«Pero en las deliberaciones morales debemos tener de antemano un conocimiento de todos los objetos y de todas las relaciones que éstos mantienen entre sí; y basándonos en una comparación del todo, determinamos nuestra elección o aprobación. No hay hecho nuevo que certificar; no hay nueva relación que descubrir. Se supone que todas las circunstancias del caso están ante nosotros antes de que podamos formular algún juicio de censura o de aprobación. Y si alguna circunstancia material nos es todavía desconocida o dudosa, debemos primero emplear nuestra capacidad de investigación y nuestras facultades intelectuales en asegurarnos respecto a ella; y debemos, durante ese tiempo, suspender toda decisión o sentimiento moral. Mientras no sepamos si un hombre ha sido o no ha sido el agresor, ¿cómo podremos determinar si la persona que lo mató es criminal o inocente? Pero después que cada circunstancia y cada relación son conocidas, el entendimiento no tiene ya más espacio en el que operar, ni ningún objeto en el que emplearse. La aprobación o la censura que entonces tienen lugar no pueden ser obra del juicio, sino del corazón; y no consisten en una proposición o afirmación especulativa, sino en un sentimiento activo.»
David Hume: Investigación sobre los principios de la moral. Alianza Editorial, pág. 200. Madrid, 2014.
TGO
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