Nunca de frente, siempre en silencio.
¿Cuántas veces no hemos leído y suspirado por aquella persona que nos hace sentir más allá de lo que dicen las palabras escritas por el corazón? ¿Cuántas veces nuestra imaginación se transformó en necesidad de tocar, besar y decir frente a frente lo que en nuestra boca nació silencio? Aquí se ha escrito una historia alimentada por la fantasía de dos, por eso que mata y enciende, por eso que quema y trasciende en la mente de un hombre, de una mujer que han decidido desnudarse el alma para hablar de amor. Él: ¡Quédate! Sé que no puedes quedarte pero quédate un poco más. Ella: Dame una razón para hacerlo, aunque sabes bien nunca ha hecho falta. Él: Te quiero y tú también me quieres, tus palabras me lo dicen. Creo que no puede haber más razón que esa para pedírtelo. Ella: Recuerda bien que soy mujer y necesito más que unas líneas para saber lo que tus manos me dicen de sobra. Él: Lo sé. Pero mira, no te prometo nada, sólo que si te quedas, no habrá de qué arrepentirse jamás. Quédate y vivamos este y todos los momentos. Ella: Hagamos entonces de esto que hoy habita entre tus labios, una eternidad para los míos. Que no deje más tiempo suelto que el de nuestras manos para acariciar lo que tanto hemos anhelado. Él: Es que te quiero para algo más que un tiempo. ¿Es difícil decidir quedarse y saber que tendrías el amor que deseas y que nada te faltará? Sigue refutando él: Acaso, ¿no soy lo que quieres? Ella: Eres eso y tanto más que las palabras no me caben en el cuerpo. No me cabes en el corazón, en el aliento. Me duele respirarte y transpirarte a mano alzada, necesito tocarte a manos llenas. Él: ¿Y qué te detiene? Ella: La distancia se hace abismo de la mano de tu ausencia. Él se queda pensando en silencio y suspira. Él: ¿Por qué el destino me pone en esta situación? Somos lo que hemos estado buscando y no podemos ni tocarnos. Pregunta: ¿Y si me voy contigo? Sería una solución. Ella: Sería la solución a todo, amor. Imaginar una vida juntos, dejaría de ser viento columpiándose entre las hojas. Seríamos raíz y fruto de este árbol en donde tantas veces hemos escrito nuestros nombres. Él: Y lo seguiremos escribiendo. Porque quiero que seas mi raíz y que seas tú quien tenga mis ramas en esta vida, que no me alcanza si no te tengo a mi lado. Ella: No existirá vida ni tiempo suficiente para hacerte mío, y sentirme solamente tuya. Él: Imagínate los dos juntos haciendo un nido de amor, nuestra familia, nuestro soporte. Es lo que yo más anhelo en esta vida. Ella: Pero, ¿hasta cuándo la imaginación sabrá soportar todos estos anhelos? Él: Hasta poco. Quiero hacerlo tan real que desde ahora estoy luchando contra todo y todos para estar contigo. Ella: Voy a creer en tus palabras, en tus ganas, en tu necedad y necesidad de hacerlas verdad. Él: Me gustaría que confiaras más en los hechos que en mis propias palabras, que tienen ningún peso si no hago lo que quiero para estar a tu lado. Ella: Es tanto el amor que me haces sentir, que tus palabras hasta hoy, han tenido el peso suficiente para conocer al hombre que está detrás de ellas. No han sido los hechos los que han hablado por ti, han sido las letras, que con toda ternura acarician esta boca que hoy te habla sin saber con certeza si me escuchas. Él: Ya no quiero que mis letras sean las que hablen, quiero que sean los hechos; quiero mirarte a los ojos y decirte “te amo” y sentir lo que tú, cuando lo escuchas de mí. Porque en mis letras no caben todo lo que hay en mí para ti. Ella: Entonces dejaré de escucharte y comenzaré a sentirte como nunca lo he hecho, como siempre lo he soñado, como juntos lo hemos deseado en esta y todas las vidas. Él: Quisiera que me escucharas, quisiera que me vieras lo nervioso que me pongo cuando te pienso; y te pienso junto conmigo. Yo tengo que hacerte realidad, mi realidad. Ella: Cómo hacerte saber que no eres el único que tiembla, cómo hacerte saber que mis manos transpiran tinta, palabra y voz. Esa es mi realidad lejos de ti. Él: Sé que pronto sucederá, me estoy cansando de pensarte y no hablo de la forma de pensarte como se escucha. ¡Espérame! Ella: Hasta entonces amor, te esperaré y haré de esa espera lo más cercano a la felicidad. Devenir de una vida frente a frente, entre tus manos, sin más silencio que el provocado por nuestras miradas. Que llegue el día en que dejen de ser sólo alma para ser cuerpo. Que llegue el día en que dejen de ser sólo boca para hacerse beso. Que llegue el día en que dejen de ser sólo palabra para hacerse voz. Que llegue el día en que no sean “siempre silencio”, dándole la espalda al “Nunca de frente”. Escrito con entrega entre @DeNegraTinta y @LetraVehemente.












