Quintero, Playa Las Ventanas.

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Quintero, Playa Las Ventanas.
Poema LA CASA
La casa
Ah, la casa…
La casa, la casa, la casa
¡Esa casa!
Yo tiemblo en ella, sin sombras…
Siempre me encuentro en camino de arriba
abajo,
como si tuviese cincuenta pisos.
Observo cada objeto
Esperando, esperando
y espero.
¡¿Por qué no responde ninguno?!
El suelo y subsuelo
susurran en cada uno de mis tibios pasos.
La cortina se eleva y me sopla calurosa.
Mientras cada ventana abre su puerta,
deja escapar un suspiro,
y golpea a los mosquitos en cada ala;
esos chillones me quieren visitar.
Toco la perilla,
la giro y la pobre palpita sin aliento,
no me reconoce.
Palpo la orilla de mi cama y
las cobijas se arropan,
y voltean la mirada
Tiemblan con cada parpadeo.
Veo a mi armario, el indispuesto,
y entrecierra sus ojos y me pregunta
qué quiero
¿Qué quiero?
Y pienso que mis libros
se golpean,
y reclaman,
y se preguntan
el por qué ya no los visito;
Allá cerrados esperan
como presos,
sobre mi grande armario,
con cadáveres que reposan sobre
Saramago, Borges,
Lorca,
la euforia y miles de telarañas.
¡Abro mucho los ojos!,
una araña muerta quiere que le cante.
Mi cama sigue temblando,
El armario abre su bocota para apartarme,
Y retrocedo.
Y vuelvo al inicio,
y me miro al espejo.
¡Éste me señala con el dedo y muestra el reflejo de mi sombrilla
que se convierte en espantapájaros,
y corro cuando ésta me suplica
que le acaricie una y dos veces!
¡Aquí estoy, detente!
Los barrotes se quiebran,
la puerta principal se abre,
un cuerpo emerge dentro.
Doy un traspié,
lo empujo,
él cae,
yo salgo,
¡corro sin detenerme!
¡Esta no parece mi casa!
Afuera me golpea el escándalo,
me atraganto en el ruido urbano,
los gusanos que vuelan,
chocan
y caen en mi boca,
y me atoro.
Así que corro al parque,
Me miro las manos,
los zapatos, el barro en las suelas,
el charco que pise,
y escupo ausente de saliva:
¡¿SALÍ?
El cielo canta sobre mí,
con los grillos, las ranas,
los patos,
la luna
y por fin suspiro.
Me contemplo en el espejo que baila a mis pies
y busco.
¡Aquí estoy!, le grito
Nadie se asoma,
pero yo le sonrío
y mi reflejo,
muy cálido,
me da la bienvenida.
Y le digo:
oh, la casa…
Mi casa,
mi casa,
Mi casa.
Por fin te encuentro.
—Letras
La Gran Máquina - Las Ventanas
Las Ventanas es un pequeño pueblo emplazado en la costa norte de Valparaíso. Poco antes de llegar al lugar, se empieza a sentir el cambio al respirar. Una sensación seca, pastosa y amarga se instala en la boca y la garganta debido a la brutal contaminación acumulada por décadas de trabajo industrial.
La veintena de empresas instaladas ha causado que el pueblo que antes encontraba su sustento en la agricultura, se haya convertido en un terreno yermo y desolado. Ya nada crece, y pareciera que la vida intenta huir a toda costa de este sitio.
Posee una bahía de tranquilas aguas, pero que ya no alberga vida marina. Los botes de pesca artesanal que hasta hace quince años salían de madrugada y volvían repletos de mariscos y pescados, ahora se encuentran varados, como cadáveres regados en una caleta muerta.
Es un lugar estancado en el tiempo, en donde el crecimiento del parque industrial que lo rodea y el progreso que dicen ha traído al país, contrasta con la precariedad en que viven las personas que lo habitan: aun hay casas de adobe, calles sin pavimentar, ausencia de agua potable y constantes cortes de luz.
Sin embargo aun tiene ese encanto de pueblo chico, en el que la mayoría de la gente se conoce y se saluda por su nombre, los apuros económicos buscan solucionarse con bingos en la sede del centro de madres, el almacén de la esquina te fía, y todos parecen saber lo que pasa en la vida íntima de los demás.
El tiempo transcurre lento, es un sitio silencioso pero de de fondo siempre está el ruido del mar y las empresas que nunca dejan de trabajar. “La Gran Máquina”, la llamarían Los Prisioneros. Por la noche, sus luces invaden todo el cielo, y debido al puerto incluso se adentran en el mar. Sería un bonito espectáculo, sino fuese tan terrible el daño que provocado.
Diez años
Hoy, cumplo diez años con este blog. Escribiendo desde el corazón y permitiendo que las palabras broten. La tecnología dio paso a este espacio que ha dado tantas satisfacciones y ha rendido tantos frutos dulces y sabrosos. A ti que me lees, gracias. Es por ti que soy escritora.
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