Tratado del Nfumbe.
El negro congo que entra de lleno en el corazón del monte no duda de las fuerzas sobrenaturales que allí residen bien sean invisibles o visibles de dioses o espíritus, por eso el monte es sagrado y en él viven las divinidades y los santos y a su ves estos viven más en el monte que en el cielo.
Nosotros somos hijos del monte porque allí empezó la vida, los santos nacen del monte y nuestra religión…
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