Demonios ¿seres de maldad pura?
La idea de los demonios como el mal es obra del cristianismo, que a su vez se apoya en el pensamiento judío que considera al demonio como un ángel caído. Según el catolicismo los demonios tienen una naturaleza malévola, opuesta a la celestial; son enemigos del hombre e inferiores en la escala cosmológica, y además, no tienen posibilidad de transformación o modificación.
En realidad, el vocablo demonio proviene del griego daimon, que se vincula con el espíritu divino, sabio y poderoso.
En la cultura occidental, la figura mítico religiosa del "demonio" tiene connotaciones y funciones diferentes y aún contrarias a las del budismo, en donde las figuras demoníacas tienen elementos y símbolos con funciones y significados distintos.
Los demonios tibetanos: Narakas, Dharmapalas e Yidams En el budismo tibetano, las representaciones iconográficas de las deidades iracundas en las thankas (pinturas con deidades budistas) y en los murales de los monasterios, pueden horrorizar a un observador neófito.
La naturaleza de los "demonios" en el budismo tibetano
El término demonio abarca distintas categorías de seres en esta cultura; la que se parece más al demonio occidental es la de los seres que moran en el reino del infierno, los llamados Narakas. El reino del infierno, en la Rueda de la Vida, es la representación del espacio en el cual renacen los seres que han acumulado karma negativo en sus diversas vidas.
Pero nada es para siempre: la permanencia en el reino de los infiernos es muy larga, pero no eterna. Una vez que el karma negativo de estos seres se agota, o acumulan algún acto positivo, pueden trasmigrar a otro reino.
Otras figuras con apariencia demoníaca son las imágenes de las deidades búdicas representadas con actitudes coléricas; estas deidades asumen esta apariencia iracunda, de acuerdo a las funciones que desempeñan en la cosmología budista, y al deber y responsabilidad que se les han otorgado.
Estas representaciones, en general, se llaman los Dharmapalas, que son los "protectores del dharma" (las enseñanzas budistas). La tarea que tienen asignada es, principalmente, la de proteger la institución budista contra los adversarios, así como preservar la integridad de las enseñanzas. De aquí que su aspecto sea el de seres fieros, en acción iracunda y agresiva, con múltiples armas y ornamentos terroríficos, rodeados de fuego y acompañados de una comitiva también de seres coléricos y fieros animales.
La segunda rama son los "protectores mundanos o peligrosos". Algunos de ellos tienen su origen en deidades prebudistas o en espíritus selváticos o de las montañas, que en otro tiempo fueron enemigos del budismo, cuando este llegó al Tíbet entre los siglos VII y VIII. Un gran número de ellos fueron subyugados por Padmasambhava, cuando este gran yogui arribó al Tíbet, en el siglo VIII, y, posteriormente, por los grandes practicantes y yoguis budistas; de esta forma, fueron convertidos en guardianes del budismo y están "atados por un juramento".
Una tercera categoría es la de los Budas Airados, también llamados Yidams. Son deidades búdicas que, aunque se manifiestan en forma furiosa, son Budas o Bodisatvas totalmente iluminados que desempeñan actividades diferentes. Cada una de estas deidades manifiesta distintas capacidades; así, el aspecto colérico de Vajrasattva, el buda de la Purificación, se transforma en Vajrakilaya, que personifica la Actividad Iluminada de todos los Budas; Manjushri, el buda de la Suprema Sabiduría, toma la figura de Yamantaka, el Exterminador de la Muerte, etcétera.
Así pues, estas tres clases de seres coléricos (los protectores mundanos, los protectores iluminados y los Yidams) tienen funciones protectoras semejantes, aunque no siempre idénticas. De esta manera, los protectores iluminados protegen el dharma y distribuyen bendiciones y favores contra la enfermedad y otros peligros personales; los protectores mundanos, que están bajo juramento, protegen el dharma y son invocados para proteger a los practicantes en su vida física, cotidiana y material; los Budas Airados o Yidams proveen de ambas dádivas, pero en especial son un medio para que los practicantes logren la transformación mental y la total iluminación.
Fuente: Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, 2012 http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-30822012000200012












