Intento ser consciente de mi misma. Escucho con atención una lluvia que no está cayendo y veo con coraje recuerdos que ya casi desaparecen por completo. Siento con paciencia el rencor del que me despedí hace años a solas, sin que él se despidiera de vuelta. Y me abrazo, fuerte y con ternura. Me quedo quieta, tranquila y pierdo la tensión poco a poquito porque sé que no siempre está lloviendo y que no todos los recuerdos me mantienen enojada. Ese caminito en el que se supone debes aprender a soltar el pasado y perdonar, me lo recorrí en más de una ocasión de ida y vuelta, a veces corriendo, a veces arrastrándome, pero lo aprendí de memoria de principio a fin.
El error fue pensar que el avance era lineal y seguro, hoy ya sólo me canso y me siento, un ratito o varios pero me siento y me quedo quietecita en algún lugar tranquilo que me permita escuchar de adentro hacia afuera y viceversa. En algún lugar está lloviendo, pero en algún otro, ya logré cruzar el camino.














