Me atrevería a decir que tengo una vista privilegiada, algunas veces me gusta pensar que también cuento con una visión particular, pero eso aun no lo podremos comprobar, es allí cuando sin miedo a nada pongo mis pies colgando en el exterior de una ventana fría y asilada, que si prudentemente me permite reclinar la cabeza podría observar a todos minúsculos y frágiles divagando entre lo mundano. Estaba ahí recibiendo un viento fuerte en el rostro y pecho, ya saben como congelando de a pocos, mientras eso ocurría yo solo buscaba fijar mi mirada en una estrella en el cielo pero tristemente en ese instante a los veinticinco minutos de un nuevo día, justamente sobre mis coordenadas una nube enorme decidió posarse a regalarnos un poco de su belleza, que intranquilamente solo me hacia pensar en cuan emocionante podría ser captar el momento exacto en el que la lluvia caería de esa gran manta gris que hoy quería cobijar unas montañas cargadas de luces y sueños. Así que cayó, fueron cientos, luego miles, incluso fueron millones… Fueron ellas, destinadas a romper el silencio de la noche, caían como si fueran el galope de millones de caballitos de cristal jugando a ser libres y fue en ese momento en el que entristecí porque descubrí lo plano y poco especial que podría resultar el destino de una lluvia después de atreverse a posarse encima mío, guarde silencio, no había mucho que decir, estaba tan molesta porque la lluvia bajo toda esa belleza anónima que carga resulto ser algo tan superficial y estúpido, solo fui capaz de contenerme en mi silencio buscando algo más, algo que me hiciera pensar cuan poética es una lluvia. Fue en ese instante en el que contemple como una pestaña se caía sobre mi cara alejandose de todo lo que conocía para ser rescatada por un don nadie, buscándola convertir en un deseo por cumplir, justo allí encontré el propósito de esa lluvia danzante, esa misma lluvia suicida que atreviéndose a desprenderse de su enorme manto en las estrellas para caer rendida ahí, solo busca fundirse en una sola con las calles, los tejados, los arboles y un hermoso verde pasto, porque la lluvia es cristalina similar a la pureza, ya saben es misericordiosa y entre sus temores prefiero hacer suyos los ajenos, convirtiéndola en fuerza para darle vida a los demás, convirtiéndola en valentía para así imprecarse en lo común y buscar vivir en un recuerdo algo pasmado y entristecido que vivirá cuando en el silencio de su partida las nubes negras ya no estén.