❀ ; ⌠ #MGCMusicPlay。┋ Free (Ravenclaw)
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El día había comenzado de la mejor manera, y había ido bien hasta que recibió aquella carta proveniente del señor Cloud, donde le informaba que Jerome, su hermano, la estaría esperando en el campo de quidditch después del entrenamiento del equipo de Ravenclaw. Por supuesto que Sophia había planeado ignorar aquello hasta que, como si madre supiera lo que pensaba, le mandó una carta amenazadora sobre el por qué debía pasar tiempo de calidad con su nuevo hermano mayor.
Sophia había llegado unos minutos antes de que se terminará el entrenamiento, por lo que alcanzó a ver algunos rostros conocidos de los dormitorios. Pronto se acercó hasta donde se encontraba Jerome, y después de algunas palabras “cordiales” aquel comenzó a explicarle un poco acerca del juego.
- Entonces, si capturando la snitch dorada se gana automáticamente el juego… ¿Por qué no todos simplemente la persiguen? – Preguntó en voz alta, interrumpiendo por completo la explicación del mayor hacia ella. Sophie conocía de la existencia del quidditch desde hacía tres años, sin embargo debido a que el deporte no tenía la suficiente difusión en Salem (Seguramente porque era una escuela de mujeres) nunca se había interesado en él, menos ahora que su hermanastro le repetía de forma mal humorada las reglas. – De verdad no entiendo que le ven de divertido, solo es bolar en la escoba.- Soltó sin pensar cruzándose brazos, ganándose un par de malas miradas de las personas que estaban alrededor suyo y que la habían escuchado decir aquello último. Sí que había sido mala idea hacer ese comentario en el campo de quidditch.
- – No pienses que lo digo porque sea mala en los deportes, solo digo la verdad. – Se defendió enseguida dejando caer la escoba que hasta el momento había estado sosteniendo. – ¿Por qué papá te pidió que me enseñarás? Si quiere que pasémonos tiempo juntos, mejor debería yo enseñarte a jugar futbol soccer. – La pelirroja se movió hasta inclinarse junto a la pequeña caja donde se encontraban los balones utilizados para jugar al quidditch, tomando entre sus manos la Quaffle. – Este servirá. – Se apresuró a decir al sentir la piel suave de la pelota, dejándola caer sobre el empalme de su pie y golpeándola un par de veces hacía arriba con él. – yeah… futbol… ajá- se escuchó cantar cantar así misma sin pensar en hacerlo. Había escuchado sobre aquello que estaba a punto de pasar ¿un hechizo? Lo que faltaba. – Yeah.-Repitió aun golpeteando el balón con sus pies, mostrando sumo control sobre este, una habilidad que no sabía que tenía tan desarrollada. En realidad solo había jugado soccer en los recesos en su escuela elemental, antes de saberse bruja. Un momento después pudo escuchar como algunas personas decían al mismo tiempo “futbol” y tras aquello volvió a decir – Ajá.- en voz alta. “¿Eso que oigo es música?” se preguntó al darse cuenta de la música de fondo que había comenzado a sonar. En ese momento dejo caer el balón al suelo, para comenzar a repetir “futbol, futbol, futbol, futbol” mientras golpeaba con velocidad la planta de sus pies contra el césped de la cancha en que se encontraba. – Futbol, futbol, siempre futbol.- Cantó comenzando a realizar una coreografía de la que no estaba muy segura de por qué sabia.- A mí no me gusta cantar ni bailar. – Cantó tratando de comunizarse para defenderse por lo que estaba haciendo en ese preciso momento, en definitiva no le gustaba cantar ni bailar en frente de todos.- Solo quiero jugar futbol.-
Comenzó a moverse de un lado a otro mientras seguía repitiendo “Futbol, futbol, siempre futbol” escuchando otras voces que le acompañaban. – A mí no me gusta cantar ni bailar… solo quiero jugar futbol.-
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❝《CERRADO》❞ ❝《 Rena Gridiel 》❞ 〖 San Mungo - Casa Matsui-Gridiel | #MGCFuture | Marzo 2025〗 ▶ AKB48 - Heavy Rotation
Jurina
Estaba llegando tarde por primera vez a su trabajo, había tenido que ir a arreglar ciertas cosas con su hermana antes de ir al hospital, provocando que la japonesa no fuera del todo consiente con respecto a la hora y sintiera que llegaba tarde.
Aún con el tiempo prácticamente sobre ella, se negó a que su esposa la llevará al trabajo, ni loca se subiría otra vez a esa máquina del infierno, amaba a la menor con todo su ser pero cuando estaba detrás del volante manejaba como cafre, no sabía si esto era porque así era el automóvil, porque la menor realmente amaba la velocidad o simplemente porque quería verla llorar en el asiento de a lado. Decidió aparecerse simplemente en el hospital, desde hace años que había logrado esto y a pesar del mareo que le provocaba prefería este medio a tener que llegar aún más tarde o subirse con su esposa a una mini montaña rusa y vomitar en su intento por sobrevivir.
No le dijeron nada cuando llegó... Por dos minutos de haberse presentado un poco tarde no podían decirle nada, mucho menos cuando la asiática era realmente puntual al grado de llegar incluso quince minutos antes de lo que debería.
Apenas puso un pie en el edificio, tuvo que correr de un lugar a otro, varios solicitaban su presencia en los diversos niveles de la instalación, siendo requerida con mayor frecuencia en la segunda planta gracias a la reciente epidemia de viruela de dragón, enfermedad que había estado mutando con el tiempo y hacia más difícil el tratamiento de la misma. Si tenía un momento libre para respirar era un milagro, incluso en su hora de descanso tuvo que ir a atender a un par de jóvenes a los cuales les había explotado un caldero estando en el colegio.
Eran días difíciles en San Mungo, era esa extraña época del año en que por alguna razón había más gente que de costumbre, comparándola con la del resto del año, si de por si el hospital siempre estaba atiborrado de gente en esa época lo estaba siendo más, quizá la falta de personal era la culpable de todo esto. Había veces en las que envidiaba a su esposa por el trabajo que tenía, para Matsui no parecía tan complicado desde su perspectiva, claro estaba que la realidad era distinta a la que podía notar.
No sabía ni en qué había pensado cuando decidió ser medibruja, ya estaba ganando bastante con sus cuatro libros relacionados con la herbología e incluso Mahoutokoro le había ofrecido una plaza para impartir clases de la materia ¿Por qué se estaba complicando tanto la vida en un país del que no provenía?.
Sin detenerse a pensarlo mucho, siguió corriendo, ahora le pedían que pasará de la última planta a la primera para corroborar el estado de esas dos jóvenes que habían sido atacadas por una serpiente y de ahí, otra vez a la planta baja por la persona que tuvo un accidente con su varita.
En pocas palabras y para resumir el día que tuvo, había tenido que comer mientras revisaba el estado de una de las tantas personas que sufría viruela de dragón, como si eso fuera lo más normal del mundo y sin tener miedo a contagiarse por esta, incluso fue regañada por hacerlo pero llevaba horas sin nada en el estómago que le fue inevitable no hacerlo.
Salió horas después de su turno del hospital, agradeciéndole a medio mundo que por fin haya acabado, no le importaba mucho la hora ni mucho menos el como de encontrarán sus hijos, precisamente su hermana mayor se había encargado de cuidarlos mientras Jurina y Rena estaban en el trabajo.
El plan por el momento era simple, llegar a su casa, dejar las pocas cosas que tenía para luego ir a la casa de su familiar y recoger a sus hijos, aunque a esas horas lo más probable era que mandará a su esposa, las piernas le dolían y lo único que quería era llegar a descansar.
Apenas abrió la puerta de la casa donde vivía con su esposa y su pequeño equipo de quidditch cuando estos últimos fueron corriendo hasta donde estaba para abrazarla. Sin demorar, cargo al primero que estuvo más cerca de ella y le dio un beso en la mejilla antes de dedicarles una sonrisa bastante amplia, ese cuadro era el mejor cada que llegaba de trabajar.
-¡Hey! ¿Ustedes que hacen aquí, pequeños? Debían estar con su tía... No se escaparon ¿Verdad? Me molestaré mucho si me entero que entre todos amordazarón a su tía y está escondida en el ático de su casa en espera de que alguien la saque... Aunque tampoco es como si me enojara mucho.-
Ryoha, su pequeña niña y que llevaba su apellido, fue la primera en hablar, notandose un poco más su pequeña voz entre la de sus cinco hermanos.
-"¡Mamá fue por nosotros! Hizo pastel pero cuando quiso poner el agua para..."-
El olor a quemado empezó a llegarle a la nariz, consiguiendo que omitiera por completo el milagro que su hija había mencionado para bajar al pequeño Aiden e ir corriendo hasta la cocina.
-¡Amor! ¡¿Donde...?!-
La imagen que tenía frente a ella era digna de una fotografía, si tan solo hubiera tenido una cámara a la mano la hubiera tomado sin dudarlo, lo único que le quedaba era aguantar la risa y tomarse un tiempo para grabar a la perfección esa imagen en la cabeza.
-Amor... Creo que se te evaporó el agua... Un poco, no mucho.-
Rena
Ser auror era divertido, hasta que se llegaba al punto del papeleo, Rena no conocía a algún compañero que no odiara el trabajo de escritorio, al menos ella tenia a Gowther, quien se encargaba del mismo y eso le permitía salir rápido de esos tediosos días de oficina. Era algo que nunca extrañaría de ser auror, no solo por que el papeleo era revoltoso, pero en el transcurso de sus años como auror había tenido que pasar mucho tiempo en oficina.
Rena miró la hora, era bastante temprano... Sonriendo, la australiana se subió a su vehículo para ir a recoger a sus hijos a la casa de su cuñada, los niños no tenían oportunidad de subirse a su auto volador, Jurina era bastante paranoica y no dejaba que sus hijos se acercarán al auto, mucho menos subirse en el.
—Vamos niños, despídanse de su tía.
Apuró a sus hijos apenas llego a aquella casa, no solo tendrían un paseo en "montaña rusa", también tenían que ir al supermercado e ir al supermercado sin Jurina se traducía en comprar muchos dulces, comida picosa y en realidad, un paseo mas largo en el auto.
Sus gemelos de siete años, James y Lark, junto a Ryoha de seis podían subirse sin problema al auto, e incluso podian ayudarle con Linnet de cinco, pero Aiden de tres y a la pequeña Sparrow de apenas dos años necesitaba ella amarrarlos en sus asientos de bebé.
—Mamí ¿que le diremos a Okasan cuando pregunte como viniste por nosotros?
Lark, el mayor de sus hijos le recordó aquel pequeño detalle y Rena dejó de pelearse con el cinturón con el cual quería amarrar a Sparrow para mirar a sus hijos, los seis le miraban expectantes, incluido Aiden.
"–Jurina se molestará cuando se enteré."
"No lo hará"
—Le dirán que las ruedas jamás se despegaron del suelo...
Rena les sonrió y de respuesta recibió sonrisas aun más amplias que la de ella. Sus seis pequeños adoraban el auto tanto o más que ella, de hecho la única que en algún momento había vomitado al subirse había sido su esposa. Antes de subirse al asiento del piloto, Rena verifico los cinturones de sus pequeños y entonces arrancó encendiendo el vehículo.
Espero a estar fuera de la vista de su cuñada para poder elevar el auto y acelerar, sonriendo al escuchar las risas y gritos de emoción de sus bebés.
Tres horas después de haber recogido a sus hijos por fin llegó a su casa y aún faltaba mucho para que el turno de Jurina en San Mungo terminará, pero sus hijos estaban agotados. Así que con ayuda de los elfos de su residencia los acostó a todos para que tomaran una siesta.
Aprovechando la ocasión, la australiana se escabullo en la cocina, el único lugar de la casa en la que tenia prohibido entrar sola. Ni siquiera sus hijos confiaban en su mamá para estar cerca de esa parte de la casa. No los culpaba, realmente era un fiasco cocinando, siempre lo había sido. ¡Pero! Había comprado dos de esas cajas con harina preparada para pastel ¡Eso no debía ser tan complicado de hacer! Solo era seguir indicaciones, como en pociones y era buena en pociones.
Rena inició aquel proceso de hacer un pastel. Encendió el horno, cosa que si era fácil puesto que solo tenia que girar una perilla, y preparó la harina. Milagrosamente aquello no había resultado tan desastroso. Los elfos y sus hijos aparecieron uno a uno a lo largo de su trabajo y al final les sonreía a todos de manera orgullosa.
—Jurina no tarda en llegar, ¿no es así? Creo que es valido que prepare algo de pasta. ¡He demostrado que no soy tan desastre!
Pero no podía haber tanto milagro en un solo día. Rena se distrajo jugando con sus hijos y para cuando recordó que había puesto agua a calentar, ya era tarde y esta se había evaporado por completo, provocando que el recipiente donde la había colocado se quemara, dando lugar al desagradable olor a quemado.
La elfa en jefe no se hizo esperar con regaños
—¡no debe descuidar nunca la lumbre! ¿Y si alguno de los jóvenes entraba a la cocina?
Rena tenia la cabeza inclinada, mirando a sus pies como si fuera la cosa más interesante del mundo, tras ella el recipiente, ahora negro, humeaba.
Giró su cabeza a la entrada de la cocina, donde estaba una Jurina que se aguantaba la risa y tras ella sus hijos
—¡mou! ¡No te burles! Yo solo quería hacer algo de pasta para comer antes de partir el pastel...
Nunca pensé sentir algo así y menos que fuera provocando por alguien más, pero, ese tiempo sin saber nada de Jurina fue realmente el mas angustiante que pude haber experimentado.
Creo que nunca se lo he dicho, en realidad jamás hablamos del incidente, pero no hay mucho que pueda decir... Solo tal vez, que era como estar vacia y perdida, incompleta. Sumado al no saber que pudiera estas sucediendo con ella y el gran sentimiento de despreció y ganas de asesinar a aquellos que se habian atrevido a separarlas de aquella manera.
Por eso no lo pensé cuando aquel patronus se hizo presente en clase de Runas, por eso me puso en la linea de fuego para salvarla...
El dolor de no ser reconocida despues... Ese no se comparaba con el de no saber de ella. Despues de todo, Jurina estaba bien. Y saber eso era suficiente.