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;;⊰ Inexperiencia.
Kusanagi se inclinó, los músculos tensos y el placer latente. Yata cerró los ojos con fuerza, desviando el hilo de sus pensamientos a otro lugar, olvidando el dolor caliente en sus entrañas, olvidando la sensación de masoquismo al desear moverse contra el rubio con ansias.
Los largos dedos del bartender trazaron caricias sin un patrón definido en sus caderas, buscando espantar el dolor que debía estar sintiendo. Las respiraciones agitadas, el anhelo congelado, los giros de una mente ansiosa buscando más de aquel remolino de sensaciones.
Misaki abrió los ojos, topándose con el iris del más alto.
Quería más.
Y eso, justamente era lo que dictaba el deseo sepultado en los ojos del hombre. Los labios del rubio pasearon con descaro por donde pudieron, la punta de sus dedos delinearon sin descanso la silueta bajo suyo.
❝ Mi nombre. ❞
Yata no tardó en acceder a caprichos inexplicables que arrastraban momentos como ese.
Los nervios se erizaron y los músculos se contrajeron. El dolor se procesó intensamente y apenas fue consciente de la sacudida del cuerpo sobre él, Izumo se contuvo apenas, esperando el momento propicio para seguir sumergiéndose dentro de esa vorágine incontrolable.
Kusanagi prácticamente ronroneó al sentir las piernas del más bajo alrededor de sus caderas, un movimiento espontaneo y una palabra desenredada desde el fondo de la garganta del skater.
Sigue.
Solo eso bastó, desde ese punto el bartender no pudo detenerse. El deseo lo consumió, hundiéndose sin retorno en la sensación quemante de la piel contraria y estaba tan absolutamente convencido que la contraparte se encontraba igual de metido en el asunto.
Izumo jamás imaginó que otorgarle la primera vez a alguien lo preocuparía tanto y sería tan irónicamente, revitalizante.
Tal vez, solo tal vez, se estaba transformando en un tonto idiota cursi.
⊰ Circo ⊱
❝ Te ves bien. ❞
Un susurro pausado adueñándose del silencio, bajo, un tanto sugerente. La sonrisa pretenciosa al ver el rubor tomando poder de las mejillas del chico, ojos huidizos y nerviosismo palpable.
— Hey, mírame boy. —Estoy hablando completamente enserio. Los dedos del rubio viajaron al mentón del muchacho, obligándolo a establecer contacto visual.
— E-está exagerando. — Después de todo solo era un maldito traje, la espalda de Yata chocó contra la pared de su departamento y lejanamente oyó como Kusanagi ponía seguro a la puerta principal.
— Sabes que no. —Otro susurro cerca de su oído -touché- pensó él más bajo al sentir un escalofrío en su zona lumbar, justo donde la mano del bartender se deslizó.
— ¿Kusanagi-san? — Él cobrizo tambaleó al tener los labios del otro recorriendo su cuello, los brazos rodeando la cintura y ciñéndole con fuerza.
Es una estupidez.
Pensó por enésima vez, porque joder no podía comportarse así solo por verlo usar un maldito traje, además de que el mismo insistió hasta el punto de ser un insoportable grano en el culo y ahora le hacía esas caras toda la condenada noche, le susurraba palabras cariñosas en público y se mantenía tan estúpidamente cerca que no tenía una puta idea de como reaccionar.
Al menos en ese momento ya habían llegado al departamento del muchacho y no había nadie viendo. Yata se prometió jamás vestir ese traje o aceptar una invitación por parte del hombre a comer.
>> ¡Nunca más!
—De verdad te queda bien ese traje. —¡Wow! Dedos introduciéndose bajo la camisa y tocando con sutileza la piel de la espalda. Misaki se estremeció -golpe bajo-
— N-no empiece con eso o-otra vez.
—Yata-chan...—Ronroneó en el oído del chico y supo que había dado en el blanco porque Yata se estremeció al punto de parecer una hoja. — Dame un poco más de ti...
⊰ Y lo tenía justo donde quería. ⊱
Los labios del rubio pasearon con sutileza sobre las rojas mejillas del chico, por el momento no quería más. Simplemente estar ahí; extasiándose de toda la esencia del cobrizo le bastaba, permitir a sus dedos con descaro recorrer la piel bajo la ropa. Juguetear en el borde del pantalón con sorna y no apartarse de él más de lo estrictamente necesario.
Bendita sean las paredes.
Kusanagi iba a continuar, aprovechando la boca entreabierta del skater para proseguir con su capricho, después de todo Yata no se había quejado más de lo estrictamente necesario. Acortó distancias tan lento que fue casi desquiciante y apenas rozó los labios del más bajo la alarma de su celular sonó tan estrepitosa que quiso arrojar el aparato por la ventana. Sin embargo; eso no significaba que se alejaría del chico solo porque si. Al menos eso esperaba, lamentablemente el ambiente se había roto por culpa de su grandiosa idea.
— Su celular está sonando. —Le hizo ver el otro, Izumo suspiró quitando las manos de la piel contraria para tomar el ruidoso celular y mostrarle la pantalla al muchacho.
Yata observó la brillante pantalla, en efecto; era una alarma puesta para dar aviso justo a las 24:01 de la noche del 20 de julio, fecha exacta de su...
>> Oh.
— Feliz cumpleaños, Yata-chan. — El iris ámbar del chico se topó con el marrón contrario, sintiéndose estúpidamente feliz.
Kusanagi le extendió un paquete que sacó luego de hurgar entre sus bolsillos y no le pasó desapercibido el detalle burlesco del papel de regalo -lleno de flores- una fea mirada al rubio antes de atreverse a abrir el obsequio de donde salió un pañuelo de cuello muy parecido al que él bartender solía usar.
— E-entonces la salida de antes...
— Fue una especie de víspera.
— ¿Armó todo ese circo solo para darme esto?
— ¿Ah? Pero que cruel, no pensé que serías así de insensible, Yata-chan. — Misaki se rió sin soltar el presente, tenía una ligera idea de lo que pretendía el más alto al darle algo así pero no pudo pensar mucho en ello, no cuando tenía los labios del hombre demandando cariño.
— Feliz cumpleaños... — Volvió a murmurar apenas tuvo espacio.
{ x }
Short Kusayata
Ok esto no debería estar aquí, pero mi imouto me convenció de hacerlo, así que qué demonios :'D
Trató de contenerlo, de verdad que trató -por varios, largos y tortuosos minutos-, pero al final acabó soltando un gemido agudo e incómodo, y mientras trataba malamente de no temblar más de lo que ya lo estaba haciendo, Yata Misaki maldijo hacia sus adentros en el momento en que Kusanagi-san finalmente le quitó la polera y dejó su torso al desnudo, expuesto a sus grandes y ansiosas manos que no demoraron en acariciar todo cuanto encontraron, aumentando la vergüenza del menor.
Yata se mordió los labios al sentir la lengua del rubio caliente, húmeda, seductora, bajando por su pecho; ¿qué era eso? ¿una nueva clase de tortura? Porque le estaba resultando muy bien. Siendo completamente honesto, Yata no estaba seguro de dónde ni cuándo alcanzaría su límite, eso de sentir sin fin cómo su cuerpo temblaba por el calor quemante que acababa de descubrir y que al tacto de las manos frías de Kusanagi le provocaban estremecimientos salvajes pero enormemente placenteros... demonios, ¡demonios!, ¿por qué tenía que pasarle eso a él? ¿En qué maldito momento fueron a acabar de esa forma?
Ah, no, no lo sabía, pero tampoco estaba en la mejor situación como para detenerse a pensarlo con calma. La calma era lo último de lo que podía estar preocupado.
-Yata-chan...
La voz susurrante y seductora de Kusanagi lo arrastró de vuelta a su tortuosa realidad, aquella en la que el mayor tenía un pequeño duelo al tratar de desabotonar su propia camisa con una mano, mientras que con la otra luchaba contra la cremallera del pantalón del muchacho. Yata tuvo el impulso de detenerlo, de gritarle que estaba comenzando a asustarse -por mucho que hiciera mella en su orgullo-, pero no estaba seguro de poder controlar lo que estaba pasando. Por todos los santos, solo era un mocoso. Y fue ahí cuando sus ojos se encontraron con los del mayor, fueron tan oscuros, tan poderosos, tan llenos de un deseo contenido por quién sabe cuánto tiempo, que el chiquillo se quedó paralizado por no estuvo seguro cuanto tiempo, y cuando reaccionó, Kusanagi estaba devorándole los labios, con hambre casi bestial. Y fue casi mágico cómo el miedo de Yata se esfumó, cómo sus brazos apretaron al mayor con fuerza posesiva y le ayudó a apartar el resto de ropa que les quedaba.
Todo lo que vino después fue puramente instintivo, delirante, mortificantemente delicioso, y Yata estaba -oh tan malditamente- seguro de que jamás olvidaría aquella noche en lo que le reste de vida.
lalalala no me arrepiento de nada bitches :B