‘Mercy tiene dientes raros, bueno, no la he visto sonreír muchas veces, eso me agrada igualmente, la gente que sonríe tanto me pone incómodo. Bastian también tiene dientes raros… ahora entiendo su relación, se deben complementar por sus inseguridades. Pero por qué habla tanto de filosofía y suelta esos comentarios tan intelectuales, ¿será que sabe que fracasé y abandoné la carrera como el perdedor que soy y mi madre le pide que tire indirectas de ese tipo? ¿Sólo para profundizar mi infelicidad y fracaso? ¡Soy hijo de un engendro entonces! No puedo ser tan paranoico, no, ¿y si es tan inteligente por qué la relacionan con Freddo, eh? Ajá, ahí tienes, ahora no es tan lista, digo, si yo tuviese un amorío con alguien sabría mejor cómo esconderlo, ¡sólo digo! Ah, ya te está mirando raro, voy a asentir y fingir que presté mucha atención a lo que dijo, siento que le estoy mintiendo a mi abuela, qué me pasa... Al menos ya sé con quién no voy a confesar que a veces me encuentro a mí mismo asintiendo a todas las ideas de algunos rebeldes y que siento que la revolución a Illéa debería llegar antes de que cumpla treinta, ya saben, por lo que dicen por ahí del último ataque... Dios, ese comentario fue tan de hijo de puta. Me callo, me callo, me callo. Me burlaré de ella y Freddo, sí.’