1. Golondrina.
Soy esa pequeña ráfaga de viento que rompe el unísono que crea tu voz cuando intento hablar. Soy efímera, intensa, puede que incluso fugaz. Ese tipo de destello que ves aparecer y desaparecer continuamente, porque a pesar de ser intensa pierdo fuerza con facilidad, flaqueo y me tuerzo. Soy esa parte inhóspita que crea la esencia de mi propio ser, que se deshace en pequeños fragmentos que se involucran, se pierden y desaparecen allá donde van tus ojos.
Soy enferma, ni tan enferma, soy cordura pero carezco de ella. Soy abismo y al mismo tiempo algo contrario al vacío; soy reclusión, redención y más tarde temor. Temor por lo vivido, por lo que me queda por vivir y por lo que a día de hoy vivo. Soy yo, tú, ella, él, vosotros, nosotros, soy todos. Soy como una especie de caja que intenta agarrar y llevarse todo eso que el mundo desecha de sí mismo e incluso de todos los demás. Soy ese flujo candente en las venas, algo que arde de manera constante en el órgano central. Ese órgano vital que habita en mi pecho. Soy sangre superflua que recorre cada centímetro, con la clara intención de repartir oxígeno. Soy eso que pesa, que se rodea de una especie de halo que se desvanece de vez en cuando. Soy esa dulce mensajera de la tristeza, esa mensajera que abandona todo por cruzar el mar para llegar lejos. Soy golondrina, esa golondrina que carga con un peso de por vida. Soy vulnerable en ocasiones, vulnerable casi siempre, vulnerable a todas horas. Soy ira, soy quien ataca mi parte libre, quien pisotea una y otra vez el carácter dominante de lo que no es verdad.
Soy yo, me llamo reclusión, soy quien gana las batallas con las venas recargadas, quien pierde el control y pasa de un extremo a otro a través de una corriente. Soy quien no existe, un mero espejismo, un producto de mi imaginación, una clara sensación llena de agonía. Soy quien rompe cada ventana y cada puerta cuando se encuentra recluida mental y físicamente. Soy esa persona que sueña de quien va conmigo, soy esa persona que cree que tiene el valor de poder salvarse a si misma una y otra vez. Soy oscuridad y después, tan sólo después, veo y soy luz. O pienso que en algún momento podría llegar a serlo.
Soy sonrisas, risas, muecas y puede que hasta lágrimas. ¿Sabes quién soy? Ojalá fuese Golondrina. Ojalá pudiese salvarme. Ojalá pudiese ver la luz. Ojalá pudiese romper muros y cristales sin necesidad de romperme las muñecas. Ojalá pudiese desintegrarme como se evapora el último aliento del soldado más viejo. — Lizzie Lob | Delirio con letras











