Me encuentro en el salón, vagando por sus espacios, esquivando a la gente, porque mi lugar hoy, será el escenario…
Al subir las escaleras me siento decidido, cada paso que doy es más firme que el anterior, en mi mente llevo presente que mía será la gloria, me ubico en el centro, y hago a mi boca danzar mientras mis letras, por el gran salón dejo fluir.
Nunca paro, siempre continuo apasionado, me siento en la cima del mundo… abro los ojos, y veo que realmente no estoy aun en la cima, veo gente entablando pláticas, ellos no respetan mi turno, veo que unas pocas personas me ven, y prosigo…
La adrenalina nuevamente se apodera de mí, me siento vivo, siento como mis propias palabras me recorren el cuerpo, como si fuesen pequeñas hormigas caminando sobre mi piel, mi corazón late con desenfreno, y doy un gran suspiro, que me obliga a mis ojos nuevamente abrir… y lo peor sucede, casi todos se han ido…
Bajo mi cabeza, comienzo a preguntarme qué habré hecho mal, mi adrenalina baja de un golpe y mi corazón parece casi detenerse, decido sentarme en el borde del escenario, ya no me importa, después de todo este chico no tendrá eso que nunca pudo tener, un poco de atención, que alguna vez notaran que él estuvo allí, siempre vivió entre las tinieblas y hoy sólo quiso un poco de luz, quiso ser escuchado, ser entendido, quiso estar en todo su derecho de un poco de esa luz del reflector, esos aplausos soñados, esas críticas duras que lo moldearían y las suaves que lo conmoverían…
Él los quiso a todos, pero ellos nunca llegaban a él…