Perseo (III) Las Grayas, las Gorgonas y la historia de Medusa
Para poner en contexto a los lectores que desconozcan quiénes eran las Grayas y las Gorgonas, y sobre todo qué historia se escondía tras el nombre de Medusa, he decidido incluir este post en el que no avanzaremos en la historia de Perseo, sino que servirá para darle un contexto y hacer que los lectores que desconozcan esta parte de la historia puedan seguirla sin problemas. De modo que dejemos por el momento a Perseo y a Atenea en su camino al oeste en busca de las Grayas, y hablemos un poco de estas.
Las Grayas (”Viejas”, en griego clásico) eran tres deidades pre-olímpicas, presentes desde tiempos muy remotos en la cultura griega. Eran hermanas, hijas del anciano dios del mar Forcis y de la diosa primordial del mar Ceto. Las Grayas nacieron siendo ya ancianas, con cabello gris y piel seca y arrugada, y se fueron haciendo más y más viejas con el paso del tiempo.
Sus nombres eran Dino (”Temor”, la anticipación del Horror), Enio (”Horror”, también conocida como La Destructora de Ciudades, que en ocasiones tenía una identidad separada de sus hermanas) y Pemfredo (”Alarma”). Entre las tres sumaban un solo diente y un solo ojo, que compartían entre las tres, por turnos. Vivían en un lugar indeterminado, en una cueva situada en una región “al oeste, en dirección al ocaso, donde siempre era de noche”, según cuenta la historia. Curiosamente, las Grayas sólo son nombradas en el mito de Perseo, y se las identifica a menudo con otra tríada de brujas hermanas, las Moiras, a pesar de que sus naturalezas y funciones son bien distintas.
Las Grayas tenían otras diez hermanas, todas hijas de Forcis y Ceto, entre las que se encontraban las llamadas Gorgonas. Éstas vivían muy escondidas, y sólo sus hermanas Grayas sabían de su paradero, por lo que era indispensable recurrir a ellas primero. Además, eran las únicas que sabían cuál de las tres Gorgonas era mortal.
Las Gorgonas (Del griego gorgon, ”Terribles”) eran tres, Medusa (”Guardiana”, “Protectora”), Esteno (”Fuerte”) y Euríale (”La Bienhechora”). Eran monstruosas deidades femeninas, con serpientes en la cabeza en lugar de cabellos.
Euríale era la mayor de las Gorgonas, inmortal, y tenía aspecto de mujer de gran tamaño, poseía garras de bronce, una gran boca con dientes de marfil, alas de oro y cola de serpiente, aunque versiones más antiguas de su historia aseguran que tenía forma de centauro. Euríale protegía y controlaba varios santuarios y oráculos en las montañas, incluido el famoso Oráculo de Delfos, y era quien inspiraba a las pitias y pitonisas encantadoras de serpientes. Se la considera la única gorgona “buena”, con sentimientos e incluso instinto maternal del que carecían sus hermanas.
Esteno, la hermana mediana, tenía el mismo aspecto que Euríale pero era mucho más musculosa y fuerte. Inmortal, al igual que su hermana mayor, era agresivamente independiente y extremadamente cruel, y disfrutaba matando y torturando a aquellos humanos que osaban acercarse a la guarida de las Gorgonas. Poseía una gran fuerza física y mental, y era capaz de hipnotizar durante unos segundos a sus víctimas.
Por último, la hermana pequeña, Medusa, tiene un historia muy particular, y sobre todo, muy trágica. Medusa es la única de las gorgonas que nació mortal y particularmente bella, con aspecto completo de humana. En su juventud decidió entrar al servicio de la diosa Atenea en uno de sus templos, donde permaneció por una corta temporada hasta que sufrió una horrible violación por parte de Poseidón. Humillada y sintiéndose muy mal por el trato que había recibido, tuvo que soportar también la injusta ira de Atenea, pues uno de los requisitos que todas sus sacerdotisas debían cumplir era el de ser vírgenes como la diosa. Considerando que Medusa había cometido una terrible falta de respeto contra ella a pesar de que la pobre muchacha no era culpable de su violación, Atenea convirtió su cabello en serpientes, como el de sus hermanas, y transformó su cuerpo para que luciese como ellas, desluciendo por completo la belleza con la que la joven había nacido.
Mortal como era, la diosa le concedió, eso sí, el don de convertir en piedra a todo aquel que la mirase a los ojos, como protección.
La terrible injusticia que tuvo que soportar hizo de Medusa una gorgona cruel y resentida con los hombres. Huyó con sus hermanas a un lugar indeterminado que no ha quedado patente en ninguna de las historias y mitos sobre las hermanas, y permaneció allí con ellas durante el resto de su vida.













