Entrevista Alice Favaro, 11/19/2012, Buenos Aires.
Entrevista Alice Favaro, 11/19/2012, Buenos Aires.
Alice Favaro, nació en Venecia, es actualmente doctoranda en la Escuela de Doctorado en Lenguas, Culturas y Sociedades Modernas en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia. Se ha licenciado en Lenguas y Literaturas Hispanoamericanas en la misma universidad. Su campo de estudio se centra en las transposiciones de literatura a historieta y en las intersecciones entre los dos medios, con una atención particular por la literatura argentina. Colabora en la organización de eventos e iniciativas literarias. Ha compilado las actas del congreso internacional “Fuera del mundo” y editado artículos sobre Renato Pestriniero, Hugo Pratt, Emilio Salgari, Antonio Di Benedetto y sobre las mediaciones entre poesía y cómic. Forma parte del grupo de estudio ‘Laboratorio per lo studio letterario del fumetto’ y del LISaV, Laboratorio Internazionale di Semiotica a Venezia.
Leonardo Kuntscher, nace en Buenos Aires en 1982, ciudad donde vive y trabaja. Lector incansable de ciencia ficción, ha hecho de este género uno de sus ejes de investigación. Formado en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, es autor de los ensayos Los enemigos de Voltaire (2006), El recreo de Holmberg (2007), Los vecino de Dick (2009), Timeo, un estudio sobre todas las cosas (“Platón en el Callejón”, Eudeba 2012). En su trabajo como guionista y editor se destaca la adaptación de la obra de Holmberg, El maravilloso viaje del señor Nic-Nac (2012-2013) en Anexia Ediciones.
AF: ¿Cómo fue que llegaste a la producción del libro y cómo te relacionaste con el mundo de la historieta argentina?
LK: Yo quería ir por el lado de la literatura fantástica. Acá tenemos una tradición de literatura fantástica muy importante. No es el realismo mágico de la literatura latinoamericana...
LK: Sí. En el Río de la Plata tenemos lo que llamamos literatura fantástica que es diferente al realismo mágico. El realismo mágico se centra en lo irreal, lo imposible desde el punto de vista de la lógica, pero mostrado dentro de una cotidianidad.
LK: Sí, podría ser. O cosas disparatadas. Tira por lo mágico. En cambio, el fantástico tiene otras características, sobre todo acá, que tal vez es más racional, que se borra la distinción entre lo real y lo fantástico (si lo haces bien, claro). Y hay un montón de teoría. Básicamente yo soy una persona más teórica.
AF: ¿Y qué querías hacer con lo fantástico?
LK: Me interesaba ese tema. La ciencia ficción norteamericana no es exactamente lo que a mí más me gusta. Cuando digo ciencia ficción todo el mundo piensa en eso. Es que nos criamos viendo eso. Después me interesó la ciencia ficción europea básicamente, y sigo leyendo ciencia ficción europea porque tiene una crítica social.
AF: ¿Qué tipo de ciencia ficción?
LK: De la vieja. Nic-Nac lo empecé como un guión de cine. Estaba interesado por el cine y por hacer específicamente adaptaciones, pero me acuerdo que un profesor de Letras me dio Nic-Nac y lo empecé a leer y dije “Qué bizarro que es esto”. Intenté hacer una película pero yo no sabía escribir guiones exactamente. Hice clínicas y talleres... Igual, las ideas son las ideas. Vos no vas a ir a un taller para tener buenas ideas.
AF: Claro. Pero el guión entonces te salió así como adaptación.
LK: Sí. Todo se juntó cuando, en otro grupo del que participo, un seminario de investigación y debate donde cada año se elige un tema, el tema fue el siglo XIX. Yo investigué a Holmbeg con la introducción del darwinismo en Argentina. Porque Holmberg, además de escribir estas locuras, trajo el darwinismo a la Argentina antes que en Estados Unidos. Todo el mundo dice “América” y piensa que es Estado Unidos, pero hay tantos hitos en el resto de América como en el norte. Yo venía leyendo historietas más o menos desde el 97, 98, tenía 16, 17 años, formaba parte de un grupo muy chico. Ahora, después de más de 10 años empecé a ver gente que escribe en los diarios, que eso antes casi no existía, y lo toma como una cosa teórica, gente que estudió antropología, sociología, letras y demás, con la cual me siento un poco más identificado y no con los chicos que son solamente fanáticos.
AF: Claro. ¿Podría hablarse de un estilo, una “argentinidad” en la forma de la creación de historietas?
LK: No me quiero meter en que es “argentinidad” y que no. Mucho no me interesa. Yo creo que lo importante de acá es que cualquiera puede ser argentino y cuando convivimos los somos. Es como lo que dice Hume “Primero nos juntamos y después vemos que hacemos” (parafraseado).
LK: En ese “vemos que hacemos” se crea lo que somos; no preexiste. Y a veces con la historieta pasa que tenemos un fantasma que es la gloria de los tiempos Oesterheld y compañía, cuando se editaban 500 mil ejemplares por semana. Hay gente que quiere volver a esa época como si fuera una esencia, y yo ahí digo “No. La cosa cambió”. Cambiaron las circunstancias. Volveremos o no, pero no es algo que “hay” que hacer. “Hay que vender mucho” dicen, pero no se ponen a pensar qué es lo que están haciendo, qué están ofreciendo como producto.
La historieta es un producto. En ese momento eran revistas. Se vendían y se tiraban. Hoy en día una revista puede salir cara, ocupar espacio en tu casa, puede pasar por internet, etc. Hay dos cosas que hay que hacer: una es tener lectores y la otra es poner plata. Pero para tener plata necesitas lectores y para tener lectores necesitas plata. Como uno se determina y superpone con el otro, termina siendo todo un universo que depende de cosas simbólicas, en el que si salís en una revista conocida o suplemento cultural, empezás a vender. Al principio tuve que tener una buena cantidad de plata sin saber si lo iba a vender, es decir, si había mercado. Pero yo tenía fe porque, como es una adaptación y tenía el nombre de Holmberg, mucha gente iba a prestar atención.
2. UBICARSE EN EL SIGLO XIX
AF: ¿Cómo lo adaptaste? ¿Cómo te salió la idea? ¿Conocés toda la obra de él?
LK: Sí. Primero me centré en una antología de Holmberg que se llama “Cuentos Fantásticos” que tiene una muy buena introducción de Pagés Larraya que es un teórico que conoció bien la obra de Holmberg antes de que se destruyera, porque se perdió, se fundieron las placas dónde estaba la obra de él y muchas cosas no se volvieron a editar hasta entrado el siglo XX. Ese libro trae todos lo cuentos más conocidos. Esa introducción está muy buena porque va paso por paso y habla de cuentos que no están en ese volumen, que después, mucho más adelante, Sandra Gasparini, que presentó nuestra adaptación de Nic-Nac y que es especialista en la obra de Holmberg, lo reeditó, pero había que buscarlos en ediciones viejas en casas antiguas.
Como bien marcó Luis Pestarini en la presentación también, nunca se le dio importancia a la obra literaria de Holmberg, sí siempre a la científica. El premio nacional de ciencias biológicas lleva su nombre, lo mismo que viveros, aulas, e escuelas, incluso hay una montaña en el sur que se llama Holmberg. Para los biólogos está ahí arriba (no de la montaña, me refiero al prestigio). Fue el que empezó el estudio de la biología en Argentina. El estado no daba plata a ningún naturalista, hasta que vino Roca. Hizo toda la modernización del país en el sentido institucional, que bueno... incluyó la matanza de los indios indiscriminadamente. Antes a los indios se los intentaba evangelizar o civilizar y hacían desastres. Ahora con Roca se utilizó la teoría darwinista para decir “la teoría científica dice que nosotros, el hombre blanco, somos más evolucionados, desarrollando cierto tipo de armas, y que según esta evolución nosotros tenemos derecho a esas tierras”. Pero bueno, a nivel científico fue muy importante, en la clasificación de las especies, y cuando el Estado tiene mucho interés en fomentar una teoría, algún rédito debe tener. Así que la Argentina se volvió darwinista antes que nadie porque le garantizaba el nuevo lugar que ocupaba en el mapa de la división internacional del trabajo donde Sudamérica produce la materia prima, Europa hacía las manufacturas. Nosotros vendíamos vacas u ovejas a los ingleses y por eso había que erradicar a los indios de esas tierras para poder pastorear. Roca es una figura odiada pero que al mismo tiempo hizo todo como para que se creen las instituciones que hasta hoy en día imperan y que usamos. Y eso me interesa. Es como un mundo problemático donde se puede pensar.
AF: ¿En qué año se escribió la novela?
LK: La novela fue escrita en 1875 pero decidí ubicar la historeita en 1880 porque no había documentación suficiente y la fisionomía de la ciudad no había cambiado mucho. Sí cambió después de 1880 con la primera gran inmigración y el modelo agro-exportador. Entonces dije “El filo está en 1880 y Nic-Nac está en Buenos Aires y viaja a Marte donde hay un reflejo de la sociedad argentina” que también es un filo. En Marte hay una ciudad que no sería exactamente Buenos Aires sino una ciudad tipo argentina, donde hay un barrio de los religiosos y otro de los sabios (científicos), que investigan el universo, que se pelean entre ellos, los sabios, porque tiene mucha pasión en sus teorías, mientras que lo teólogos son tranquilos y hacen sus rituales y no molestan a nadie. Lo más parecido a un conflicto era algo que no se resolvía. Era muy desprolijo Holmberg cuando escribía. La historia no tenía final. Se produce una batalla entre los barrios y hay un incendio, se supone, iniciado por un tipo que era híbrido loco de los dos barrios. Supuestamente era por la venganza, porque las mujeres del barrio de los sabios, Sophopolis, habían sido raptadas por los del barrio de Theópolis, el de los religiosos. Esto era lo más parecido a lo que hoy llamamos una intriga.
AF: Tuviste que documentarte. Todos los detalles, ¿los escribiste vos?
LK: Sí. Hay una escena con la cual empieza la novela que es en la Plaza de la Victoria, que es la actual Plaza de Mayo. Las documentaciones que hay en ese caso son todas fotografías del Archivo General de la Nación. Además, de la vida en Buenos Aires te vas enterando, por ejemplo, que en el teléfono empezó en 1880, entonces no había cableado en las calles, detalles de cómo se debería ver. En 1880 se produce una revolución y la ciudad se federaliza como capital junto al puerto. Ahí empieza el país institucional como lo conocemos. Acá las distancias eran (son) muy grandes y se tenían que mover a caballo o a pie, había poco tren, entonces lo refuerzo tardaban en venir. Tejedor, que era el gobernador de la provincia de Buenos Aires, que tenía mucho poder, compró las armas en Alemania, y tenía como 50 mil soldados en una ciudad naciente, ¡una bestialidad!
AF: ¿Vos llevaste al dibujante todo eso?
LK: Sí, claro. Cuando decidí hacerlo en historieta fue en el 2007. Yo me fui a Tucumán a buscar un libro sobre el abuelo Holmberg, “Holmberg el artillero”, que estaba en Salta. Fui a un congreso de filosofía (que no me interesó en lo más mínimo) pero llegué hasta Tucumán Capital y de ahí me iba a Salta que eran dos horas con la nueva autopista. En el medio me encontré con un tour de ciclistas franceses. Me quedé varado un tiempo en un pueblito. Me quedé ahí tomando vino con la ciudad llena de franceses y nunca llegué. El año pasado lo encontré en una venta de internet. Era la biografía del abuelo de Holmebrg que había luchado en la Revolución de Mayo, era un soldado sin ejercito y se encontró con San Martín. Fue muy importante. Era de los pocos de la revolución que sabía matemática como para tirar un proyectil. Muchos eran bastante improvisados, excepto San Martín, que bueno, le ganó a Napoleón dos veces.
AF: ¿Y qué tiene de especial Holmberg para vos?
LK: ¿Qué tipo de aristócrata era Holmberg?: uno muy especial. El padre de él había sido botánico, mejor dicho, tenía el gran vivero de Buenos Aires. Acá se cuenta mucho las historias de las hazañas de lo militares, porque antes eras o abogado, o médico, o militar. Y éste no. Iba por las ciencias biológica que no existían. La novela tiene eso. Un pibe que está pensando en otra cosa cuando tendría que estar estudiando medicina. Leyó a Verne, a Hoffman, a Flamarión, y le salió Nic-Nac.
AF: ¿¿Cuáles eran sus influencias?
LK: La primer etapa eran Verne, Hoffmann... Hay un cuento que se llama “La Pipa de Hoffman” de hecho. También escribió “El tipo más original” que pasa en Kurlandia, una ex provincia de Rusia, que es ahora Letonia (yo estuve ahí). Tenía muchas lecturas pero nunca salió de Argentina. Creo que fue a Uruguay. Nunca fue a Europa.
AF: ¿Acá hay como un guiño de la obra, de la Pipa de Hoffmann?
LK: Sí, varios. En el cuento un tipo fuma una pipa y delira y hay todo una historia en el deliro. Pero no era un escritor muy prolijo en esa época. Antes de Nic-Nac hizo otra novela que se llama “Dos Partidos en Lucha” cuando viene Darwin a Buenos Aires y se arma todo un revuelo. Hay característica que es de acá, no sé en otros lados, que son discusiones de cabildos, academias y debates, que todos se gritan y hacen circunloquios, chistes, los partidos se hacen bromas, y todo muy de Buenos Aires como pequeña aldea. Y eso está en Nic-Nac en la parte que están en la Academia, que no saben que hacer y discuten. Las discusiones “cabildantes”. Pero bueno, esa nueva Buenos Aires, que va a ser la que yo conozco, empezó después de Nic-Nac. Entonces yo quería abrir con los problemas del siglo XIX y cerrarlos con el siglo XX y el XXI. Y los problemas de la novela eran básicamente los de Holmberg, que tiene un doble desempeño, de ser médico y ser naturalista. Como que el médico es alguien que lucra con la ciencia y con el dolor de los otros, y el naturalista es alguien que observa e interpela la perfección de la naturaleza (tal vez como los sofistas y filósofos que retrata Platón).
AF: ¿Y hay varios guiños? ¿Pusiste muchas referencias a otras obras?
LK: Sí. Horacio Kalibang, por ejemplo, es ese robot de un cuento de él, “Horacio Kalibang o los autómatas”. que es el primer cuento de robots de Latinoamérica (y no sé si de América). Aparece Flamarión que fue un astrónomo francés que empezó con los primero observatorios modernos en Europa y planteó la posibilidad de vida en Marte. También tradujo a Poe y a Wells. Lo del Gato Negro tiene que ver un poco con Poe, porque el gato negro aparece en “La bolsa de huesos”. Ese es el mejor cuento de Holmberg. Es el primer policial serial de acá. No sé si de Latinoamérica, pero sí es el primero que se usa el sistema dactiloscópico (el de las huellas digitales). Es una aplicación científica para descubrir un crimen, al estilo de Poe, pero con un invento argentino (de Juan Vucetich, que nació en Croacia pero se radicó acá dónde lo inventó).
Hay dos etapas en su obra. La primera trabaja con las ideas del darwinismo, donde presenta la posibilidad de que haya vida en otro planeta y no pensar que somos los únicos. Después en otras, como en “Filigranas de Cera”, que es sobre un aparato con el que uno puede, a través de la cera del oído, escuchar todo lo que esa persona escuchó en su vida. Entonces, todos los secretos del mundo, de la gente, están a merced de ese invento y reflexiona sobre la implicación moral de las ciencias, si puede o no hacer todo lo que quiera. En “La casa endiablada”, que es el primer policial de acá, aparece el espiritismo y aplica la ciencia a los policiales pero al mismo tiempo (que a mí más me interesaba y lo vi más en el trabajo y que está muy ente líneas en Nic-Nac) está el tema del control a través de las disciplinas que estudia Foucault, dónde no sólo es detectar el peligro sin la condición de que alguien sea potencialmente peligroso, incluso si no ha hecho nada aún. La frenología, a la que también Holmberg estaba muy atento (había muchos frenólogos acá), dónde según tus características físicas sos potencialmente peligroso, ve que la cultura podía ser como una “segunda navegación”, como decía Aristóteles. Las “fisiopolíticas” en Nic-Nac es cómo a través de la medicina se puede controlar o ganar dinero, “hacer mercado”. En NicNac se favorece la guerra para vender medicamentos. Me interesaba en particular la mafia de los remedios, de la necesidad de estar todo el tiempo tratándote o tomando remedios. Inventar necesidades que no son tales. Eso es el consumismo, que no existía en los tiempos de Holmberg. Él era médico pero nunca cobró.
Le interesaba mucho hacer el zoológico de Buenos Aires. Obviamente, a la gente que puso la plata para hacer el zoológico le interesaba que Buenos Aires estuviera al nivel de Europa, pero él intentó hacer un lugar de estudio, como una galería, más allá de que los animales hayan vivido bien o mal dentro del zoológico. Eso en el siglo XIX ni se lo ponían a pensar. De hecho, los zoológicos empezaron en Europa porque los países tenían colonias de las que traían especímenes raros como un trofeo (un tigre vivo por ejemplo). En cambio acá no. Nunca tuvimos colonias, pero se copió ese modelo. Y luego fue más que la gente tuvieran educación, que los chicos pudieran tener contacto con animales que no eran de la Argentina.
AF: ¿Te parece que hay algo que no se pueda dar, que no se logre en el pasaje de un medio a otro?
LK: Son lenguajes diferentes. Obviamente algo siempre se pierde y algo se gana.
AF: ¿Qué te parece que más aporta? ¿Qué necesidad sentiste de pasar de la literatura a un medio distinto?
LK: Por un lado era como una misión “mesiánica” de que esto a mí me gusta mucho y alguien más lo tiene que conocer.
AF: ¿Entonces puede llegar a otro tipo de público?
LK: Claro. Eso los puede llevar, sino a la novela, a conocerla al menos.
Por otro lado, con respecto a la adaptación, la novela la podés ver con distancia. Si vos te ponés a escribir algo de cero (nunca nadie escribe de cero) y si eso te gusta mucho, vos ya tenés cierta cercanía, siempre te va a costar mucho, como si fuera un hijo, separarte (siempre va ser el más lindo de la cuadra). En cambio, con una novela que vas a adaptar la mirás críticamente y lo podés diseccionar y abrir y cerrar y sacar, y te das cuenta que, viendo la biografía de la otra persona, donde se mezcla la vida, donde hay influencias claramente de lo que quiso hacer y de lo que quiere decir con esto...
Cuando yo hago adaptaciones o trabajos teóricos, tengo la obsesión de poner el libro que leí y copiar parrafadas enteras y nunca las corto. No es que tomo una cita, una frase que sea exacta y que resuma. Eso está muy bien, pero no es eso adaptar. Eso es para ilustrar. Esas las dejo de lado para cuando tengo que poner una cita textual. Ahora, cuando copio, copio párrafos enteros y escribo al lado a dónde va la idea, y por otro lado, qué acción sucede. Me acuerdo que cuando hice un trabajo sobre Voltaire tenía un libro antiguo de 800 páginas que tenía que devolver en una semana y no podía subrayar. Lo leí todo y escribí como un monje en una libreta al lado qué le iba pasando en la vida, más allá de las buenas ideas, como si fuera un nivel muy de superficie.
La superficie es importante. En la superficie está el sentido oculto de muchas cosas... en la que llamamos “superficie”, no la “superficialidad” vacía. No es lo mismo que estemos acá o estemos en otro bar. Esos detalles son importantes porque hay un momento cuando estas escribiendo que tenés que elegir sin tener al lado al tipo que escribió la novela, estás sólo y tenés que llenar los huecos. No los vas a llenar con tu ego, los vas a llenar con el otro, ni siquiera con la vida, con la obra (porque vos recibís la obra, no lo conociste en persona). Entonces, lo que hice yo fue llenar los huecos (creo que hasta demasiado en Nic-Nac), y si tengo que meter a un robot, no voy a meter a cualquier robot, voy a meter a Horacio Kalibang. Y eso es, por un lado un respeto, por el otro un homenaje, y por otro (como cuando hace un juego de palabras), ver hasta dónde podes torcer el lenguaje.
AF: ¿Y con respecto al dibujo?
LK: Con respecto al dibujo tengo mi teoría, en particular sobre la historieta. Porque el cine se hace de a muchos. Es como una maquinaria. Depende de una persona que hace buena iluminación, o tenés un actor que hace buenos diálogos, y es más creíble. Es un trabajo de a muchos. En cambio, la historieta es de a dos, y es en equipo. ¡Está bien! Hay muchas cosas lindas, que uno aporta lo que no aporta el otro, y se tiran todos flores y demás... pero la verdad es que el dibujante no lo tiene en la cabeza; vos como guionista sí. Vos podes decirlo de muchas maneras, pero a veces ves el dibujo y decís No, esto tiene que ser así, y cuando el dibujante rellena, va a rellenar con lo que conoce y puede no ser a dónde apunta la cosa, independientemente de su talento.
AF: ¿Qué pasa en el pasaje?
LK: La novela es un género que tolera todo. O nosotros lo hacemos. No sé como será en otros países. Yo pudo escribir una novela dónde meto una carta, un cuento, un diálogo rápido, un diálogo profundo metafísico... En cambio, en la historieta todavía tenemos ciertos recaudos, ¡y en el cine ni hablar! Muchas cosas de la historieta que las pasaron al cine y no funcionaron. Yo creo que pasa algo en la historieta y en la ciencia ficción, que es que te atraen los dibujos en el caso de la historieta y la tecnología en el caso de la ciencia ficción, o las hipótesis, ¡pero no!, luego no es eso. Después te olvidás o te acostumbrás, y pasás a ver que lo importante es la relación entre los personajes y lo que te intentan decir, o lo que les pasa, o lo que te dejan. “La invención de Morel”, que es la mejor novela de ciencia ficción argentina, hasta el final no te enteras de lo que pasa, y es una posibilidad, dada por una cuestión técnica, que modifica la forma de ver del personaje. Y hasta se adelanta un montón de percepciones que creo que hoy es más actual que nunca, que es la holograficidad, diferentes experiencias, diferentes formas de vida.
AF: ¿Cómo trabajaste la adaptación?
LK: Yo hice una adaptación exacta de la novela, que fue el primer borrador. Después hice 7 borradores. Y no funcionaba. Y tenía razón. Aparecía el Maestro Psique (que aparece en el segundo volumen) y el tipo era el científico arrogante. Bueno, el científico arrogante ya no existe más. En el siglo XIX el científico estaba muy bien estimado, más que el filósofo. Hoy en día hay más sociólogos arrogantes o economistas arrogantes. Esa sería la figura. Entonces, si yo me burlo de un científico arrogante, hoy en día, me parece que ya no va. Es mi percepción. Entonces lo tuve que cambiar. Hay que conocer de qué estas hablando.
Yo tengo una obsesión, en todas las cosa que escribo (tal vez porque mis padres son arquitectos o no sé porqué) por el urbanismo. En la ciudad está todo... Bueno, no está “todo”, pero hablar de las redes urbanas, plantear una ciudad y cómo viven... Además, si te fijás, la ciudad nunca aparece. Theosophopolis no aparece. Pero se trata siempre de hablar por afuera, por personajes que están afuera de eso y verlo con distancia. Creo que en un momento dice el Doctor Burbullus que se va lejos de la ciudad para ver y estudiar con mayor distancia la ciudad, con distinción, no mezclarse, no tener la luz de la ciudad tan cerca porque no te deja ver. Eso es importante. Eso es una postura filosófica.
AF: Cuando vos viste la adaptación, ¿te pareció que, al final como producto, respeta la atmósfera de la novela?
LK: No... pero no había que respetarla tal vez. [RISA] Se hubiera perdido del todo si la hacía igual. Vas adaptando y tomando lo que te conviene. No es traicionar. Creo que en una adaptación libre es tener el espíritu. Como en el caso de “¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?” con Blade Runner. Son dos cosas diferentes. La película fue evolucionando y en ella algunas cosas quedaron sólo entre líneas. Cuando ya leíste la novela y viste la película te trasmite lo mismo desde dos puntos diferentes. Eso es muy difícil de hacerlo. Te lleva tiempo. Tenés que pensarlo bien.
AF: Pero la percepción que tenés cuando leés...
LK: Yo volví a leer la novela. Lo que ahora llamamos “la atmósfera” casi no existe. Este es un concepto del siglo XX desde la invención del cine, y la producción de literatura actual está muy pegada al cine. Nosotros no nos damos cuenta, pero, antiguamente, si vos leés los cuentos de Voltaire por ejemplo, no existe la imagen visual como guía. En un párrafo están en un país y en el otro en otro. No le importa eso. Le importa que el diálogo fluya y fluya. En la presentación de la historieta marqué una situación, que copié igual, porque me parece que ahí está el espíritu de la novela, y que siempre con Santiago hacíamos chistes al respecto. Nic-Nac ésta en el desierto junto al Doctor Burbullus y aparece el Gato Negro que lo acompaña y le da una naranja, y le dice “¿Tiene hambre Gato? ¿Será higiénico darle naranjas a este tipo de felino”
AF: [RISAS] ¡Me pareció raro!
LK: Bueno, por un lado está el higienismo, que es una teoría con la que Holmberg estaba relacionado; por el otro, le habla a un gato negro, en Marte, y además el chiste de que no se le pueden dar naranjas a un gato porque pierden el olfato (y creo que por eso no la come)... ¡Está en Marte el tipo y mirá la pregunta que se hace! No se pregunta ¿Qué hago? ¿Cómo voy a volver?... Se va a otro planeta, y a veces se pregunta que tan lejos está, pero lo acepta. Así es Voltaire también. Es como Aceptémoslo, lo que importa es otra cosa. Es otra cosa lo que te estoy contando.
AF: ¿Qué fue lo que quedó y qué sí tuvo que ser diferente con respecto a la novela?
LK: Todos los sucesos que en la novela están ubicados en Marte los expandí a diferentes planetas del sistema. De hecho, en el volumen 2 está la Capital, porque Nic-Nac va a la capital de Marte, que sería nuestra Capital Federal, y ahí se ven los conflictos entre las manifestaciones y lo aristócratas que no está tanto en la otra ciudad. Se prende fuego todo y ahí termina la novela, queda cortada. Entonces, lo que quedaba era el viaje, la cuestión del espiritismo, la ciudad dividida entre los teólogos y los sabios (qué después se tiene que reconciliar), la guerra civil, las discusiones académicas, la publicación del Tratado Completo de Martografía, que está muy por atrás pero es importante, porque es la forma de diseccionar la realidad, el mundo. La cartografía es la gran conquista del siglo XIX, cuando se logró terminar de representar el mundo. El planeta como lo conocemos empezó en el siglo XIX como concepción moderna. Eso lo mantuve, lo dejé y lo respeté.
Y después agregué del siglo XIX tres características (esto te lo doy muy esquemáticamente): uno es la factoría, la producción en masa; el otro, la medicina, como intervención del cuerpo; y la otra, la nueva ética, la relación entre ciencia y moral. Esas tres cosas están más en el volumen 2, las fui cerrando y las fui resolviendo como yo pensaría hemos criticado y vemos con distancia, sumando algo de acción cinematográfica. ¡Ahí metí todo! Creo que ya puse todas las cosas esenciales.
AF: ¿Estas conforme con el resultado?
LK: En gran parte sí. Holmberg tenía 22 años, no se había casado, estaba medio perdido y no estudiaba mucho. En ese tiempo, los 22 años eran como nuestros 35 o más. Y el hacía estas cosas por placer. Es tal vez como una escapatoria a otro planeta, sin ser meramente “escapista” sino que critica su tiempo. Yo hice un poco lo mismo, me escapé de mis obligaciones filosóficas de ese momento, y bueno, ahora se volvió parte de mi vida. Lo tuve que llevar al próximo paso en la evolución, que la novela dispare la posibilidad de que otra gente haga otras interpretaciones. Entonces, tal vez es un nuevo contenido con un diferente lenguaje pero con el mismo nombre y lo que eso representa.
Anexia Ediciones queda inmensamente agradecido por el trabajo y dedicación de Alice Favaro, para con nuestra producción en particular y con la historieta y literatura argentina en general.