Era tan fácil encontrar al Ruso, eso se había vuelto un juego extraño entre los dos, por alguna razón, podrían caminar por cualquier lugar y en un punto sus miradas se cruzarían, claro, siempre Agnes le regalaría una sonrisa cálida al chico aunque no tuviera una de regreso. Su figura podría sobre salir de cualquier lugar oscuro, muy a pesar de que había gente a su alrededor. Metió sus manos a los bolsillos de su pantalón y se encamino a su lado. Desde ahí, todo parecía más hermoso que nunca. Pasaron varios minutos en que nadie dijo nada, no había necesidad hasta que Agnes la sintió. —Se que no preguntaras que hago aquí, eso ya es más que obvio.— mordió ligeramente su labio inferior y sus mejillas se tornaron suavemente rosadas. —Pero vengo a despedirme.— y alzó su mirada para poder encontrarse con aquellos ojos azules. —Mi abuela ha fallecido y debo marcharme a Suecia de nuevo, nos ha dejado un gran campo de agricultura y mi madre quiere dejar Nueva York y sus ataques cada 5 días, ya sabes, algo más relajado.— se encogió ligeramente de hombros y bajo su mirada al suelo un minuto, era su momento de soltar todo. —Yo no me quiero ir, por alguna extraña razón me agrada esta ciudad rara y sus ataques de gente loca.— soltó un apenas audible risa. —Y me agrada la gente de aquí, aunque ni siquiera hablen.— y lo volvió a ver, otorgándose el derecho de tocar suavemente el hombro del chico. —Y tu deberías de dejar esa idea absurda de ir por esa gente, por que... ¿por que no vienes conmigo? Suecia es un lugar tranquilo, ahí nadie se molestara por el humo de tu cigarrillo y no hay calor ni trafico.— entonces sintió una opresión en su pecho. —Deberías de ir, por que yo te quiero conmigo.— susurro, apenas audible para ella misma. —Deberías de ir un día, debes y estas invitado a iniciar algo nuevo cuando te canses de perseguir fantasmas.— El silencio carcomía por dentro su alma, apretó sus puños llegando a enterrar un poco sus uñas en la palma de sus manos, pero el dolor producido por eso no se comparaba por nada a la forma en que jamás se había sentido amada, miró por ultima vez al chico, esta vez sin decir nada y se dio media vuelta, para limpiar sus lagrimas y emprender su camino lejos de ahí. Un taxi se detuvo frente a ella y abrió la puerta de este sin subirse aun, pero no había más que hacer, debía irse lejos de ahí e iniciar una nueva vida.