Echo de menos el sonido de la llave al abrir la puerta del portal.
El olor horrible de la carnicería de al lado.
Echo de menos los dos besos para saludar.
Los abrazos para despedirme. Las caricias.
Echo de menos a mis amigas, sus risas.
Echo de menos pisar hojas secas,
el sonido de las puertas del S-Bahn cerrándose,
el miedo de escuchar al revisor del metro.
Echo de menos a mis padres, todo el rato.
Echo de menos pasear despacio,
chocarme con la gente. Pedirles perdón.
Echo de menos ir a Rewe con mis compis.
Echo de menos los viajes, descubrir las calles,
verlas llenarse de primavera.
Andar y que se me cansen las piernas.
Llegar tarde a los sitios. Tener que ir a sitios.
Ver la lluvia no solo por mi ventana.
Me da miedo perderme la primavera
y no ver los árboles llenarse de flores.
Solo ver los de mi calle.
Echo de menos ver a la gente feliz, de nuevo.
Echo de menos hablar de otras cosas,
no tener miedo constantemente.
Echo de menos decirle a mis amigas “a ver si quedamos pronto”
Echo de menos la inconsciencia, no pensar.
Echo de menos bailar, sudar, no pensar.
Echo de menos sentirme siempre bien cuando veo a Bea,
reírme de la gente con Ceci,
reírnos de nosotras mismas con Micro.
Echo de menos tomar vino con todas sin una pantalla.
Hablar con ellas de banalidades.
Echo de menos no tener miedo de mañana.
No querer sentirme ocupada.
Levantarme con prisas porque llego tarde.
Echo de menos tocar la fruta con las manos.
Compartir botellas y cigarros.
Abrazar a Bruno sin miedo.
Que Carlo se agobie con todos mis planes,
que haya planes que no necesiten internet.
Discutir por qué haremos.
Saludarnos y que casi nos besemos en la boca.
Echo de menos que los alemanes me hablen mal,
ir en bici. Salir a correr. Echo de menos usar BVG.
Echo de menos el aire, el sol y todo lo que dábamos por sentado.