15 de septiembre del 2017
Hoy siendo el 207 aniversario de la “independencia de México”, se confirmó la muerte de Mara. Diecinueve años, mi edad. Abusada sexualmente y asesinada en un motel, a las afueras de Cholula, Puebla. ¿Quién era Mara y por qué me importa? Mara era yo. Era mi compañera de clase, era la chica de mi generación que nunca le hable pero siempre la veía, era la que se graduó conmigo, la que me acompañaba al baño, era la conocida de la otra escuela, la amiga de mi amiga, la que vi en la fiesta, era mi hermana, era mi prima, era mi amiga, era tu hija, era yo. Mara eras tú. Esa chica bonita a la que nunca le hablaste. Mara era yo. Y me mataron, y a ti también. Me mataron un poquito más, porque no es la primera ni es la última.
Y el asesino era yo. Era ese con cara de desconfianza, ese chofer que por suerte no te tocó el día anterior, el primo de un amigo, el conductor del coche de a lado, el que sigue en la fila, el que pagó antes que yo, el que te llevó al centro comercial y te dijo “¡qué bonita anda, señorita!”, era tu compatriota, era tu hermano, tu amigo, el primo que nunca reconociste pero siempre veías en las fiestas. El asesino eras tú, y era yo, y era otro mexicano. Al igual que Mara.
Mara, perdón. Perdón por no saber que lado tomar.
Y déjame decirte Mara, que cuando supe me fui a ver al espejo y me pregunté cuál será mi cara cuando me toque estar en peligro, qué se siente que me toquen sin yo desearlo, qué expresión de miedo habrá en mis ojos antes de que me estrangulen, y qué cara verán mis papás cuando encuentren mi cadáver. Y cómo luciré muerta ante mis hermanos, y cómo me van a maquillar para el ataúd, y qué pensará mi asesino. ¿Estaré muy gorda para que me cargue? ¿o al final dirá “ni valió la pena porque estaba bien fea”?
¿Qué pensaste antes de que te llegara esa certeza de que ibas a morir? ¿cómo te latió el corazón? ¿estabas tranquila y resignada o luchaste hasta el final? ¿pensaste en tus padres, en tu hermana?
O tal vez pensaste que si tan sólo hubieras ido acompañada esto no habría pasado…pero entonces tal vez ahora serían dos muertos… o tal vez si me hubiera cubierto las piernas… pero pa’ qué si igual me desnudan… o mejor no me hubiera ido a tomar… pero igual podría haberme pasado al salir de la escuela.
Dime, Mara, ¿cómo se siente? Tal vez, si regresas a decirnos todo eso… tal vez, sólo tal vez el mundo entienda. Tal vez el mundo se ponga en tus zapatos.
¡Pero niña! ¿Dónde estaban tus papás para educarte y decirte que lo que hiciste no se hace porque es una imprudencia? ¡Pero gente! ¿dónde estaban los papás de su chofer para educarlo cuando era niño y decirle “a una mujer se le respeta”? ¿y es que acaso a un hombre no se le va a respetar? ¿dónde están los sacerdotes para decirnos “amarás al prójimo”? ¿qué pensamiento enfermo pasó por su cabeza? ¿en qué momento todo se vino abajo? ¿fue tu culpa, verdad? ¿o la de él? Pero qué importa, porque ya estás muerta.
Gritan todos que “chinga tu madre Peña, y al gobernador de Puebla, y al diputado, y al policía. Que chinguen a su madre a los papás de tu asesino, y al asesino, y a los papás de los papás del asesino, y a sus papás también”. Y mejor todos, ya. Porque esto está tan podrido desde hace mucho que nos estamos destruyendo. Mejor rindámonos, mejor vivamos con miedo porque ni en nosotros mismos podemos confiar.
Mara, estoy temblando. Necesito vomitar todas estas palabras. Los pensamientos vienen a mi mente y no me caben. Quiero explotar. Quiero pegarle a alguien. Quiero llorar y regresar el tiempo y susurrarte “no te metas ahí, niña tonta”. Porque es tu culpa ¿sabes? Es tu culpa por confiar, por decir “a mí no”, por creer que estamos viviendo la liberación femenina y tú tienes que sentirte segura en todas partes por encima de lo que traes y encima de lo que haces. ¡Qué niña tan tonta! Qué imprudente, ¿confiar? ¡Cómo se le ocurre! Si ya sabe cómo estamos, si la inseguridad está bien fea, si esto y si aquello. Ay, Mara…ay, Mara…
Esta tarde correré. Como loca. Correré con toda esta rabia que traigo adentro. Voy a correr, y mis piernas se me van a caer hasta que no pueda más; lo haré en tu lugar, lo haré cómo a ti te habría gustado correr de ese hombre que te tocó porque se le antojaste y dijo “pues también cómo no lo pensó, ella se lo buscó”. Y el mundo me mirará correr diciendo “qué muchacha más loca, mira cómo corre” y yo pensaré “no estoy loca, sólo corro por mi vida, bien tú podrías violarme y asesinarme”.
Mara, mejor me quedo encerrada. Parece que todos quieren eso. Porque unos me susurran “deberías estudiar en vez de ir a fiestas, o usar pantalón en vez de short, o mejor no busques a un hombre…o no, mejor sí, para que te defienda” y les creo. Y me encierro. Y no vivo porque tengo una vagina y no un pene entre mis piernas. Pero incluso con un pene ahí me podrían secuestrar, me podrían decir “ven, tú me sirves de halcón” o “ven, para que me distribuyas las drogas”.
Y luego otros me susurran “no puedes vivir con miedo, tienes que salir a vivir, porque no tiene nada de malo eso. Si confías no es tu culpa, si quieres la misma libertad no es tu culpa” y no lo hago, porque luego pasa lo que te pasó a ti.
Ay, Mara… ¿por qué se te ocurrió subirte a esa hora en ese estado a solas con ese hombre? Ay, Diana… ¿cómo que te vas por tu cuenta a estudiar a una ciudad lejos de tus padres? Ay, Lupita… ¿cómo que quieres usar ese vestido y esperas que ningún hombre se te quede viendo? Ay, Lizzeth… ¿en verdad quieres tomar sin que los hombres te vean cómo una fácil? Espera, ¿cómo? ¿faltan más nombres? ¡Pero así nunca voy a acabar!
¿Me crees si te digo que tuviste suerte? ¡Sí! Porque a ti sí te hicieron caso, Mara. Pero eres una de tantas. ¿Te imaginas si tu desaparición no hubiera sido un escándalo? Tu cuerpo todavía seguiría dónde te encontraron, y tus padres seguirían llorando en la ignorancia sobre qué te pasó. De seguro cuando llegaste a dónde llegaste viste que había más almas, más mujeres violadas, más hombres secuestrados, más muertos. Y te dijeron “pues siéntate a esperar, porque seguramente no resolverán tu caso, como el mío”. Pero no, Mara, tú eres de ese pequeño porcentaje con atención mediática, y esos sí los resuelven. Tus papás ya saben lo que te pasó, tu hermana y tus amigos también. El chico que nunca se atrevió a hablarte, también. Tus maestros, tus compañeros, el que te veía todos los días tomar la misma ruta; también. Yo, una extraña, también.
¿Dónde está tu último aliento, Mara?
De seguro tus padres nunca imaginaron que tu vida acabaría así… que el precio de querer ser quién quieres es tu vida…
Lo siento, mundo, por ser mujer. Por ser tan débil.
Lo siento, Mara. Porque tu caso en una semana ya no será noticia. En un par de meses habrá otra violada, otra muerta, otra. Otra que aparecerá en los titulares y en los hashtags de Twitter y Facebook. Otro nombre en la lista. Otro caso para decir “estamos de la chingada” pero eso no es nuevo. Habrá marcha por otra, se exigirá justicia por otra, y yo creo que será así hasta que ya no quede nadie en este país.
Porque entre corrupción, falta de empatía, irresponsabilidad, grosería y todo lo malo de este país, nos vamos al carajo. A veces pienso que México es el mismo infierno. Luego volteo a otros países en guerra y dijo “no, ellos están peor”. Pero luego están los demás con sus pruebas nucleares y digo “no, estamos lejos de ahí”. La verdad es que todos estamos de la fregada.
La verdad es que no hay verdad. Todos tenemos culpa.
Y gritaremos “¡viva México! ¡vivan los héroes que nos dieron independencia!”. Porque es 15 de septiembre y cada año este día podemos permitirnos olvidar que estamos bañados en sangre. Porque es el único día en que no le mentamos la madre al presidente, porque “hoy todos somos mexicanos”.
Vivan los asesinados, los desaparecidos, las violadas, vivan los secuestrados, viva la discriminación, viva la corrupción, viva el lavado de dinero, vivan las drogas, viva la pereza, viva la pobreza, vivan los marginados, vivan los afectados del terremoto. Vivan todos ellos. Viva nuestra independencia que nos tiene como nos tiene.
Esto no es vivir, Mara. Porque si vivo me matan, y si no vivo me moriré antes de que mi corazón deje de latir.
México, me dueles. Me dueles mucho. Me duele amarte así, porque me lástimas. Porque te doy sin recibir. Y ya estoy harta de sólo presumir tu comida y tus colores bonitos. Me cansa, en la columna, cada quince de septiembre este sabor agridulce que es el ser mexicano. Eres bien difícil... somos bien difíciles, México. Pero créeme cuando te digo, que todos los días busco la manera de sanarte un poquito.
Mara, tú hoy fuiste la gota que colmó el vaso. Pero cada día hay una gota, y el vaso se derramó hace mucho. Ya nos acostumbramos a que cada gota la dejamos ir, para recibir a la nueva, y así se hace el charco que tenemos alrededor.
Lo siento, Mara. Lo siento…no sé porqué, pero en verdad lo siento.