Los libros son espejos: solo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro.
Carlos Ruiz Zafón. Libro: La sombra del viento.

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Los libros son espejos: solo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro.
Carlos Ruiz Zafón. Libro: La sombra del viento.
Mucho más
Te juro que puedo darte algo real.
Poema LA CASA
La casa
Ah, la casa…
La casa, la casa, la casa
¡Esa casa!
Yo tiemblo en ella, sin sombras…
Siempre me encuentro en camino de arriba
abajo,
como si tuviese cincuenta pisos.
Observo cada objeto
Esperando, esperando
y espero.
¡¿Por qué no responde ninguno?!
El suelo y subsuelo
susurran en cada uno de mis tibios pasos.
La cortina se eleva y me sopla calurosa.
Mientras cada ventana abre su puerta,
deja escapar un suspiro,
y golpea a los mosquitos en cada ala;
esos chillones me quieren visitar.
Toco la perilla,
la giro y la pobre palpita sin aliento,
no me reconoce.
Palpo la orilla de mi cama y
las cobijas se arropan,
y voltean la mirada
Tiemblan con cada parpadeo.
Veo a mi armario, el indispuesto,
y entrecierra sus ojos y me pregunta
qué quiero
¿Qué quiero?
Y pienso que mis libros
se golpean,
y reclaman,
y se preguntan
el por qué ya no los visito;
Allá cerrados esperan
como presos,
sobre mi grande armario,
con cadáveres que reposan sobre
Saramago, Borges,
Lorca,
la euforia y miles de telarañas.
¡Abro mucho los ojos!,
una araña muerta quiere que le cante.
Mi cama sigue temblando,
El armario abre su bocota para apartarme,
Y retrocedo.
Y vuelvo al inicio,
y me miro al espejo.
¡Éste me señala con el dedo y muestra el reflejo de mi sombrilla
que se convierte en espantapájaros,
y corro cuando ésta me suplica
que le acaricie una y dos veces!
¡Aquí estoy, detente!
Los barrotes se quiebran,
la puerta principal se abre,
un cuerpo emerge dentro.
Doy un traspié,
lo empujo,
él cae,
yo salgo,
¡corro sin detenerme!
¡Esta no parece mi casa!
Afuera me golpea el escándalo,
me atraganto en el ruido urbano,
los gusanos que vuelan,
chocan
y caen en mi boca,
y me atoro.
Así que corro al parque,
Me miro las manos,
los zapatos, el barro en las suelas,
el charco que pise,
y escupo ausente de saliva:
¡¿SALÍ?
El cielo canta sobre mí,
con los grillos, las ranas,
los patos,
la luna
y por fin suspiro.
Me contemplo en el espejo que baila a mis pies
y busco.
¡Aquí estoy!, le grito
Nadie se asoma,
pero yo le sonrío
y mi reflejo,
muy cálido,
me da la bienvenida.
Y le digo:
oh, la casa…
Mi casa,
mi casa,
Mi casa.
Por fin te encuentro.
—Letras
Los libros…
Cuando todo empieza a ir mal, como en aquellos tiempos tan lejanos y dolorosos, los libros están ahí; esperando por mí. No, nadie más me espera. Sólo ellos; tan infinitos y leales como sólo las palabras que los conforman pueden ser. Cuando empiezo a ser más alegre que nunca, cuando mi risa es más fuerte y me hago invisible es cuando mi cerebro entiende que las cosas van mal otra vez. Los libros estuvieron ahí desde siempre, me ayudaron a comprender, a arreglar el mar de pensamientos sin sentido y fin que era mi cerebro, a escapar. Y por eso estoy infinitamente agradecida, nadie me conoce como Ellos, nadie me comprende y está tan al pendiente de mi como ellos... Tal vez mi lugar siempre será entre letras, música y diseños; y sí, eso está bien.
El libro te obliga a pensar, a sonreír, a llorar, a enojarte, ante lo injusto y aplaudir la venganza de los justos.
Persona Normal (Benito Taibo)
Lo que siempre se ha buscado no deberia hallarse nunca!
Pablo Neruda, Un hombre anda bajo la luna.