Miraculous Lady-Bog
(A Miraculous Ladybug swamp witch au)
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Miraculous Lady-Bog
(A Miraculous Ladybug swamp witch au)
Okay crazy theory i know: but what is Marinette is LADYBUG.
nah never mind. i don’t know what came over me.
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Cat Noir / Miraculous Ladybug
Capitulo 7 - ecos del abismo
El ambiente en la sala era denso, como si el aire se hubiera llenado de plomo. Asta estaba sentado, en silencio, con una venda fresca cubriendo su hombro herido. Zoé se mantenía a su lado, sin despegarse.
En ese momento, Marinette y Adrien entraron rápidamente a la casa. Marinette caminó directo hacia Asta, notando su estado. Adrien se quedó unos pasos atrás, confundido.
Adrien (mirando la venda): —¿Qué le pasó a Asta? ¿Otra pelea?
Marinette (seria): —No fue una pelea. Fue una advertencia.
Adrien (mirando alrededor): —¿Una advertencia? ¿De quién?
Zoé apretó los dientes. Bajó la mirada un instante y luego lo enfrentó.
Zoé: —Adrien... fue Zenón Zogratis. Apareció aquí. No para atacar. Solo para... para jugar con Asta. Para hacerlo sufrir.
Adrien (incrédulo): —¿Jugó con él? ¿A qué te refieres?
Zoé miró su taza temblando en sus manos, y luego, con voz rota pero firme, dijo:
Zoé: —Lo que le pasó a Asta en el hombro… fue por mí.
Adrien frunció el ceño.
Adrien: —¿Qué? ¿Cómo que por ti?
Zoé (mirándolo directo): —Zenón lanzó una lanza de hueso... justo hacia mí. Asta supo que él lo haría. Se interpuso a propósito, sabiendo que iba a ser herido.
Adrien (con los ojos abiertos): —¿Él… se dejó herir?
Zoé (voz baja): —Sí. Lo hizo sin pensarlo dos veces.
Un silencio incómodo se apoderó del lugar. Adrien no supo qué decir.
Marinette (voz firme): —Eso es lo que hace Asta. Siempre ha cargado con el dolor de los demás sin quejarse.
Adrien: —Pero… ¿Zenón solo vino a lastimarlo emocionalmente?
Marinette (seria): —Sí. Zenón no quiere matarlo aún. Quiere romperlo. Poco a poco.
Adrien apretó los puños.
Adrien: —Eso es monstruoso…
Asta alzó apenas la mirada hacia Adrien, con una débil sonrisa.
Asta: —No te preocupes. Estoy acostumbrado… pero esta vez… no quiero proteger solo con fuerza. Quiero ser más fuerte… para que nadie más tenga que ser herido por mi culpa.
Zoé tomó su mano con cuidado.
Zoé: —Y no estarás solo, Asta. Esta vez… no.
En otro lugar
En lo alto de una gárgola, bajo la sombra de la luna parisina, Zenón Zogratis observaba sin ser detectado. Su rostro mostraba su característica frialdad, pero en sus ojos brillaba una malicia silenciosa.
Zenón (en voz baja): —Primero te arrebataré la seguridad… luego la esperanza. Hasta que no quede nada, Asta.
Desde esa altura, su mirada se posó en distintos puntos de la ciudad:
Marinette, saliendo de la panadería con una sonrisa, ajena al peligro que la observaba.
Adrien, entrenando con su bastón en el parque, con un aire de confianza.
Zoé, caminando sola de regreso a casa, visiblemente preocupada por Asta.
Zenón entrecerró los ojos.
Zenón: —Tantas personas que te importan… ¿cuál sufrirá primero?
Una lanza de hueso surgió de su mano, pero no la lanzó. Solo la sostuvo unos segundos… antes de hacerla desaparecer con un susurro.
Zenón: —No aún. Sería demasiado fácil.
Giró la cabeza hacia una nueva figura que acababa de llegar a la ciudad. Una chica con cabello oscuro, mirada decidida… Kagami. Zenón sonrió de lado.
Zenón: —Oh… otra más que parece tener un lazo con tus nuevos aliados.
Con un gesto, su cuerpo se desvaneció como cenizas flotando en el aire. Pero sus palabras quedaron flotando en la noche:
> —Te observaré, Asta. Cada persona que te importe… será una ficha en mi juego.
Al día siguiente, la tranquilidad en la ciudad era solo aparente.
Zoé, al despertar, notó algo inquietante. En la pared de su cuarto, justo al lado de la ventana, había un mensaje tallado con precisión inhumana en el cristal:
> “¿Hasta dónde llegarías para protegerlos, Asta?”
Su rostro se volvió pálido. Corrió hacia el sofá donde Asta dormía recuperándose, sudando levemente por la fiebre de su herida.
Zoé (susurrando): —¿Cómo entró?… ¿Cuándo?
Asta se despertó, sobresaltado. Su ojo izquierdo —el demoníaco— brilló brevemente.
Asta (levantándose con esfuerzo): —Él estuvo aquí… ¿te hizo algo?
Zoé: —No. Solo dejó eso. Asta, tiene acceso a esta casa… a nuestras vidas.
Asta apretó los dientes. El sudor se convirtió en furia.
Asta: —Zenón no va a tocarte. No a ti. No a nadie más.
En la escuela, Marinette abría su casillero cuando una pluma negra cayó de él. Una sola. Y debajo, una nota que no reconocía:
> “Ladybug. Te estás acercando a alguien maldito. El precio será tu esperanza.”
Ella tragó saliva, temblando. Alzó la vista, y aunque no vio a nadie sospechoso… sintió que algo —alguien— la observaba.
---
En la tarde, Adrien practicaba esgrima con Kagami en los jardines de la academia. Cuando regresó a su bolso, encontró una pequeña figura de hueso… idéntica a Asta, con una lanza de hueso traspasando su hombro izquierdo.
Adrien (serio): —¿Qué diablos…?
Kagami (mirando la figura): —Esto no es una broma. Es una advertencia.
Esa noche, Asta se sentó en la azotea de la casa, con Zanma envainada a su lado. Liebe apareció en su hombro, en su forma chibi, frunciendo el ceño.
Liebe: —Él no ha terminado contigo. Está jugando, Asta… como lo hizo con otros en nuestro mundo.
Asta: —Lo sé. Pero esta vez… no permitiré que gane. No en este mundo.
Un trueno resonó a lo lejos, mientras el ojo demoníaco de Asta se encendía en rojo, como una llama viva.
Capitulo 4 - el peso que compartimos
El entrenamiento había terminado, pero ninguno de los dos se movía del claro donde el sol apenas comenzaba a caer. La brisa acariciaba los árboles, y Asta limpiaba el filo de Zanma, que ahora reposaba apoyada contra su hombro.
Zoé, destransformada y sentada en el césped, lo observaba en silencio.
—Esa espada… parece muy pesada, pero no solo en peso físico, ¿verdad? —preguntó finalmente, con voz suave.
Asta la miró, sorprendido por la sensibilidad en su tono.
—Zanma representa muchas cosas. Es la espada que mi capitán Yami me dejó… y también la prueba de todo lo que he superado. Dolor, batallas, sacrificios. No puedo soltarla, aunque quisiera.
Zoé bajó la vista, abrazando sus piernas con los brazos.
—Entiendo un poco de eso. Ser una heroína en este mundo… también significa cargar con la expectativa de proteger a todos, incluso cuando sientes que tú eres la que más necesita ser protegida.
Asta se sentó a su lado, dejando Zanma a un lado. El silencio entre ellos no era incómodo. Era honesto.
—¿Y qué haces cuando sientes que vas a quebrarte? —preguntó él.
Zoé sonrió apenas, con una mezcla de timidez y ternura.
—Supongo que... busco a alguien que me entienda. Que no me vea como una carga… sino como una compañera.
Asta la miró fijamente. Por un momento, sus ojos verdes se cruzaron con los de ella. No había gritos, ni enemigos, ni espadas alzadas… solo dos corazones tratando de encontrarse en un mundo nuevo.
—Zoé… —murmuró Asta.
Ella sintió un leve calor en su pecho.
—¿Sí?
—Gracias por quedarte. Por confiar. No importa en qué mundo esté… si estoy rodeado de personas como tú, entonces aún puedo luchar por algo.
Zoé se ruborizó un poco, bajando la mirada.
—Tonto… claro que puedes.
Una pequeña risa compartida rompió la tensión. El sol se ocultaba ya por el horizonte, tiñendo el cielo de París con tonos naranjas y rosados.
En ese instante, sin necesidad de decirlo, Zoé comprendió que Asta no era solo un guerrero… sino también un chico que llevaba consigo una luz más poderosa que cualquier arma: su fe en los demás.
Y ella… empezaba a querer ser parte de esa luz.
El silencio volvió, pero esta vez era distinto. Cómodo. Cálido.
Zoé, con la mirada en el horizonte, se atrevió a hablar en voz baja:
—Asta… ¿puedo preguntarte algo?
—Claro.
Ella giró lentamente el rostro hacia él, sus ojos reflejaban una mezcla de curiosidad y ternura.
—Cuando cortaste esa grieta… dijiste algo sobre proteger este mundo. ¿Por qué lo hiciste? Apenas llegabas, estabas herido… ni siquiera sabías quiénes éramos.
Asta ladeó una sonrisa, melancólica pero sincera.
—Porque… si no lucho por los demás, ¿qué sentido tiene tener poder? En mi mundo, crecí sin magia. Todos me veían como alguien inútil. Pero nunca dejé que eso me detuviera. Y cuando vi esa grieta, supe que… alguien como Lucifero podría convertir este lugar en una pesadilla. No podía permitirlo. No otra vez.
Zoé lo escuchaba con el corazón apretado. Ese nivel de convicción… la forma en que hablaba, como si llevara el peso de un mundo entero, la conmovía más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Sin pensarlo demasiado, se inclinó un poco hacia él y tomó su mano. La de Asta era más áspera, marcada por las batallas… pero cálida.
Él la miró, sorprendido.
—¿Zoé?
—Solo… no hables —dijo ella suavemente, con una sonrisa triste—. Quédate así… un poco más.
Y así lo hicieron. No se dijeron más palabras. Solo compartieron ese contacto, esa cercanía, mientras los últimos rayos del sol se desvanecían.
La Torre Eiffel comenzaba a iluminarse en la distancia, y París retomaba su vida nocturna… pero para ellos, el tiempo parecía haberse detenido.
Entonces, de pronto, un sonido de pasos en la hierba. Ambos se giraron.
—¡Zoé! ¡Ahí estás! —gritó una voz conocida.
Era Marinette, con el cabello ligeramente desordenado por haber corrido. A su lado estaba Alya, ambas con expresión seria.
—Tenemos un problema —dijo Alya directamente, mirando a Asta por un segundo con cierta sorpresa—. Hay una nueva grieta… y esta vez, no cayó un aliado.
Zoé apretó los labios.
Asta se puso de pie al instante, el rostro endurecido.
—¿Dónde?
Marinette se acercó y sacó una pequeña tablet con imágenes distorsionadas. En una esquina de París, una figura oscura, poderosa, comenzaba a emerger del vacío.
Zoé también se levantó, más determinada que nunca.
—Vamos. No vamos a dejar que este mundo caiga… ¿cierto?
Asta sonrió. Su aura oscura comenzaba a latir, aún sin activarse del todo.
—No mientras yo esté aquí.
Y así, juntos, comenzaron a correr hacia la nueva amenaza… pero en el pecho de ambos, algo había cambiado.
Ya no eran solo aliados. Ya no eran solo una heroína y un extraño de otro mundo.
Algo más había comenzado a florecer.
Capitulo 3 - vínculo entre espadas y aguijones
La brisa fresca de París acariciaba las calles vacías cerca de la Torre Eiffel. Asta se encontraba en un pequeño parque, entrenando con Zanma. La espada negra descansaba firme en sus manos, y aunque la Unión Demoníaca no estaba activa, sentía el peso de la anti-magia latente en la hoja.
Zoé, atenta y observadora, se acercó.
—¿Quieres mostrarme algo nuevo? —preguntó.
Asta asintió con seriedad.
—Zanma no es solo una espada. Es el arma que me ha ayudado a enfrentar demonios mucho más fuertes que yo. Hoy quiero concentrarme en dominar solo su filo.
Tomó una postura firme y respiró profundo.
Con un movimiento rápido y decidido, blandió Zanma en un corte horizontal, el filo de la espada brillando tenuemente con una energía oscura. La hoja cortó el aire con un sonido agudo y preciso.
El impacto resonó al atravesar una vieja valla de madera con facilidad, que se partió en dos y cayó al suelo.
Zoé aplaudió impresionada.
—¡Eso fue increíble! ¿Solo con la espada?
—Sí —respondió Asta, sonriendo—. A veces no necesito transformarme para pelear. Zanma tiene un poder propio, basta con usarla bien.
Siguió practicando cortes y estocadas, sintiendo cómo la energía de la anti-magia fluía sutilmente por la hoja, lista para bloquear y anular cualquier ataque.
Zoé se acercó para observar mejor.
—Con entrenamiento, podrías ser un gran aliado para Ladybug y Chat Noir.
Asta la miró con determinación.
—Eso espero. No sé cómo llegué aquí, pero mientras esté, lucharé para proteger este mundo.
El sonido de la espada cortando el aire seguía resonando en la noche parisina, un eco de un guerrero que buscaba su lugar en un mundo extraño.
Zoé observaba con curiosidad la imponente espada negra que Asta sostenía firmemente.
—Asta —dijo con un tono tímido—, ¿crees que pueda tocarla? Zanma… se ve tan poderosa, pero también tan… misteriosa.
Asta la miró sorprendido por la pregunta, luego sonrió con gentileza.
—Zanma no es una espada cualquiera. Tiene un poder especial y está ligada a mi anti-magia. No cualquiera puede manejarla… pero tocarla no debería ser un problema.
Se acercó lentamente y le tendió la empuñadura.
—Con cuidado —advirtió—. No te hará daño, pero no es algo que se pueda usar sin control.
Zoé tomó la espada con respeto, sintiendo un leve cosquilleo recorrer sus dedos al contacto con la hoja negra.
—Wow… —murmuró, fascinada—. Puedo sentir que tiene algo dentro, como si estuviera viva.
Asta asintió.
—Exacto. Por eso la cuido mucho. Pero me alegra que quieras conocerla. Significa que confías en mí.
Zoé sonrió tímidamente, sosteniendo Zanma con más seguridad.
—Confío en ti, Asta.
Zoé sostenía a Zanma con ambas manos. El peso era mayor de lo que imaginaba, pero lo que realmente la abrumaba era la presión oscura que comenzaba a emanar desde la hoja.
—¿Puedo… intentar blandirla? —preguntó, mirándolo de reojo.
Asta la observó con atención. Durante un segundo, sus ojos se volvieron serios.
—Puedes intentarlo. Pero ten cuidado. Zanma está forjada para canalizar anti-magia… si no tienes resistencia, podrías sentir su carga en tu cuerpo.
Zoé tragó saliva, pero asintió con decisión. Dio un paso hacia atrás, levantó la espada como Asta lo hacía, e intentó dar un tajo simple en el aire.
En cuanto lo hizo…
¡Zzrrrmmmm!
Un impulso oscuro surgió desde el núcleo de Zanma, envolviendo brevemente su brazo derecho. Zoé dio un paso atrás, soltándola casi al instante.
—¡Ah! —jadeó—. Es como si… como si algo intentara rechazarme.
Asta corrió a sostenerla antes de que cayera, y con un movimiento rápido atrapó la espada antes de que tocara el suelo.
—Estás bien —dijo con suavidad, tocándole el hombro—. No es que te haya querido hacer daño. Zanma simplemente está hecha para alguien que vive con la anti-magia dentro. No ataca, solo… protege.
Zoé respiró hondo, sintiendo aún el cosquilleo en su brazo, pero también un extraño calor en el pecho. No miedo. No dolor. Más bien… respeto.
—Entiendo. Es como tú, ¿no? —dijo finalmente, sonriendo con sinceridad—. Fuerte, salvaje por fuera… pero nunca usaría su fuerza para dañar a alguien que no lo merece.
Asta se sonrojó ligeramente, desviando la mirada con torpeza.
—Bueno… tal vez sí somos parecidos.
Zoé se rió un poco y volvió a mirarlo, decidida.
—Entonces tendrás que enseñarme más. Quiero entender lo que tú haces. Quiero… ayudarte a luchar.
Asta clavó Zanma en el suelo suavemente y asintió.
—Entonces entrenaremos juntos
A la mañana siguiente, el cielo de París se mostraba despejado. En un rincón apartado del parque Bois de Boulogne, Asta ya estaba de pie con Zanma clavada en la tierra frente a él, esperando.
Zoé llegó poco después, aún medio adormilada pero con determinación en los ojos.
—¿Entrenamiento temprano? —preguntó con una sonrisa mientras se estiraba.
—Si quieres pelear contra enemigos como Lucifero… más vale que empieces hoy —respondió Asta, en tono serio pero amistoso.
Zoé se transformó en Vespira, el brillante traje negro con detalles dorados envolviéndola con energía rápida.
—¿Qué haremos primero?
Asta se apartó de su espada y se puso en guardia.
—Primero, muéstrame cómo te mueves. Tus reflejos, tu precisión… y luego veremos si puedes mantener el ritmo.
Zoé asintió. En un instante, se lanzó hacia él con una ráfaga de velocidad, intentando golpearlo con un ataque de picadura. Asta la esquivó fácilmente, sin moverse demasiado.
—Muy rápida. Pero dejas tu flanco abierto —dijo mientras con una palmada le marcaba el hombro sin hacer daño.
Zoé frunció el ceño, determinada.
—Otra vez.
Se lanzaron en una serie de movimientos rápidos: golpes, esquivas, fintas. Asta no usaba anti-magia ni a Zanma, solo sus reflejos y experiencia como caballero. Zoé se sorprendía al ver cuán ágil podía ser sin depender de sus poderes demoníacos.
Tras varios minutos, ambos se detuvieron, respirando agitados.
—Estás mejorando rápido —admitió Asta—. Tienes buena técnica, pero lo que más me gusta es que no te rindes. Eso es lo que hace a un verdadero guerrero.
Zoé se sonrojó, pero mantuvo su postura orgullosa.
—Aprendo del mejor.
Entonces, Asta dio un paso atrás y extendió su mano hacia Zanma. La espada tembló y voló directo a su mano.
—Ahora te mostraré cómo fluye la anti-magia —dijo.
Asta blandió a Zanma lentamente, sin liberar poder, solo mostrando a Zoé los movimientos base. Estocadas limpias, cortes horizontales, bloqueos. Todo con un control absoluto.
—Si alguna vez me ves usar esta espada así —explicó—, sin forma demoníaca, es porque no quiero destruir… solo proteger.
Zoé lo miró fijamente. Por primera vez, comprendía que Asta no era solo fuerza bruta y gritos de batalla. Era técnica, convicción… y un corazón que luchaba por los demás.
—Yo también quiero proteger —susurró—. No importa si eres de otro mundo, Asta. Este ya es tu hogar mientras estés aquí.
Asta bajó Zanma y la clavó en el suelo otra vez. Luego, la miró, sincero.
—Entonces, protegeremos juntos.
Capitulo 3- vínculo espadas y aguijones
La brisa fresca de París acariciaba las calles vacías cerca de la Torre Eiffel. Asta se encontraba en un pequeño parque, entrenando con Zanma. La espada negra descansaba firme en sus manos, y aunque la Unión Demoníaca no estaba activa, sentía el peso de la anti-magia latente en la hoja.
Zoé, atenta y observadora, se acercó.
—¿Quieres mostrarme algo nuevo? —preguntó.
Asta asintió con seriedad.
—Zanma no es solo una espada. Es el arma que me ha ayudado a enfrentar demonios mucho más fuertes que yo. Hoy quiero concentrarme en dominar solo su filo.
Tomó una postura firme y respiró profundo.
Con un movimiento rápido y decidido, blandió Zanma en un corte horizontal, el filo de la espada brillando tenuemente con una energía oscura. La hoja cortó el aire con un sonido agudo y preciso.
El impacto resonó al atravesar una vieja valla de madera con facilidad, que se partió en dos y cayó al suelo.
Zoé aplaudió impresionada.
—¡Eso fue increíble! ¿Solo con la espada?
—Sí —respondió Asta, sonriendo—. A veces no necesito transformarme para pelear. Zanma tiene un poder propio, basta con usarla bien.
Siguió practicando cortes y estocadas, sintiendo cómo la energía de la anti-magia fluía sutilmente por la hoja, lista para bloquear y anular cualquier ataque.
Zoé se acercó para observar mejor.
—Con entrenamiento, podrías ser un gran aliado para Ladybug y Chat Noir.
Asta la miró con determinación.
—Eso espero. No sé cómo llegué aquí, pero mientras esté, lucharé para proteger este mundo.
El sonido de la espada cortando el aire seguía resonando en la noche parisina, un eco de un guerrero que buscaba su lugar en un mundo extraño.
Zoé observaba con curiosidad la imponente espada negra que Asta sostenía firmemente.
—Asta —dijo con un tono tímido—, ¿crees que pueda tocarla? Zanma… se ve tan poderosa, pero también tan… misteriosa.
Asta la miró sorprendido por la pregunta, luego sonrió con gentileza.
—Zanma no es una espada cualquiera. Tiene un poder especial y está ligada a mi anti-magia. No cualquiera puede manejarla… pero tocarla no debería ser un problema.
Se acercó lentamente y le tendió la empuñadura.
—Con cuidado —advirtió—. No te hará daño, pero no es algo que se pueda usar sin control.
Zoé tomó la espada con respeto, sintiendo un leve cosquilleo recorrer sus dedos al contacto con la hoja negra.
—Wow… —murmuró, fascinada—. Puedo sentir que tiene algo dentro, como si estuviera viva.
Asta asintió.
—Exacto. Por eso la cuido mucho. Pero me alegra que quieras conocerla. Significa que confías en mí.
Zoé sonrió tímidamente, sosteniendo Zanma con más seguridad.
—Confío en ti, Asta.
Zoé sostenía a Zanma con ambas manos. El peso era mayor de lo que imaginaba, pero lo que realmente la abrumaba era la presión oscura que comenzaba a emanar desde la hoja.
—¿Puedo… intentar blandirla? —preguntó, mirándolo de reojo.
Asta la observó con atención. Durante un segundo, sus ojos se volvieron serios.
—Puedes intentarlo. Pero ten cuidado. Zanma está forjada para canalizar anti-magia… si no tienes resistencia, podrías sentir su carga en tu cuerpo.
Zoé tragó saliva, pero asintió con decisión. Dio un paso hacia atrás, levantó la espada como Asta lo hacía, e intentó dar un tajo simple en el aire.
En cuanto lo hizo…
¡Zzrrrmmmm!
Un impulso oscuro surgió desde el núcleo de Zanma, envolviendo brevemente su brazo derecho. Zoé dio un paso atrás, soltándola casi al instante.
—¡Ah! —jadeó—. Es como si… como si algo intentara rechazarme.
Asta corrió a sostenerla antes de que cayera, y con un movimiento rápido atrapó la espada antes de que tocara el suelo.
—Estás bien —dijo con suavidad, tocándole el hombro—. No es que te haya querido hacer daño. Zanma simplemente está hecha para alguien que vive con la anti-magia dentro. No ataca, solo… protege.
Zoé respiró hondo, sintiendo aún el cosquilleo en su brazo, pero también un extraño calor en el pecho. No miedo. No dolor. Más bien… respeto.
—Entiendo. Es como tú, ¿no? —dijo finalmente, sonriendo con sinceridad—. Fuerte, salvaje por fuera… pero nunca usaría su fuerza para dañar a alguien que no lo merece.
Asta se sonrojó ligeramente, desviando la mirada con torpeza.
—Bueno… tal vez sí somos parecidos.
Zoé se rió un poco y volvió a mirarlo, decidida.
—Entonces tendrás que enseñarme más. Quiero entender lo que tú haces. Quiero… ayudarte a luchar.
Asta clavó Zanma en el suelo suavemente y asintió.
—Entonces entrenaremos juntos
A la mañana siguiente, el cielo de París se mostraba despejado. En un rincón apartado del parque Bois de Boulogne, Asta ya estaba de pie con Zanma clavada en la tierra frente a él, esperando.
Zoé llegó poco después, aún medio adormilada pero con determinación en los ojos.
—¿Entrenamiento temprano? —preguntó con una sonrisa mientras se estiraba.
—Si quieres pelear contra enemigos como Lucifero… más vale que empieces hoy —respondió Asta, en tono serio pero amistoso.
Zoé se transformó en Vespira, el brillante traje negro con detalles dorados envolviéndola con energía rápida.
—¿Qué haremos primero?
Asta se apartó de su espada y se puso en guardia.
—Primero, muéstrame cómo te mueves. Tus reflejos, tu precisión… y luego veremos si puedes mantener el ritmo.
Zoé asintió. En un instante, se lanzó hacia él con una ráfaga de velocidad, intentando golpearlo con un ataque de picadura. Asta la esquivó fácilmente, sin moverse demasiado.
—Muy rápida. Pero dejas tu flanco abierto —dijo mientras con una palmada le marcaba el hombro sin hacer daño.
Zoé frunció el ceño, determinada.
—Otra vez.
Se lanzaron en una serie de movimientos rápidos: golpes, esquivas, fintas. Asta no usaba anti-magia ni a Zanma, solo sus reflejos y experiencia como caballero. Zoé se sorprendía al ver cuán ágil podía ser sin depender de sus poderes demoníacos.
Tras varios minutos, ambos se detuvieron, respirando agitados.
—Estás mejorando rápido —admitió Asta—. Tienes buena técnica, pero lo que más me gusta es que no te rindes. Eso es lo que hace a un verdadero guerrero.
Zoé se sonrojó, pero mantuvo su postura orgullosa.
—Aprendo del mejor.
Entonces, Asta dio un paso atrás y extendió su mano hacia Zanma. La espada tembló y voló directo a su mano.
—Ahora te mostraré cómo fluye la anti-magia —dijo.
Asta blandió a Zanma lentamente, sin liberar poder, solo mostrando a Zoé los movimientos base. Estocadas limpias, cortes horizontales, bloqueos. Todo con un control absoluto.
—Si alguna vez me ves usar esta espada así —explicó—, sin forma demoníaca, es porque no quiero destruir… solo proteger.
Zoé lo miró fijamente. Por primera vez, comprendía que Asta no era solo fuerza bruta y gritos de batalla. Era técnica, convicción… y un corazón que luchaba por los demás.
—Yo también quiero proteger —susurró—. No importa si eres de otro mundo, Asta. Este ya es tu hogar mientras estés aquí.
Asta bajó Zanma y la clavó en el suelo otra vez. Luego, la miró, sincero.
—Entonces, protegeremos juntos.
Capitulo 2 - nuevos aliados bajo el cielo de parisino
La tarde comenzaba a caer sobre París, y las luces de la ciudad empezaban a brillar tenuemente. Zoé caminaba junto a Asta por las calles adoquinadas cerca del Sena, cuando de repente un destello rojo y negro apareció en el aire.
-¡Ahí están! -exclamó Zoé, señalando al dúo que descendía con gracia.
Ladybug y Chat Noir aterrizaron justo frente a ellos, sus miradas curiosas y alerta.
Ladybug (mirando a Asta): -¿Quién es él?
Chat Noir (cruzando los brazos): -No parece de por aquí... ¿Un nuevo enemigo?
Zoé dio un paso adelante.
-No, es alguien que cayó de una grieta dimensional. Viene de otro mundo y no representa peligro... todavía.
Asta se levantó con esfuerzo, apretando la empuñadura de Zanma, aunque sin mostrar agresividad.
-Mi nombre es Asta -dijo con firmeza-. He luchado contra un gran mal y fui enviado aquí para impedir que ese mal cruce esta realidad.
Ladybug frunció el ceño, evaluando la situación.
-París ya ha tenido suficientes problemas con Akumas y villanos -dijo-. Si dices la verdad, entonces debemos ayudarte.
Chat Noir sonrió con confianza.
-Además, es interesante tener a alguien con un poder tan diferente a nuestro lado.
Zoé miró a Asta con orgullo.
-Él es fuerte, pero también alguien en quien se puede confiar.
Ladybug asintió y extendió la mano.
-Bienvenido a nuestra ciudad, Asta. Juntos, protegeremos París.
Asta estrechó la mano de Ladybug, sintiendo una nueva esperanza.
-Gracias... nunca pensé encontrar aliados tan rápido.
Mientras el sol se ocultaba detrás de la Torre Eiffel, un nuevo equipo se formaba, listo para enfrentar las oscuras amenazas que venían con la grieta.
¡Claro! Aquí tienes la continuación enfocada en cómo Asta empieza a entender el miraculous y los poderes de Zoé:
Después de la bienvenida oficial en la azotea donde Ladybug y Chat Noir suelen reunirse, Zoé decidió tomarse un momento para explicarle a Asta sobre los Miraculous y cómo funcionan.
-Verás, Asta -comenzó Zoé con paciencia-, los Miraculous son objetos mágicos que otorgan poderes especiales a sus portadores. En mi caso, este es el Miraculous de la abeja, que me permite transformarme en Vespira.
Asta observaba fascinado cómo el pequeño broche dorado en forma de abeja brillaba tenuemente en la muñeca de Zoé.
-¿Y esos poderes... vienen de ahí? -preguntó Asta señalando el broche.
-Sí -respondió Zoé-. Cuando me transformo, recibo habilidades que incluyen velocidad, fuerza y control sobre el aguijón de energía. Pero también hay una responsabilidad: proteger a la gente de París de los Akumas, criaturas que el villano Hawk Moth envía para causar caos.
Asta asintió, comparando mentalmente con su propia lucha contra los demonios y la anti-magia.
-Suena similar a lo que enfrento en mi mundo -dijo-. Pero aquí... las reglas y la magia son diferentes.
Ladybug, que había escuchado atentamente, intervino:
-Tu anti-magia es única y poderosa. Pero el Miraculous también requiere equilibrio y conexión con tu corazón. Sin eso, los poderes no pueden manifestarse plenamente.
Zoé sonrió y añadió:
-Si quieres, puedo ayudarte a entrenar para que puedas usar algo parecido al Miraculous. No es magia tradicional, pero podrías aprender a adaptarte a su energía.
Asta sintió una chispa de esperanza.
-Eso sería... increíble. No sé cuánto tiempo estaré aquí, pero quiero proteger este mundo tanto como el mío.
Ladybug le entregó una pequeña cajita que contenía un fragmento del poder del Miraculous, diciéndole:
-Esto te ayudará a conectar con tu energía y a sentir cómo funcionan las transformaciones. Pero recuerda, la verdadera fuerza viene de dentro.
Asta apretó el objeto en su mano, sintiendo un nuevo tipo de energía recorrer su cuerpo.
-Gracias -susurró-. Esto es el comienzo de algo nuevo.
Mientras la noche caía, los cuatro se preparaban para enfrentar juntos el peligro que acechaba, pero Asta sabía que el mayor desafío sería aprender a dominar este poder tan diferente al suyo.