el entrenamiento en Lushan desde niño fue duro y riguroso, no todo estuvo enfocado en la fortaleza del cuerpo. Dohko también moldeó la mente y el espíritu de Shiryu. No buscaba formar solo a un luchador, sino a un hombre capaz de discernir entre el bien y el mal con juicio propio, de mirar lo que tiene delante con pragmatismo y actuar con justicia.
Para ello, Dohko no impuso sus valores por la fuerza, sino que los transmitió a través de la paciencia, la comprensión y el ejemplo. Le enseñó que la disciplina es necesaria, pero que la verdadera fuerza también nace del cuidado, la reflexión y la capacidad de sostener los propios principios sin quebrantar el respeto por los demás.
Teniendo en cuenta esto, la noticia de que Shiryu está en una relación con alguien vendría directamente de la fuente original: Shiryu, quien con la confianza que tiene con Dohko venida del vínculo maestro-alumno, y más allá, del de padre-hijo, vendría a contárselo directamente.
Me lo imagino agendando una citación en la casa, sentados en el suelo frente a una mesa con dos tazas de té recién hecho, postura recta, mirada decidida.
En ese momento, Dohko contendría una risa al ver a su alumno tan serio, y pensaría enseguida que es una tontería. Rompería el silencio con un suposición desproporcionada que descolocaría a Shiryu, solo para generar la sensación de que lo que tenía que decir no era un peso ni una carga, sino algo que podía compartirse sin miedo.
—¿Qué pasa, Shiryu? ¿Acaso dejaste embarazada a una doncella del templo? ¿O piensas raparte la cabeza y hacerte monje?
Con una risa contenida, Dohko suavizaría la tensión y le recordaría que, por más que viniera con la postura recta y la mirada decidida, seguía siendo su muchacho.
Shiryu entonces, más relajado, lo diría sin más.
(Todo esto es dando por hecho que Shunrei y Shiryu ya no están interesados románticamente por el otro. De ser así, Dohko haría preguntas al respecto cuyas respuestas se justificarían en alguna historia a parte).
A Dohko no le sorprendería que estuviese en una relación (ya era hora, ¡Shiryu era joven!), tampoco el hecho de que ese alguien fuese un hombre (¿quién era él para hablar…?), sino mas bien con QUIÉN.
Le hubiese tomado menos desprevenido si el nombre de "Seiya" hubiese salido de su boca, pero de la gente cercana a su alumno, el chico de cabello azul y mirada amenazante era el último en su lista. (Al menos estaba en su rango de edad… Si hubiese mencionado a Shura, sus alarmas hubiesen saltado y en lo que tarda la velocidad de la luz en llegar hasta su destino, estaría frente a su compañero de armas exigiendo explicaciones).
Tras una calibración entre alivio y preocupación, el eco del nombre de "Ikki" abriría su mente a interrogantes.
"¿Siquiera podrían ser más diferentes?"
No encontraría razones para que dos personas tan distintas en todos los sentidos encontraran un motivo para unirse más allá de lo físico, porque si Shiryu estaba allí, delante de él, con esa mirada seria, no era por un motivo fugaz o superficial. Estaba presentando formalmente ante él un vínculo real, algo precioso e importante; tanto como para no comentárselo de forma casual cualquier otro día. Estaba delante de él no pidiendo permiso, sino una bendición. Una que solo un padre podría darle a un hijo.
"Innecesario" pensaría Dohko; pero importante, casi imperativo, para su querido pupilo. Eso le llenaría de una cálida sensación de pertenencia, de unión, de sentirse una familia. De que el pequeño niño que crio ahora es un adulto con unos planes de futuro propios al lado de la persona que él ha elegido, y que lejos de mantenerlo oculto, había decidido traer ese nuevo nombre hasta allí para incorporarlo a su pequeña familia.
La seriedad en sus ojos hablaba de una preocupación real ante la pequeña posibilidad de que la noticia fuese a ser menospreciada o tomada a la ligera. Los puños cerrados sobre su regazo contenían una emoción cruda, mezcla de vulnerabilidad y coraje, como si en ese instante Shiryu hubiese depositado en él lo más frágil de sí mismo. Era un momento crucial en su vida. En su respiración se notaba el ligero temblor contenido de un hijo que, aun convertido en hombre, seguía necesitando la certeza de que en los ojos de su padre había orgullo y aceptación.
—¿Eso es todo?
Diría con voz tranquila, casi burlona.
—Me tenías aquí como si fueras a anunciar el fin del mundo, muchacho.
Se inclinaría sobre la mesa para rellenar su taza con calma e incitaría a Shiryu a beber la que aún tenía intacta.
—Mientras no hayas venido a decirme que planeas cambiarte al bando de Hades, o peor aún, casarte con Shura, puedes respirar tranquilo.
El comentario le dejaría descolocado y la tensión en el ambiente se quebraría, permitiendo a Shiryu exhalar el aire contenido y relajar los hombros tensos. Dohko le miraría de nuevo, esta vez con la ternura que solo un padre puede tener.
—Si ese chico te hace feliz, entonces a mí también.
(Shiryu podría soltar algunas lágrimas Awww 🤭)
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[Narración - Headcanon/Interpretación libre y personal con respecto al canon que no influye en la trama]
"Lo poco que sabía del Fénix era debido a las anécdotas y vivencias que Shiryu le contaba de la etapa de su niñez cuando vivía en el orfanato junto al resto de niños. Posteriormente supo que cuando el grupo de amigos volvió a reencontrarse, Ikki no era el mismo que recordaban, había vuelto de su lugar de entrenamiento en la Isla de la Reina Muerte con el odio impulsando la sangre en sus venas, levantando el puño contra aquellos junto a los que creció como hermanos, vistiendo una cloth de bronce tan especial y rara como única en su tipo.
En periodos entre guerras, Shiryu le narró cómo finalmente el fénix, redimido, se unió al grupo para pelear junto a sus amigos.
—Debió sufrir lo impensable. Solo se me ocurre ese motivo como para que alguien tan noble terminara convertido en un guerrero devorado por el rencor. —Shiryu, tan empático como agudo en su percepción, manifestó lo que él también estaba pensando. ¿Qué habría ocurrido en aquel páramo apartado de la mano de los dioses?
"Sufrimiento"
Solo el sufrimiento venido del miedo torcería la mente de un niño hacia la ira y el odio visceral. "Pobre chico". Se lamentó cuando escuchó la historia.
—Ojalá hubiese estado allí con él. Hubiese podido protegerle. O al menos lo hubiese intentado. -Expresó con frustración y una mezcla de tristeza.
—Era su destino. —Fue todo lo que dijo. Nada ni nadie podía ir en contra de lo que ya estaba escrito en las estrellas. Las cosas sucedieron de esa manera específica por una razón. Ikki debía acabar en ese lugar, no su hermano pequeño. Él y nadie más podría haber salido con vida y con una cloth a su espalda que nadie más había sido capaz de vestir antes.
Quizá, si Ikki no hubiese atravesado todo aquello que lo formó, nunca habría encontrado en Shiryu la conexión que finalmente surgió entre ellos. Cada prueba, cada sombra del pasado, fue un cincel que esculpió no solo su carácter, sino también la posibilidad de que dos almas tan distintas pudieran reconocerse y unirse. Sus experiencias dolorosas, derrotas y desafíos habían sido necesarias para que aquel vínculo emergiera con la fuerza y la sinceridad que ambos merecían."
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Por su parte, profundo en su mente, Dohko no podría evitar preguntárselo…
¿Qué tenía el Fénix de especial como para que alguien como Shiryu se fijara en él?
No es que Shiryu fuese de corazón inaccesible, pero sí tenía un criterio estricto en cuanto a permitir a las personas entrar en su círculo privado. Poseía un carácter diplomático y abierto, y cualquiera podría pensar que su cortesía y amabilidad eran puertas a su mundo, pero nada más lejos de la realidad: La entrada a éste era más bien pequeña, casi tímida.
En cambio, lo poco que Dohko sabía de Ikki era lo que pudo ver de lejos, pero sobre todo lo que sentía a través de su cosmos: una ventana abierta directa al corazón de la persona, a sus intenciones, a la fuerza bruta de sus emociones, a sus miedos, a la turbulencia de un espíritu marcado por el sufrimiento…
Lo percibiría como un fuego indomable: impulsivo, iracundo, y al mismo tiempo fuerte y decidido. Nada en él parecería encajar con la calma medida de Shiryu; cada gesto, cada palabra o silencio, le hablaría de alguien que vivía al límite, capaz de actuar sin detenerse a pensar en las consecuencias.
A ojos de Dohko, parecería casi imposible que dos personalidades tan distintas pudieran encontrar un terreno común, y mucho menos un vínculo que trascendiera lo superficial. Sin embargo, habría algo en la manera en que Shiryu le mencionaría, en la manera en que hablaría de él con respeto y cuidado que le haría sospechar que la diferencia entre ambos no era un obstáculo, sino quizás el ingrediente que les unía.
Al final, lo que más inquietaba a Dohko no sería el nombre que había escuchado, ni la diferencia abismal entre ambos, sino la posibilidad de que Shiryu terminara encerrándose en una vida solitaria, lejos del calor humano. Por eso, más que cuestionar, le pediría que trajera a Ikki hasta él para conocerle. No necesitaría pruebas ni explicaciones, solo querría verlo con sus propios ojos, comprender qué había en aquel muchacho capaz de conquistar el corazón selectivo de su reservado y testarudo discípulo.
No lo pediría desde la desconfianza, sino desde el afecto: como un padre que, antes de abandonar este mundo, necesita asegurarse de que quien acompaña a su hijo es digno del lugar que se le ha concedido.
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Hi, I have a question. I think only you can answer: Who fell in love first and who fell harder? 🖤
In my headcanon, Shiryu fell first & Ikki fell harder.
My explanation:
Shiryu is the first one to realize he's in love, and his initial reaction is denial. At first, he panics "How could I possibly like a friend? And Ikki, of all people?" But over time, he begins to come to terms with it, realizing it's something inevitable and beyond his control, and so he accepts it. He carries the feeling in silence, and even though he tries to bury it every time it surfaces (when they're alone, or when the physical space between them becomes dangerously small) it's especially hard for him to act normal, as if he weren't having a near-heart attack every time Ikki gives him one of those looks. The kind that seem to search deep into his mind through his eyes, maybe because Ikki senses the disturbance inside him caused by nothing more than his presence.
Ikki, on his part, realizes it later, and in a completely sudden way. Maybe after seeing Shiryu laugh openly and genuinely, locking eyes in one of those moments when they’re face to face. Like a lightning strike, he’s left unsettled and confused. It’s only when he’s alone that he can really process what happened, and comes to the realization that maybe, just maybe, he likes Shiryu.
After that discovery, he starts trying to get closer to him whenever he can, seeking him out with the dumbest excuses after giving up on coming up with better ones. He doesn’t bother hiding the lingering stares, nor does he restrain the physical contact that comes from his growing need to be close. Nor does he hold back the direct compliments that escape his lips, born from a raw sincerity that came more naturally with Shiryu than with anyone else.
Ikki could tell all of this made Shiryu nervous. It made him look away, stumble over his words, or desperately search for something to say when the silence made the tension between them too obvious with no one else around to cut through it.
And Ikki couldn't help but find it endearing, it amused him and stirred a tenderness in him that only fueled the flame now burning in his chest. A flame very different from the furious one that ignited his cosmo in battle. This one was warm and gentle, soothing his soul and quieting the demons that haunts his mind every night. A flame that warmed his cold heart, and made it beat again.
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