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El post de la oruga que se transforma en mariposa me ha aparecido mas de 4 veces seguidas hoy, nunca me cansare de esa metamorfosis :’D
La oruga Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente, pero sé que mañana serás del aire. Hace mucho supe que no eras un animal terminado y como entonces arrodillado y trémulo te pregunto: ¿sabes que mañana serás del aire? ¿te han advertido que esas dos molestias aún invisibles serán tus alas? ¿te han dicho cuánto duelen al abrirse o sólo sentirás de pronto una levedad, una turbación y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo? Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire y tal vez mirándote las alas no te reconozcas y quieras renunciar, pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros. Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba. Haz que te vea, quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar. Hazme saber si acaso es mejor no despejar nunca la barriga de la tierra.
José Watanabe
Recordando a la Oruga... (?)
Me sentía muy nerviosa mientras iba a la casa de Richard. Apenas había pasado el mediodía. Era un domingo gris y apagado.
Llegué inusualmente rápido. El autobús me dejó a tres calles de su casa y caminé a paso veloz, inútilmente porque ya estaba mojada a más no poder.
Golpeé la puerta lentamente. Richard abrió poco después y me miró fijamente, sin sonreír y sin parecer serio, como en una postura neutra.
- Viniste.- Farfulló con sus ojos azules clavados en los míos.
- Si.- Respondí yo.
Tirité involuntariamente. Entonces reaccionó.
- Entra, rápido.- Se corrió y pasé hacia el interior de la casa.- Estás empapada. Déjame buscar algo para que te seques…
Me interpuse en su camino cuando pasaba y le di un beso. Luego me quedé contemplándolo.
- Pensé todo lo que tenía que pensar, Richard.- Dije con suavidad.- Y no voy a echarme atrás.
Puso sus brazos alrededor de mi cintura y pronto parte de él se mojó al entrar en contacto conmigo.
- Todo va a estar bien.- Murmuró después de estar varios segundos mirándome en completo silencio.
Nos besamos otra vez. Él empezó a acariciarme dulcemente y yo tiré la cabeza hacia atrás para permitirle que me besara el cuello. Sus labios eran tan tersos sobre mi piel que me daba escalofríos. Enterré los dedos en su cabello sedoso y respiré hondo, tratando de mantener la calma.
Me condujo lentamente hacia su habitación. Tropezamos un poco en las escaleras porque no dejamos de besarnos y de abrazarnos en ningún momento. Pero no nos importó. Esbozamos una simple sonrisa y continuamos.
Nos separamos al llegar a la puerta de su cuarto. Entré y me di vuelta hacia él, que cerraba con cuidado. Luego giró y me miró.
Dio unos pasos hasta tomarme entre sus brazos nuevamente. Lo besé con pasión, deseando demostrarle que estaba segura.
Empezó a desabrocharme paulatinamente la camisa. Solo entonces me puse algo tensa. Me aparté de él casi enseguida.
- ¿Qué pasa?- Preguntó. Su voz era tan pacífica que infligía calma al instante.
- Es que… no voy a gustarte sin ropa.- Expliqué con timidez.- Es mi primera vez y....
Sonrió y volvió a abrazarme.
Richard besó tiernamente mi mano.
- No te preocupes, ¿si?- Pidió mirándome de reojo.- Me gustas tal y como eres, cariño.
Aqui nadie fuma, nadie coopera.
La oruga