Carta de despedida al MC:
Cómo empezar esto es lo más difícil.
Había escuchado por días, quizás semanas atrás, que el evento Montevideo comics ya no se realizaría. Pero no fue hasta ayer, cuando una nota de prensa compartida de forma casi viral por mi circulo, que la noticia no se sintió real. Y con el sello de verificación, fue que los sentimientos empezaron a afluir.
Hoy soy una mujer de casi cuatro décadas, pero la Victoria de quince años existió alguna vez.
Una chica que tímida, callada, a la que le molestaban casi diariamente en ese liceo publico precario. No tenia malas notas, pero no lograba conectar con sus compañeros de clase, lo que hacia que su día a día fuese solitario. Ojo, no era infeliz. Esa jovencita era feliz en su mundo, solo que era un mundo personal. Uno lleno de libros de magos, de animaciones de personajes con ojos muy grandes, de cuadernos llenos de garabatos y rayones intentando que fueran dibujos.
Era el contexto que tenía esta Victoria, antes del internet, antes de los foros, antes de saber sobre su propio autismo, antes de las redes sociales, smarthphones, todo.
Recuerdo con nitidez la primera vez que oí hablar de Montevideo Comics. Fue en un noticiero, un breve anuncio con un panel de texto y una voz monótona: “Este fin de semana se realizará Montevideo Comics en Pachamama”. No había detalles, solo esas palabras, pero fue suficiente para encender una chispa de curiosidad. Así fue que en el año 2002, con solo el dinero para la entrada en mi bolsillo y acompañada de la única amiga que sabia de la existencia del anime que conocía en ese entonces, que entré en ese pub.
No entraré en detalles de lo que fue la experiencia de ese primer evento, solo te diré que, desde ese día, conté los días para cuando se hiciera el siguiente. Y el siguiente, y el otro…
Era la meca, el único espacio donde encontraba personas con mis mismos gustos, mis pares. Y en una época donde el boom de Marvel todavía no había hecho efecto, donde ser amante de anime, jugar rol, o disfrazarse todavía era visto como algo casi satánico, Montevideo comics era la palmadita en la espalda. El recordatorio de que, si bien tus gustos no eran compartidos de forma masiva, no estabas solo en este mundo.
Me pongo pensar, a hacer memoria, y todavía no caigo en la cuenta de todas las cosas que pasaron por esos apretados y calurosos pasillos. En esos donde conocí a personas que me hicieron mucho bien, personas que me hicieron mucho mal. Donde conocí a esa persona que después fue testigo en mi casamiento, y donde conocí a esa pareja que después yo fui testigo en el suyo. Donde tuve mis primeras experiencias jugando rol, donde luego fui yo quien le dirigiera la primera mesa de rol a otros jóvenes ñoños. Donde fui a trabajar, ya fuera por mesas mías, o ayudar a la de conocidos en las suyas. Por una cosa o por la otra, porque había un invitado interesante, o porque íbamos a ir en cosplay, o aunque fuera que un amigo iba ir en tremendo cosplay y lo querías ver en vivo y en directo… siempre, año tras año, aparecía una excusa para ir. Para estar en los pasillos apretados, para ver mercadería que no podías comprar, para ver jóvenes con carteles con peticiones raras, disfraces increíbles, que luego se empezaron a llamar cosplay, y luego la profesionalización que tuvo este hobby.
Montevideo Comics fue un viaje, un caleidoscopio de momentos que atesoro con gran cariño. Por eso, saber que llegó a su fin me parte el corazón. Lamento no haberlo despedido como merecía. Siempre estuvo ahí, tan constante, que tontamente pensé que sería eterno. No me di cuenta de que la edición 2024 sería el final. No habría cambiado nada, pero el no haberle dado una despedida en ese entonces hace que este adiós sea más amargo.
Aun así, elijo despedirte con una sonrisa. Gracias por esta mochila llena de recuerdos, de amistades que resistieron el tiempo, de amores y desamores. Gracias por ser el primero, el pionero en este país de gauchos y futboleros. Gracias por mostrarle a tres generaciones de nerds y otakus que no estamos solos, que incluso aquí, en nuestro paisito Uruguay, hay una comunidad que comparte esta locura hermosa de ser ñoño.
Adiós, Montevideo Comics. Para mí, siempre serás el evento oficial, el que abrió caminos, el que nos dio un hogar. Lo dice la Victoria de quince años, y la de casi cuarenta.
Gracias, de verdad. Por todo.
Victoria.













