Gerardo Murillo nació en Guadalajara el 3 de octubre de 1875. Aprendió a pintar a los 19 años. Después ingresó al Instituto Científico y Literario del Estado para continuar su educación. Pero él quería emplear su conocimiento, por lo que viajó a México para estudiar en la Academia de San Carlos y en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Gracias a una beca, puede estudiar en Inglaterra, Alemania, Francia, España e Italia. Cursa la carrera de Derecho y Filosofía en Roma y Derecho Penal en la Soborna de París. Se especializó en periodismo y en pintura y llega a obtener una medalla de plata por un autorretrato.
En 1951, decide cambiar su nombre por el alias ´Atl´, que significa agua en náhuatl. Explicó que el cambio de nombre se debió a su interés “en tener una manera de referirse a él acorde a su personalidad independiente, que surgió de las circunstancias y no de la imposición de sus padres”.
Cuando se le acabó el dinero, regreso a México y decide hacer una protesta por una exposición de pintores españoles, recibiendo el encargo de organizar una con artistas de su tierra y defendiendo un gran frenesí por la pintura renacentista, el neoimpresionismo y el fauvismo. Comenzó a dar clases en la Academia de San Carlos de la Ciudad de México, donde tuvo alumnos como; Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.
En esos años su carrera ya era imparable, y regresa a Europa para realizar exposiciones, además de que fundó el periódico Action d'Art y también la Liga Internacional de Escritores y Artistas.
Su arte alcanzo tal estabilidad que a partir de la época de los 30 se dedicó a pintar retratos y paisajes, una de sus obras más reconocidas fue el retrato de la pintora, poetisa y modelo mexicana Carmen Mondragón, con quien sostuvo un romance y a quien él mismo bautizó en 1921 como Nahui Ollin.
Otras de sus aficiones eran los volcanes y la unió con su pasión por la pintura y con este propósito desarrolló los atl-color, una aportación técnica que consistía en aplicar tintes secos o resina con los cuales se podía imprimir sobre papel, tela o roca.
Por un tiempo se vio impedido a seguir escalando volcanes y montañas, ya que le amputaron la pierna derecha. Entonces decidió dedicarse a sobrevolar los cielos, lo que le permitió alcanzar una visión más amplia de los paisajes, creando así los aeropaisajes, que son conjuntos geográficos tomados desde las alturas.
En vida, donó la mayoría de sus obras al Instituto Nacional de Bellas Artes y por toda su trayectoria y trabajo recibió la Medalla Belisario Domínguez en 1956 y el Premio Nacional de Artes en 1958.
Falleció el 15 de agosto de 1964 por complicaciones respiratorias, posiblemente empeoradas por sus largas exposiciones al humo de los volcanes. Sus restos descansan en el Panteón de Dolores en México, en la Rotonda de los Hombres Ilustres.