Capitulo 5 - el demonio de los huesos en paris
Las calles del distrito 18 estaban sumidas en caos. Luces parpadeaban, la gente huía, y una niebla espesa cubría la zona como un velo maldito.
Desde la cima de un edificio semi destruido, Zenón Zogratis observaba en silencio.
Sus alas esqueléticas se desplegaron, y su rostro cubierto por la siniestra transformación demoníaca se mantenía inexpresivo… pero sus ojos brillaban con una promesa de destrucción.
—Este mundo… no tiene defensas reales —murmuró—. Será perfecto para la expansión de nuestra oscuridad.
Debajo, la policía no podía hacer nada. Incluso los kwamis se ocultaban. Ningún miraculous parecía suficiente… hasta que tres figuras se presentaron frente a él.
Ladybug, Vespira, y Asta.
—¡No dejaré que sigas destruyendo esta ciudad! —gritó Ladybug.
Zenón inclinó apenas la cabeza, como si no la considerara una amenaza.
—Una simple humana con suerte…
Pero entonces su mirada se cruzó con la de Asta.
Ambos se mantuvieron en silencio. Una tensión invisible nació en ese instante.
—…Asta —musitó Zenón—. Así que también fuiste arrojado aquí. Cuánto honor el mío… poder matarte antes que Lucifero lo haga.
Asta frunció el ceño, levantando a Zanma con ambas manos.
—Zenón… Maldito traidor. ¡No voy a permitir que pongas un solo dedo sobre este mundo!
—¿Qué vas a hacer sin tu Unión Demoníaca completa? —replicó el demonio de hueso—. ¿Gritar muy fuerte?
Asta se adelantó un paso, y su anti-magia comenzó a envolverlo levemente, aunque sin alcanzar su transformación completa.
—¡No necesito estar al cien por ciento para derrotarte!
Vespira se colocó a su lado.
—Y esta vez, no estás solo.
Zenón no se inmutó. Solo extendió la mano y lanzó una lluvia de lanzas óseas en dirección a los tres.
—Entonces… que comience el exterminio.
Asta bloquea las lanzas con Zanma, Ladybug lanza su yo-yo para desviar varias, y Zoé activa su aguijón con rapidez. El combate ha comenzado, y París se prepara para una batalla como jamás ha visto.
La calma de París se rompió por completo.
Desde la grieta en el cielo, una figura descendió entre sombras negras y ceniza flotante. Su presencia helaba la sangre. Su mirada vacía y sin alma perforaba como cuchillas.
Zenón Zogratis.
Asta sintió un escalofrío familiar. Sabía lo que venía. Y no era bueno.
Ladybug (preparando su yo-yo): —¡¿Quién es ese?!
Vespira (temblando): —Ese poder… es como el de Asta… pero… más oscuro…
Zenón (sin mirarlas siquiera):
—No me interesan las plagas locales.
Su mirada se clavó directamente en Asta, que ya estaba frente a ellas, empuñando a Zanma, su única espada en este mundo.
Zenón (sonriendo levemente):
—Asta. No esperaba encontrarte tan pronto.
—Este mundo no merece tu protección… pero será divertido ver cómo intentas salvarlo.
De la nada, una lanza de hueso se formó en la mano de Zenón. Oscura, afilada, letal. Pero no fue dirigida a Asta.
Fue dirigida a Zoé.
Zenón (con voz monótona):
—Veamos si aún sigues siendo tan predecible.
¡FWOOOSH!
Asta (gritando): —¡NOOO!
Sin pensar, Asta se lanzó. Y justo como Zenón quería, recibió la lanza en su propio hombro izquierdo, atravesándolo con violencia. La sangre salpicó.
Asta (gimiendo de dolor): —¡GHAAH!
Zenón apareció frente a él en un parpadeo. Lo sujetó por el cuello con una sola mano y lo levantó en el aire, como si fuera un trapo.
Zoé (gritando): —¡ASTA!
Ladybug (intentando acercarse): —¡Déjalo!
Zenón ni siquiera se inmutó. Observaba a Asta sangrar con una expresión… casi divertida.
Zenón (con calma):
—Sigues siendo tan tonto como siempre.
—Te sacrificas sin pensar… sin estrategia.
—Eres débil.
—Y por eso, no te mataré aún.
Acercó su rostro al de Asta, que seguía jadeando por el dolor.
Zenón (susurrándole):
—Jugaré contigo.
—Te visitaré cuando estés más tranquilo.
—Molestaré tu alma.
—Y torturaré todo lo que intentes proteger.
Soltó a Asta, que cayó al suelo de rodillas, sosteniéndose el hombro mientras la lanza se deshacía.
Zenón (girándose lentamente):
—Nos veremos pronto… defecto.
Y con una última mirada de burla, Zenón se desvaneció en cenizas oscuras, como un fantasma dejando una pesadilla atrás.
Zoé corrió hacia Asta, sosteniéndolo mientras este luchaba por mantenerse consciente.
Zoé (con lágrimas): —¿¡Por qué hiciste eso!? ¡Yo podía esquivarlo…!
Asta (mirándola, sonriendo débilmente): —No… podía dejar… que te tocara…










