EN J`FEST NO ENCONTRARÀS A COREA Y A JAPÒN, SINO LA VERSIÒN MEXICANA QUE SE TIENE DE ÈSTOS
Este sábado 12 y domingo 13 de abril se llevò a cabo el J`FEST 2014, que en medio de un sin número de adolescentes àvidos por el K`POP; revueltas entre el staff de J`FEST y un público arduo por presenciar a Lunafly; y aparentemente una edición pobre en cuanto a contenido y audiencia comparada con las anteriores, hicieron de este “festival” (nótese que va entre comillas) uno sumamente sintomàtico.
EL FIN JUSTIFICA EL SACRIFICIO
¿Alguna vez has sentido el llamado por la cultura oriental? He de admitir que yo sì, al grado de arriesgarme a tomar clases de japonès con sus mèndigos kanjis y acudir a conferencias sobre pintura al òleo, sòlo porque sus japoneses autores estarían ahì en vivo y en directo, aunque no tuviera interés alguno por esta técnica de arte. El caso es que este afán me llevò a solicitar el voluntariado en cuanto vì por Twitter la convocatoria por parte de la cuenta oficial de J`FEST.
Son 3 los distritos que conforman el festival: Shibuya, dedicado a la moda y mùsica de Japòn, donde de moda no había absolutamente nada por cierto, por lo que sòlo había espacio para ofrecer un escenario mediocre y una perspectiva muy pobre en cuanto a la música del país de oriente; Akihabara, especializado en el anime y cosplay, donde nunca se ofreció contenido que pudiera explotar y hacer brillar a quienes se dedican al cosplay; y Hongdae, cuyo fuerte es el Hallyu, que para todos aquellos no familiarizados con el tema, se refiere a la ya afamada ola coreana, y donde nuevamente, se ausentò el profesionalismo de quienes organizan este festival, pues sus “camerinos” (nótese que va entre comillas) eran 2 pequeños e improvisados cubículos que tenìan que albergar a grupos de màs de 10 personas cada uno cada determinado tiempo, sin lo màs básico para ofrecer, como espejos de tamaño completo, espacio digno y botellas de agua mínimo. Les había ganado un tanto el cinismo a los organizadores y sòlo habían puesto un garronzote de agua que ni tiempo y espacio daba para abrirlo, cargarlo y servir, debido al congestionamiento de personas que se armaba para pasar por ahì.
Se me había asignado a este último, en el área de camerinos, comprometièndome sòlo de palabra a trabajar 10 horas, 5 por cada dìa, donde mi única recompensa sería que al terminar mi tiempo, podría disfrutar de todo el festival con toda libertad… ¡ah!, màs aparte, podía quedarme la playera azul que me habían dado con el logo estampado de J`FEST, haciéndoles publicidad GRATIS cada vez que la usara, el mismo cruel objetivo me pasò con la mochila negra que me regalaron en Campus Party 2013 con el logo de su máximo patrocinador plasmado justo al frente; pero no es culpa de ellos, es parte de la adaptabilidad que exige el capitalismo con algo que denominaron merchandising… què le vamos a hacer.
“MK Entertainment es una poderosa empresa que junta a todos estos grupos” me explica Lupita, mi compañera de voluntariado y leal seguidora del gènero musical coreano, ante mi sorpresa al presenciar en su mayoría, a chicas y chicos gay desde 11 hasta 22 años aproximadamente, conformando grupos de hasta 10 personas con sus amigos y/o familiares para imitar a sus artistas de J`POP y K`POP favoritos a través de dance covers, – “ninguno recibe paga, todos lo hacen porque les gusta” me aclara Lupita.
Ante los ojos de un ajeno, la paga monetaria, si la hubiera, no serìa tan significativa para estos jòvenes como el aplauso, los gritos desenfrenados del público y las fotos que les piden al finalizar sus presentaciones. El autoengaño es el juego que hay que jugar, pues significa añoranza para estas jovencitas que transmiten su fanatismo hacia estos imitadores ante la ausencia de tener a sus ídolos en carne y hueso; èstos, a su vez, con semejante respuesta, no falta quien infle su ego y lance comentarios como: “¿Producciòn?, ¿tù eres de producción verdad?; porque con eso sì me pongo un poco exigente”.
Desde otra mirada, cuando estàs ahì, puedes notar las gotas de sudor resbalando por sus caritas adolescentes debido a la pasión que impregnan cuando bailan, son profundos admiradores de este pop oriental muy industrializado y con poco que presumir en cuanto a la creatividad de las canciones hay que admitirlo, pero a quièn le importa eso cuando se puede jugar el rol de ìdolo aprovechando esas melodías tan pegajosas. La magia està ahì, paradójicamente no en la música, sino en el concepto construido para cada grupo musical cuyos integrantes fungen como personajes que cumplen con estereotipos comerciales muy especìficos, hacièndolos inalcanzables.
“Viendo y reviendo y volviendo a ver los videos en Youtube es como nos aprendemos las coreografías” me confiesa Lupita, quien apenas acaba de comenzar la Universidad y quien ha conformado con sus amigas de la prepa su propio grupo de dance covers.
A pesar de todo, también es verdad que una tremenda energía se contagia, y aunque no te sepas las letras y los pasos, el anhelo por experimentar el escenario es casi inevitable. Que maravilloso es ver a estos jóvenes interesados en cada detalle de su vestuario, de su apariencia, de su presentación, que muy probablemente la gente ni lo distinga, pero para ellos es sumamente importante, y cuyas coreografías presumen de pocos errores, casi a la perfección como las hacen quienes admiran.
Admirable es a su vez, verlos con esa vitalidad y con esa hambre de ser reconocidos. Me pregunto si sòlo será un fanatismo arraigado por esta moda Hallyu, una admiración pasajera justa de su edad y que quizá no perdure en ellos a medida que crezcan; ¿o en verdad estarán interesados en aprender otras cosas màs allà sobre la cultura coreana o japonesa?
“La Cara Oculta del K-Pop. Documental: La Ola Coreana” (2013, enero 9). Extraìda el 14/04/2014 desde
http://www.youtube.com/watch?v=lDq7NRpdEdQ#aid=P81Ptf39eNw
VOLUNTARIADO ES IGUAL AL AMOR CIEGO
A poco màs de mis 5 horas establecidas, ya no estoy para màs, y dejo a Lupita a cargo de todo, quien en ambos días se aventò la jornada entera del J`FEST sin que ni una sola vez algún encargado o superior le otorgara un “gracias” de vez en cuando o mínimo una botella de agua y una barrita para obtener energía y apaciguar el hambre. Parece que ser VOLUNTARIOen nuestra cultura es sinónimo de no querer ni lo màs básico a cambio: “todo es por amor al arte”.
He olvidado quitarme la playera azul para disfrutar del festival, pero gracias a ello, conozco a las reporteras de Generaciòn KPOP, una radio web especializada justo en el tema (¡por todos los dioses, jamàs se me hubiera ocurrido!); cansadas, pero aùn con una actitud accesible y super dispuestas para cubrir lo màs sobresaliente del festival, comprobándomelo con fotos en su celular con los integrantes de las bandas invitadas; justo en ese instante, deseè con todas mis fuerzas pertenecer al área de prensa, y no de producción. Antes de irse a su siguiente ronda por todo el festival, me aconsejan “compra afuera, porque aquí està carísimo”. A la par, me reencuentro con grandes amistades de antaño e incluso me llaman quienes tienen stands, y entre todos ellos, por aquí y por allà escuchando uno que otro comentario, es como me entero de la baja afluencia que tuvo esta edición en comparación con la del año pasado.
“Le dieron mucha importancia a la edición J`FEST Guadalajara. En redes sociales casi ni nos difundieron, ni siquiera a los stands de màs peso” me platica Karinna, artista y diseñadora del stand Aloha Neko, - “este año el precio por estar en el festival subió a $5,000 pesos, y la verdad es que hoy domingo no nos ha ido tan bien”. “¿Y a ustedes cuànto les paga el J`FEST?” - me pregunta el papà de Karinna al verme con mi playera azul, - “porque de que entra dinero al festival, entra dinero eh”.
“En ediciones anteriores, en especial los domingos, esto estaba a reventar” me cuenta Lilia, una joven que pasa los 30 años, pero luce como en sus plenos 25, egresada de la FCPyS UNAM, leal desde su adolescencia a todo lo relacionado con la cultura coreana y japonesa, - “si te fijas, varios stands ofrecen casi lo mismo, asì que novedad pues en sì no hay. Ademàs, el J`FEST en sus redes sociales, prometió varias cosillas que se acostumbran en Corea y Japòn, como unas deliciosas donas y moda en particular que nunca vì”.
Siendo mi primera vez en el festival, la realidad es que esperaba mucho màs, haciendo alusión al título “J`FEST”, que interpretè como festival de Japòn, por lo que vino a mi mente conferencias con expertos en la cultura oriental, presentaciones teatrales kabuki, combates en artes marciales, muestras tecnológicas, pues estos países son la cumbre de la tecnología mundial, con la esencia misma de su cultura y no tanto lo comercial que ofrece el mundo oriental como productos de la globalización; escuelas de idiomas ofreciendo sus mejores becas y descuentos, comida casera y variada y no las mismas marcas en la mayoría de los stands con alrededor de $5 pesos de diferencia entre unos y otros ¡por todos los dioses!
“Hey, vayan afuera a las filas y revisen que la gente traiga su sello y la G, quienes no lo tengan, sàquenlos”, me ordenò un hombre moreno, de anteojos y con un gafete alrededor del cuello, sin opción para decirle “oye… es que ya terminè mi turno”. En un abrir y cerrar de ojos, ya me encontraba con ambas manos sujetas por otras compañeras voluntarias, formando una valla humana porque la gente estaba enojadìsima por no permitirles la entrada al concierto de Lunafly, la máxima atracción del festival en su primera edición de este año, a pesar de contar con su boleto; evento que por cierto, ya había comenzado.
El caos se hizo manifiesto. La gente le reclamaba a miembros del staff y hasta a los voluntarios, a quienes durante todo el festival, no se nos informò absolutamente de nada, gritoneándonos sobre nuestra falta de organización y el fraude que èramos, que nos iban a demandar y que nuestra falta de responsabilidad no se quedarìa asì.
Jamàs supe què significaba la G con el sello, el sello solito y por què algunos no tenìan ninguno de èstos pero sì tenìan su boleto para el concierto, y el por què se había puesto a la gente en màs de una fila. A fin de cuentas, a todos quienes esperaron y estaban formados se los dejó pasar, y con un concierto que estaba a punto de llegar a su clímax, las voluntarias, por iniciativa propia, nos escabullimos a disfrutar de nuestra recompensa hasta lo màs cerca permitido a los integrantes de Lunafly:
http://youtu.be/0KypqZWN_JE
https://www.youtube.com/watch?v=q3Ul_39jqPg
Entendì todo. Entendì el por què de los gritos, la eterna espera, la ferviente admiración. Estos artistas cubren el estereotipo que toda fémina anhela tener a su lado: atractivos, buena onda, románticos, aunado al misticismo que tienen por el hecho de pertenecer a una cultura distinta y que muchos evidencìan preferir sobre la suya propia por considerarla mejor, lo que eleva su poder de atracción, y no dejarse cautivar por ello, simplemente va en contra del instinto humano; y la industria es muy consciente de èsto. Todo había valido la pena; sòlo por haber tenido la oportunidad de experimentarlos.
Al final, con un par de desmayados como saldo, no por Lunafly en sì, sino por la presión ejercida en medio de tanta gente, cada miembro de la banda salió custodiado con un hombre a cada lado, uno detrás de otro como ráfaga que lleva el viento; eso sòlo lo había visto en televisión en casos muy particulares como con Michael Jackson o Justin Bieber. Se marcharon en una camioneta blanca; y esa fue la última vez que los vì.
Despuès de todo lo que pasamos, no fue sino hasta el final cuando conocimos a algunos del equipo J`FEST, como a nuestra “mamà”, como ella misma se presentò, la coordinadora de voluntarios, entre otros asistentes de producciòn que nos contaban que a pesar de pertenecer al festival, nunca les había alcanzado el tiempo de comprarse algo, pues siempre estaban ocupados resolviendo esto o aquello; y lo duro que es manejar a la gente, sobre todo a las mamàs de las adolescentes, pues en medio del caos, habìan sido atropellados e insultados, y ellos no podían responder a ello. Valorè entonces, no tanto su trabajo, sino su esfuerzo.
Al dìa siguiente, J`FEST lanzò un mensaje por redes sociales como disculpa:
https://m.facebook.com/JFestMX/posts/715929405096393
Me fuì a casa con una experiencia nueva, tanto para bien como para mal, lo que la enriquece al doble, y con un conocimiento que ignoraba sobre lo que les interesa a las jóvenes generaciones. J`FEST, a pesar de todos sus contras, es un espacio saludable, excéntrico y dedicado a ellos, aspectos que los medios masivos de comunicación no les ofrecen, el Estado no atiende y la sociedad en general subestima; y eso que los jóvenes son el sector poblacional que màs abunda en Mèxico según el último censo realizado por INEGI.
J`FEST no es un festival sobre la cultura coreana y japonesa como algunas publicaciones en sus redes sociales y su presentación en su página web nos quieren hacer creer; J`FEST es màs bien un espacio para estar al tanto de lo màs popular de estas culturas orientales, ofreciendo en la mayoría de sus stands, de sus eventos y presentaciones, la perspectiva mexicana que se tiene sobre estos mundos, màs que acercarnos a su forma de vida y cultura en sì, lo que no està mal, al contrario; sin embargo, el dìa en que J`FEST se percate de ello y trabaje en eso de manera especìfica, tendrá posibilidades de ofrecer a su público un festival único y positivamente inolvidable.