Las máscaras de la lucha antes de Stonewall. El día 7 de abril de 1912 en Worthing Inglaterra, nacía un hombre cuyo futuro sería precedido por una de las manifestaciones más significativas de la comunidad LGBTIQ, esta sigla que no siempre tuvo tantas letras y que aún hoy le faltan. Harry Hay, se convertiría en el principal fundador de The Mattachine Society y activista que entregó su vida a la resistencia contra lo que él llamó opresión sistemática contra las minorías.
Como si se tratase de una obra digna de Broadway, The Mattachine Society se definiría como la comunidad que se bufó de la opresión estadounidense en contra de los homosexuales. Su curioso nombre es algo que no puedo pasar por alto, este se inspiró en un grupo enmascarado medieval francés que Harry había estudiado mientras preparaba un curso de historia de la música popular, para un proyecto de educación de trabajadores. A su vez este grupo francés tomo su nombre de Mattacino (o en español Matachín), un personaje del teatro italiano. Mattachino era una especie de bufón de la corte que decía las verdades al rey cuando nadie más osaba a desafiar tan grande figura de poder. Los "mattachin" (del árabe mutawajjihin "los que llevan máscara") eran originalmente danzantes con espada, hispanoárabes que llevaban trajes elaborados coloridos y máscaras.
Los Ángeles, Estados Unidos año 1950. Así entonces hacía los años 50 y 60, ser un matachín se convertiría en un acto de valentía, que volcó su significado cómico a una puesta teatral que podía costar la vida. Frank Kameny, un astrónomo y veterano de la Segunda Guerra Mundial que trabajaba para el Servicio de Mapas del Ejército de EEUU, se uniría a esta comunidad creada por Hay en 1961; vivió en Washington durante la década de 1950. Kameny sería abanderado de la reconocida frase que lideraría su lucha “Gay is good”.
En 1958, Kameny fue despedido de su cargo y se le prohibió el empleo federal futuro por ser homosexual. Su motivación lo llevó en la década de los 60 a convertirse en un líder ejemplar para The Mattachine Society, que para entonces ya tenía presencia en ciudades como San Francisco, Nueva York, Chicago y Washington DC; donde se venían gestando las reclamaciones por derechos fundamentales para las personas homosexuales, transgénero e intersexuales que veían con angustia la persecución a la que eran sometidos, negándoles derechos básicos como el acceso al trabajo. En adelante cada vez más personas salieron de la sombra para sumarse a la voz que con el pasar de los años se haría más fuerte, buscando unir a una comunidad sumida en el miedo. Entonces las llamas ardieron en Stonewall y nada podría ser igual en adelante.
Si alguna vez me llaman activista, espero habérmelo ganado, no sé si lanzando un ladrillo en sentido firme de lucha, como Marsha P. Johnson y cada una de las personas que sin saberlo, marcarían la historia aquel 28 de junio de 1969 pasadas las 2:00 am, a quienes admiro profundamente. Tal vez lo mío sea desgarrar mi voz interior, escribiendo 100 palabras por minuto o intentándolo, dejando un discurso que me quite el aliento y se lo dé a los que vienen detrás de mí, o intentándolo.