«En general la postulación de entidades reales no existentes es una consecuencia de la superstición, a la que acabamos de referirnos, de que para toda palabra o frase que pueda ser el tema gramatical de una oración tiene que haber, en alguna parte, una entidad real correspondiente. Porque, como en el mundo empírico no hay lugar para muchas de esta “entidades”, se invoca un mundo especial no empírico para alojarlas. A este error deben atribuirse, no sólo expresiones de un Heidegger, que basa su metafísica en el supuesto de que “Nada” es un nombre que se emplea para designar algo misterioso, sino también el predominio de problemas tales como los relativos a la realidad de las proposiciones y universales cuyo absurdo, aunque menos obvio, no es menos completo.»
A. J. Ayer: Lenguaje, verdad y lógica. Editorial Planeta-De Agostini, pág. 47. Barcelona, 1986.
TGO
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