Si tuviera que resumir la tercera temporada de True Detective en dos palabras, serían obsesión y arrepentimiento. El creador de la serie Nic Pizzolato nos convirtió a todos nosotros en personajes obsesivos y paranoicos, exactamente como Wayne Hays, el protagonista de la historia. [Alerta de spoiler] Durante las últimas 6 semanas hemos estado maquinando toda clase de teorías conspirativas y la resolución del misterio central de la serie resultó ser más simple y mucho menos macabro de lo que esperábamos. Y todo esto fue intencional. Desde el primer capítulo, la serie se enfocó en la paranoia alrededor de la desaparición de dos niños en Arkansas y toda la serie de eventos desafortunados que esa paranoia causó durante las siguientes décadas. Eliza, la documentalista que entrevistó a Wayne, es una representación de nosotros, la audiencia, que en nuestro afán de atar cabos y encontrar conclusiones, fabricamos historias muchas veces basadas en nuestros propios prejuicios. Esta entrega de True Detective narró cómo el caso Purcell prácticamente le arruinó la vida a Wayne y contaminó su relación con las personas cercanas a él: su esposa Amelia, su compañero Roland y hasta sus hijos Henry y Rebecca. Y, además, generó una enorme cantidad de daño colateral con muchas vidas perdidas. ¿Fue satisfactorio el final? No, pero el camino que Pizzolato construyó para llegar aquí hizo que toda la experiencia valiera la pena. True Detective recuperó su esencia y consolidó un universo narrativo que, ojalá, podrá regalarnos más historias cautivantes en el futuro. Mención especial al grande, enorme, Mahershala Ali, quien ya tiene 2 premios Óscar y, créanme, este año recibirá más premios por este papelazo. #TrueDetective #MahershalaAli #NicPizzolato (en Arkansas) https://www.instagram.com/p/BuT0VHPnoq2/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=14tsufy1ylx1y












