¡TORTAS, TORTAS, ACÀ LAS TORTAS!
En medio del folclore de algunos juegos mecánicos, de jòvenes provenientes de Mèdicos Sin Fronteras (www.msf.mx) en un esfuerzo por conseguir apoyo económico por parte de la gente, mientras otros chicos ofrecìan boletos para asistir como público a La Voz Mèxico y a otros programas de Televisa, cuya logística si me permiten contarles, estuvo de lo màs deplorable e indigna, pues al llegar a Televisa San Angel en la fecha y hora indicada acorde al boleto que daba alcance para que llevaras a 6 personas màs, había tanta gente, que ya no tenìan capacidad para ingresarlos a todos, sin ofrecer por lo menos una explicación de què era lo que estaba pasando y una disculpa siquiera por el tiempo perdido, uno tenía que acercarse al staff para enterarse de que ya no lo dejarìan pasar; a pesar de ello, con un cinismo que supera lo siniestro, te otorgaban una segunda oportunidad al renovar tu pase para otro dìa, pero eso sì, tenìas que llegar como 4 horas antes para que aseguraras un lugar, ya que había gente que comenzaba a llegar mucho antes de la hora citada: tendría que ser super fan de Ricky Martin, la verdadera razón por la que estaba ahì, además de mi instinto periodístico; o de plano no tener nada que hacer para arriesgar a perder mi dìa de esa manera.
Bajo esta consecuencia, se llevò a cabo la 11ª Feria de la Torta con una duración de 5 dìas que normalmente abarcan los últimos días de julio y los primeros de agosto en la ya acostumbrada explanada de la Delegaciòn Venustiano Carranza.
Niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos podían verse por doquier en este episodio de la feria que estuvo màs que a reventar, pues casi ni se podía pasar entre tanta multitud, y que se distinguió de sus ediciones pasadas por su mayor diversidad cultural con tortas de otros estados como Puebla, Yucatàn y Veracruz, y de otros países como Argentina, Honduras y Hungrìa, asì como contar con un excelente gancho publicitario al proponerse romper el rècord mundial de “la torta màs grande del mundo” en cada inauguración, que en esta ocasión fue de 62 metros.
“La Feria de la Torta es un éxito cada año – declara Fernando Retana, quien ocupadísimo por atender uno de los 5 stands Molcalli distribuidos en distintos puntos de la feria, me recibió muy amable – por lo que mucha gente se acerca y como el espacio està abierto y el grupo està abierto a nueva gente, pues la que pueda caber, pero ahorita ya nos rebasaron los espacios por lo que es difícil aceptar o invitar a màs compañeros; a lo mejor hacerlo en otro espacio màs grande, màs adecuado sì podría ser, porque cada vez màs compañeros traen màs variedades, màs calidad, cantidad y la competencia pues es buena, y el público sale ganando.”
Su asesor comercial, Roberto Balero, quien se cataloga como psicólogo, biólogo y oceanòlogo orgullosamente UNAM, y quien mientras reparte probadas de sus moles a la gente, me relata el còmo llegaron hasta donde están:
“Yo asesoro a empresas indígenas como Mollcalli que quiere decir el templo de la molienda: tortas de mole y etcètera. Yo propongo modelos comerciales y mercantiles para abrir campos de mercado. Desde hace 12 años yo fuì uno de los inquietos que probò los moles allà en San Pedro Actopan y dije no, no es posible que esto estè na màs en el puestecito del mercado donde ellos vendìan, entonces le propuse al papà abrir campos de mercado.”
EL ORIGEN
“Hace 11 años un grupo de conocidos amigos torteros pensamos en hacer una feria y junto con algunas autoridades, nos apoyaron para hacer esta feria que ha sido un éxito porque cada año hay màs gente, màs compañeros torteros y para todos hay trabajo. A ellos se les cobra una cuota de recuperación para toda la organización… no tengo el dato pero si es un poquito alta porque son muchas cosas las que hay que costear y pagar”, continùa el señor Retana.
“No sè exactamente, me parece que estaba en 9,000 pesos aquí” predice Adam Tod, representante del stand de Hungrìa y quien se dedica a las exposiciones gastronómicas, al cuestionarle sobre el precio a pagar por un stand en la Feria de la Torta:
“La diferencia es que nosotros llegamos por invitación, por medio de la embajada, ya que hemos estado en eventos masivos como la Feria de las Culturas Amigas durante 5 años y hemos sido del gusto del paladar mexicano, entonces nos han ido invitando a diferentes ferias; y la diferencia entre exposiciones es que son un poquito màs completas, lo dejan a uno poder ofrecer desde lo que es reposterìa, platos fuertes, en este caso sándwiches o tortas, entonces la gente se puede dar una idea màs general de què es la gastronomía de cada país.”
“Por ejemplo – prosigue Adam - las tortas las definimos en Hungrìa màs que nada por la pàprica, la pàprica es un chile nacional, de hecho las primeras plantas de pàprica salieron de Mèxico y fueron adquiriendo diferentes características con el subsuelo húngaro, es màs que nada por cuestión de sazòn; se manejan también muchas carnes frìas como el lomo de cerdo, la mortadela y las especias.”
La variedad de colores y texturas para el sentido del gusto ha sido un hecho que se ha superado hasta ahora en la feria; sin embargo, ¿què hay de los precios?, pues el costo màs barato por una torta es de $45 pesos, que desde mi experiencia, sòlo incluyò la telera partida a la mitad embarrada de un cucharòn de mole… ¡y ya!, a la cual, por un mayor precio, podían agregarle quesito, aguacate y hasta jitomate.
EL DESQUITE
“Son precios populares de una torta normal, - me dice Fernando Retana, quien se proclama molero de nacimiento - hay algunas fuera de serie que los costos de los ingredientes son altos, entonces el costo de la torta también es alto, pero vale la pena muchas veces porque sòlo aquí en esta feria puedes encontrar la variedad de carnes, de mariscos, de moles; nosotros contamos con avestruz, guajolote, pavo, y asì cada año van surgiendo màs ideas y cosas nuevas y sì, de acuerdo al ingrediente de la torta es el precio.”
Con respecto al tema de los precios, Adam confiesa que “a comparación de los vecinos hay tortas nuestras que podrían parecer o sonar un poco màs caras, pero màs que nada es por los insumos porque manejamos panes especiales, insumos de primera calidad, entonces hay veces en que no se pueden bajar un poco los precios, pero la gente sì lo valora y regresa, de hecho, la gente ha respondido muy bien, se dan la oportunidad de probarnos dentro de todo y pues bastante bien, el sábado hasta entrada la noche estuvimos vendiendo.”
“Los precios si han aumentado porque aumentan los insumos: el mole, el jitomate, la cebolla, el aguacate, la carne; por ejemplo, hace 11 años nuestras tortas estaban a 23 o a 25 pesos y ahorita están a 45” revela el señor Balero.
UNA MEJORADITA
La opinión de la gente en general sobre la feria es muy buena, la describen como “està muy bien” ò “tiene lo necesario para comer y divertirse un rato” ò “son accesibles los precios y están muy ricas”; ¿què le faltarìa a este evento entonces para encontrarle un “pero”e incitarla a mejorar?
“A lo mejor que tuviera un poquito màs de difusión en diferentes colonias de toda la capital mexicana, porque nosotros por ejemplo venimos del sur de la ciudad y se escucha muy poco acerca de la feria de la torta” considera Adam.
“Faltarìa un poco màs de apoyo del gobierno para que se hiciera en un espacio donde contàramos con estacionamiento, servicios de todo tipo: seguridad, sanitarios, etcétera” expone por su lado Fernando Retana.
“¡Mesas y sillas!” me responde de inmediato una chica de Ecatepec acompañada de un grupo de amigos; y una señora proveniente de la delegación Iztacalco me dice “como que la gente anda muy acà porque hay muchas cervezas”; sin embargo, el control de bedidas alcohólicas en futuras ediciones será sòlo un sueño, pues mantienen un rol fuerte como patrocinadores; de igual manera pasarà con la basura generada, ya que la feria no contò con los botes indicados y suficientes para toda la comida desechada por parte de sus comensales.
CONCLUSIÒN
Un evento pensado para la clase media baja en particular, donde los protagonistas, màs que la torta en sì, son los mariachis y la música de banda, salsa y cumbia que propician un ambiente festivo, significativo en la cultura popular mexicana que encaja como anillo al dedo en un target objetivo en particular: las familias.
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