Fragmentos.
Se desvanecía ante su mirada perdida como gotas de vapor en una noche de niebla peregrina, en su frialdad dejaba una huella de agonía. En un suspiro dejó caer su rostro entre sus manos, la sentía resbalando por sus mejillas; la vivía y, en sus labios trémulos, moría. Entre sus dedos, una moneda... la paseaba con cautela al tanto que la miraba como si de ella dependiera su suerte. Maldijo el momento en el que la lanzó al viento...
Jamás volvió a verla.
Esa paloma aventurera no supo, o no quiso, volver. "Pudo haber sido mucho, pero terminó siendo nada", así pensaba al dar pasos inseguros sobre la banqueta que lo llevaba de vuelta a su hogar.
Miraba con ansiedad hacia las rejas, en sus ojos temblaba la luz de las velas que iluminaban el recinto donde se encontraba, la hora llegaba. Se escocían en sus entrañas la ira y la zozobra, se doblaba los dedos, tronaba sus nudillos,pudo haber lanzado un golpe, pero eligió perdonar.
Se escondió detrás de un beso y, de sus labios preso, se puso a jugar. Dibujó en sus ojos el mundo, tiñó en sus mejillas los atardeceres más tibios de Otoño, perfumó sus manos con flores de azahar. Luego... “Adiós, no me busques más", le dijo conteniendo el aliento... "No me quiero encontrar". Se miró las manos con los ojos perdidos en el mar que hacía olas en su mirada, el mismo que inundaba su rostro con imprudente vergüenza. Su primera vez... Si, era su primera vez... Y no se sentía bien, por eso lloraba... Ahí, en sus dedos, la sangre de su víctima viajaba.
Estoy aquí, déjate llorar... Inventemos una historia que abrace el alma con pañuelos de seda y lana, y olvidémonos de lo demás. Embriagado de aire, al viento se abrazaba, las alas se le quemaban, pero no le soltaba, su destino se asomaba por detrás del Sol. Pudo haber caído, pero prefirió mirar hacia las nubes para echarse a volar. El dolor de la caída no le iba a saber igual.
. . .
Así es como me gusta volar. Inventando pequeños trazos de historias, dibujando esbozos de algo que, tal vez, puede llegar a suceder. En mis manos tengo un sin fin de mundos; eternidades hechas de tinta que esperan por ser traídas a la realidad. Es de mi vida el papel que, como lienzo virgen, espera la llegada del pincel idóneo para comenzar ese viaje que lo hará hermoso ante mis ojos. Y es que somos dueños de todo lo que podamos crear en la libertad de nuestra propia imaginación. No necesitamos más. Somos pluma, tinta y papel. Es aquí, en nuestra cabeza, donde habita la más bella luz que guía a nuestra mano para sembrar palabras llenas de vida en ojos fértiles, por eso crea, tienes el poder de hacerlo, sólo suelta los miedos, la estrechez. Respira y vuela.
— Esu Emmanuel©













