En tu mundo solo hay dos clases de personas. Los de arriba y los que están a tu lado, a tu nivel. Los de abajo.
Para ellos, la cabeza baja. La obediencia. El silencio. Tu complicidad. Compra. Es el verdadero significado de lealtad. Es la forma de justicia que conocen. Tan indestructible como una burbuja.
Para ti, no son más que las chingaderas del día a día, lo que mueve al país. Estarías pendejo si lo vieras como algo anormal, incorrecto. Política y humanamente incorrecto. ¡Bah!
Pero eso sí. Abusado con sentirse bañado con la gracia divina. La grasa de sus zapatos y el sudor de tu frente podrán parecerse, pero jamás serán lo mismo. Eres prieto, chaparro, tosco. Ellos son caballeros águila de traje y corbata. No eres más que un perro. Chalán. El basurero. Depósito y recolector. El que se ensucia las manos, el que recibe los putazos.
Aguanta, aguanta. Izquierdazo inesperado. ¡Zaz! Y directo al piso del baño. Llegó por la espalda. Tan pinche súbito como el café caliente que te ensucia la camisa y te quema los huevos. Hay que ser pendejo para derramar un café, pero más pendejo aún para quedarse. Pero no corres. Respira. Aguanta.
No se trata de coraje sino de orgullo, de valor. De lealtad a ti mismo. Izquierda que abanica. Derecha que acaricia el aire. Golpe seco. Él no falla. Está curtido en las filas de los cabrones que hacen más cabrones.
Tu solo tienes tu resistencia. Tus ganas de vivir en este mundo jodido. Respira. Aguanta. Más putazos y a trapear el piso del baño, que al cabo solo para eso sirves, para eso estás, para limpiar la mierda.
Al final. Un cigarro. No hay segundo round. Desquitados los corajes y las impotencias que nacen entre iguales al vivir en el infierno, todo queda tablas y tu ojo morado.
Pero solo hay una forma de dejar de ser jodido en este mundo, en este país. Joder a otros. Grandes o pequeños el chiste es ir un paso adelante. ¿Atrapado en el tráfico? Toma el carril del metrobús, no hay pedo. ¿Rompiste la tele de un balonazo? Fue tu hermanito menor que aún no sabe que dentro de la casa no se juega. Joder para sobrevivir. ¿Estamos?
De las películas de Jorge Michel Grau me queda clara una cosa… Que miedo me da la normalidad.