Alma de niño, Hermann Hesse
En 1919, si no me equivoco, Hermann Hesse escribió «Alma de niño»; en 1952 Quim Monzó escribió «Redacción»; en 1961 «Conejo» vio la luz a partir de la mano de Abelardo Castillo; de una forma menos enfocada en el narrador, Olivier Bourdeaut escribió «Esperando a Mr. Bojangles» en 2016. Acá es donde termina, según puedo recordar, mi inventario de obras de narradores infantiles, que me llevó a pensar que los libros que juegan con la postura del narrador de forma clara y explícita son la minoría —se me ocurre «A series of unfortunate events», el prólogo de «Lolita», el de «Niebla» y algunos más—. ¿Qué hace que autores se inspiren tanto por el punto de vista infantil? ¿Qué los lleva a captar tan fácilmente sus rasgos, sus respuestas?
En «Alma de niño», el pequeño Sinclair nos da a conocer las sensaciones que emanan en él al ir descubriendo los límites con que se topan sus acciones al enfrentarse con sus nuevas nociones morales a partir del momento en que se ve en la incómoda posición de cometer lo que para él significa un delito, una traición. Para este niño sin complicaciones, tan apreciado por todos, cargar esta balanza que lo arrastra a experimentar las consecuencias de sus decisiones —que la mayor parte de las veces no son lo que él esperaba— es dramático.
El bien y el mal visto desde una perspectiva inocente y nueva es refrescante. La percepción de un niño de la religión como un trámite o un deber que lo presiona o aburre y, al fin y al cabo, lo impulsa a cometer sus errores infantiles; la figura del padre, de un dios, con quien uno se encuentra al subir, que castiga, que perdona, que es leal y sabe siempre más, de la madre compasiva y amorosa, y la impulsividad que llevan a dañar por capricho son elementos que uno se encuentra en la obra plasmados de forma liviana y bella.
Es una obra breve, predominantemente introspectiva, que narra eventos cotidianos de forma amena y simpática. Intriga con una sencillez que permanece en toda la obra, y nos permite en algunos momentos recordar lo que era ser niños, y otros, cálidamente acompañar al protagonista como un padre o un hermano a lo largo de vivencias que, como dije, desde sus ojos son un tormento.
Tengo esta obra dentro de un libro que incluye otras dos: «Klein y Wagner» y «El último verano de Klingsor», pero sé que está incluida también en un libro de relatos que se llama «La ruta interior». Si quieren leer otras narraciones breves del autor, «El arte del ocio» consiste en una serie de publicaciones en diarios. Su texto acerca de los viajes —que se incluye en este último libro— me parece algo maravilloso, realmente vale la pena. Recomiendo altamente cualquier relato del autor que puedan obtener. Definitivamente esta obra y Demian, que es mi favorita del autor, son buenos puntos para comenzar.
Fecha de publicación: 1919
Editorial recomendada: Edhasa
Editorial personal: Seix Barral
Número de páginas (del libro de la editorial Edhasa que incluye El último verano de Klingsor): 160
Número de páginas del relato en mi libro: 20
Link para leer online: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2011/la_rInterior.pdf