Él no me gusta, pero me escucha y eso... eso me gusta.
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Él no me gusta, pero me escucha y eso... eso me gusta.
Si sienten algo por un amigo u amiga no lo digan, nada de “debemos correr los riesgos”, porque no saben lo doloroso que es perder una amistad por un amor no correspondido.
Yo le caigo bien a la gente rara, a los locos que no se cansan de tener esperanza, le caigo bien a esos seres que andan buscando todo sin encontrar nada, a los que pasan y no se quedan, a los que llegan y sin temor te muestran lo que son porque no les importa lo que alguien diga de ellos, le gusto a la gente rara como a las chicas que beben cerveza en su casa y no andan bailando en las discotecas con minifalda para conseguir la triste atención de hombres máquina, le gusto a los que andan viajando y no saben cuándo van a regresar, a los poetas que van a los bares a beber sin vergüenza de que los vean solos, también a las chicas que leen poesía en las noche y se imaginan que alguien se las dice al oído y se sienten bonitas, le gusto a los que traen un caos en la cabeza pero lo usan para crear. No sé si soy extraño, pero le gusto a la gente rara.
Volviendo al viaje, Quetzal Noah
https://www.facebook.com/elalberguedelasmujerestristes/
Les dejo una historia. Espero que le guste.
Su vida trascurría normal, de su casa al colegio, del colegio a su casa. La misma rutina de lunes a viernes. Los sábados a la mañana iba a ayudar a una vecina en su negocio, tenía una panadería. Le encantaba ayudarla con todo y atender a sus vecinos. Y los domingos solía ir al parque a tomar mates con su amiga, a veces, llevaba a su perra.
Pero lo que más le encantaba era pasar siempre por el mismo lugar, para verlo a él.
Pasaba por la vereda del frente y lo observaba, trabajaba en una heladería. Ella no tenía ni idea de que edad tenía ni como se llamaba, pero desde lejos podía apreciar su pelo castaño y su preciosa sonrisa. Él trabaja ahí desde hace tres meses, y desde el día que lo vio, siempre pasa por ahí.
Una vez, una madre y una nena estaban haciendo la fila para pedir el helado, la nena empezó a llorar, el salió detrás del mostrador, dejando a su compañero tomando pedidos, le hablo a la nena con una hermosa sonrisa y la nena lo observo mientras que las lágrimas caían por sus mejillas. Él tenía ambas manos detrás de su espada, de una mano saco una servilleta y le seco las lágrimas y después de la otra mano saco un chupetín, la nena le sonrió y él le devolvió la sonrisa, se dio media vuelta y volvió a su puesto. Con esto ella se dio cuenta que era un buen chico, y se moría por hablarle, pero no podía, era demasiado tímida.
Era domingo, ella estaba caminando por su ritual camino hacia la plaza, obviamente pasaba por la heladería, normalmente él ya estaba trabajando a esa hora. Cuando llego a esa esquina miro adentro del local, no tenía gente, estaba mirando su celular, de repente lo dejo y agarro un trapo, limpio el mostrador y luego se sentó detrás de la caja registradora. De la puerta que sale a la parte del personal salió su campero, este le dijo algo y el empezó a reír, su compañero se ofende, y vuelve a entrar por la puerta, él se levante y se asoma por la puerta, luego sale riendo y se sienta de vuelta detrás de la caja registradora.
Ella se da cuenta que quedo en la esquina mirándolo, asique mira ambos lados de la calle y cruza con los cachetes colorados, ojalá nadie la haya visto, se moriría de vergüenza si alguien la ve observándolo. Le gusta, pero no se animaría a hablarle, aunque se muriera de ganas.
Cuando llega a la plaza su amiga está en la parte izquierda de la plaza, debajo de un árbol con una manta, el mate ya está armado, ella le sonríe cuando la ve y le grita que se apure. Su amiga es una rubia natural y tiene los ojos marrones caros, mientras que ella tenía el pelo castaño oscuro con ojos grises medios celestes, depende el tiempo.
-Buenas- saluda a su amiga con un beso en la mejilla.
-Buenas tarde, Ada, ¿Por qué tardaste tanto?
-No tenía ganas de caminar- miente ella, sentándose a su lado.
-Dale, Ada, ya sé que estuviste por ahí…-dice dándome un codazo.
-No estaría entendiéndote, Isadora -replica poniéndole los ojos en blanco.
- ¡Ey! No te metas con mi segundo nombre- replico ella, cruzándose de brazos.
Ada suelta una carcajada y su amiga le da otro codazo, pero esta vez mas fuerte.
-Bueno, está bien, te llamo por su nombre, Lucila- le dijo esquivando el segundo codazo- Esta bien, está bien, te llamare Lu como te gusta.
-Mas te vale, si no voy a la heladería y le confieso al chico que estas enamoradas de el- amenaza Lucila.
Ella no sabía si era verdad que estaba enamorada. Siempre lo miraba desde la esquina contraria, no lo conocía, pero algunas veces sus miradas se encontraban y su corazón se aceleraba, él le sonreía y ella bajaba la cabeza avergonzada de que la hubiesen descubierto.
-Lucila Isadora Giménez alto ahí, no te atrevas.
- ¿Tenías que decir mi nombre completo? ¿No alcanza que mis padres me odien? -pregunto ella- Y sin ir nos del tema, tenes que hablar con él si te gusta.
-Tus padres no te odian por nombrarte así, solo tomaron malas decisiones-le respondo tratando de no reír.
-Dejemos el tema, por favor. Y pensa lo que te dije sobre él.
-Sera un gusto, lu.
Empezaron hablar sobre una nueva película que se estrenaba, mientras tomaban mates criticaban a los actores y los avances. El sol se fue ocultando y ellas decidieron que ya era hora de volver a sus casas. De camino a su casa pasaron por la heladera, él no estaba.
-No esta. Ada por favor déjame comprar helado, necesito un kilo para mi sola- dijo Lu mientras cruzaba la calle hacia la heladería, sin esperar respuesta.
-Lu, no me hagas esto- le dijo algo incomoda- Te espero afuera.
Para Ada la espera de su amiga se hizo una eternidad, ¿Qué iba a pasar si el aparecía? Se moriría de vergüenza.
Adentro de la heladería, él se había terminado de cambiar, su turno se alargó más porque vino demasiada gente y prefirió ayudar a su amigo. Guarda todo en su mochila y sale, su compañero está atendiendo a una chica rubia, la conoce es amiga de una chica, pero no conoce a ninguna de las dos. La chica termina de pagar y se va, mi amigo me mira y me guiña un ojo.
-Es la amiga de la chica que te gusta.
- ¿Qué? ¿Qué chica? -le pregunte esquivando el tema.
-Dale, amigo, esa chica que nunca se animó a entrar al local.
-No estas siendo muy preciso, Emma.
-Dale, Santiago, no te hagas el boludo, la chica que se te queda mirando como si fueras el único chico del mundo desde aquella esquina, y que vos te equivocas en todo lo que haces por fingir no verla.
-Amigo, sigo sin entender de que hablas.
-Está bien, tienes razón- le dijo su compañero dándose por vencido- Seguro la rubia no está sola, capaz su amiga está afuera.
- ¿Qué? -le pregunto el, interesado.
-Nada, perdón Santi estaba pensando en voz alta.
Santiago puso los ojos en blanco y cuando iba a salir del local, entro la chica rubia de nuevo.
-Hola de nuevo- lo saludo a Emma- Tengo una duda…
-Si decime.
-Mi amiga quiere saber cómo se llama el chico que trabaja a la tarde, pelo castaño, de esta estatura…-describe ella marcando la estatura con su mano en el aire.
-Ahh si, mi compañero acá presente- le respondió Emma señalándome.
Ella me miro y sonrió.
-Si, sos vos, por dios que torpe no te había visto.
-Hola, ¿Por qué no viene tu amiga a preguntarme?
-Veras, mi amiga es muy tímida, ni siquiera quiso entrar para comprar- le respondió.
- ¿Cómo es tu nombre? -interrumpió Emma.
-Lucila, pero decime Lu- le respondió sonriéndole.
-Un gusto concerté Lu, soy Emma- se presentó el- Él es mi compañero y amigo Santiago, ¿Tu amiga puede ser que tenga pelo castaño, de esta estatura y siempre pasa por esa esquina? -pregunto marcando la estatura como ella lo había hecho.
-Si, exactamente ella.
- ¿Esta afuera? -pregunto Santiago, sintiendo que su corazón latía más rápido.
-Si- afirmo ella.
-Bien- comento con una sonrisa.
Salió del local y miro a los lados, ella estaba apoyada en el árbol que estaba a la vuelta del local.
-Hola- la saluda acercándose.
No sabía cómo iba a poder hablar con ella, estaba muy nervioso, pero por algo el destino hizo que el salga un más tarde de su turno de trabajo.
Ella lo mira y su corazón se acelera rápidamente, no sabe que decirle. No lo puede creer. ¡EL ESTA DELANTE DE ELLA! ¡LE ESTA HABLANDO!
-Hola – le devuelve el saludo ella.
-Soy Santiago- se presentó rascándose el cuello nervioso- Te vi por acá y tuve la necesidad de hablarte ¿Cómo te llamas?
-Ada- respondió ella- Perdón estoy nerviosa, suelo hablar mucho, pero…
-No te preocupes, yo también estoy nervioso- la interrumpió sonriéndole.
Es una sonrisa que a ella la calma, y le devuelve la sonrisa.
-Un gusto conocerte, Santi- le dice dándole la mano.
Cuando él le toma la mano, sienten la misma energía, ambos se sonríen y no se sueltan, él se arma de valor y entrelaza sus dedos.
-Siento que te conozco hace mucho tiempo-comenta el- No siento que somos dos desconocidos.
-Me siento igual, aunque debo confesar que perecía una psicópata observándote cada vez que cruzaba la calle.
-No, no lo parecías, era mi momento favorito del día verte pasar.
- ¿Enserio? -pregunta ella, con las mejillas coloradas.
-Si, te veía siempre, aunque el local estaba lleno.
Se miran fijamente a los ojos y se sonríen. El momento es interrumpió por la voz de la amiga, que la llama para irse.
- ¿Mañana estas ocupada?
- ¿Mañana? -pregunta ella.
-Si…para invitarte a salir…si puedes, si no, no hay problema- responde el hablando rápido.
-No, estoy libre- le responde ella sonriendo.
-Genial.
- ¿A las doce acá? - pregunta el.
-Si, a las doce acá.
-Nos vemos mañana, Ada.
-Nos vemos mañana, Santi
Él le da un beso en la mejilla y ella se va con su amiga.
El entra al local y su amigo lo mira esperando que hable, pero por la sonrisa en su rostro lo sabe.
-Amigo, necesito un favor-empezó a decir Santiago.
-Si, lo sé, te tengo que cubrir no pasa nada. No todos los días se encuentra a un amor, tienes suerte amigo.
-Lo sé- chocan los cinco y se despiden.
Él se va feliz sabiendo que mañana tiene una cita con ella, con la chica que está enamorado desde hace tanto.
Me ajustó a la vida pero la vida no es justa, quien yo quiero no me quiere y quien me quiere no me gusta.
Por amor al odio - Rafael Lechowski
Es super lindo encontrar a alguien quien tiene buenas intenciones contigo y no solo quiere llevarte a la cama.
Necesita de 3 cervezas y un porro para al menos rozarme la pierna o la mano, sacarme a bailar y buscar mi mirada, porque sobrio es tan indiferente conmigo.
Black Star*