Intervenciones Anarco-Sentimentales: 1
Soy un fan de Digimon, un casual para ser honesto. Es la primera franquicia a la que me enganche realmente. Con apenas unos cuatro o cinco años y teniendo las transmisiones matutinas de los sábados en la televisión abierta de mi país, el concepto me atrapó entre sus fauces digitales.
Algo lógico, pensando que (a diferencia de la tiendita de enfrente), Digimon me presentaba dos elementos magnéticos: Una mascota inteligente capaz de formar un vínculo emocional casi humano, pero con el potencial de convertirse en un ser alucinante de habilidades extraordinarias. Y, una serie que no me trataba como un espectador mediocre, al que solo les interesaba vender juguetes.
Retomando este último elemento, me gustaría hacer unas notas interesantes. Si bien, la primera entrega se planteó como una clásica historia de bien contra el mal, donde los niños elegidos debían salvar al mundo de seres sombríos utilizando los valores aprendidos durante su viaje físico, mental y emocional. La serie mostraba algunos detalles estéticos, temáticos y dramáticos, que no van relacionados “de cajón”, con las historias para el público demográfico al que se apuntaba.
Ya para la tercera serie, además de mostrarme dinosaurios ciborg exageradamente armados, el equipo de producción decidió incluir ideas como: Las diferentes formas de enfrentar el duelo, las consecuencias de la violencia y el abuso, el costo de pensar que “El fin justifica los medios”, los problemas derivados del distanciamiento emocional en la familia, el papel del pacifismo en momentos de crisis, los estragos de la depresión en el individuo y su entorno, entre un largo listado de detalles menores.
Todo esto cobra sentido, cuando pensamos que después de todo, el digimundo es manufacturado por adultos, tanto dentro como fuera de la ficción. En recientes fechas me eh enterado que los humanos hemos tenido impacto en este “mundo digital”, tanto de forma consciente como inconsciente. Pues, dentro del mito de nacimiento y evolución de estos seres, los virus primitivos que les precedieron, llegaron a obtener sus diversas formas (presentes y futuras), dado a que se conectaron con la data de las actividades humanas.
En simples palabras, si uno de estos cúmulos de datos se acercaba al servidor de un museo, es probable que los datos obtenidos se expresen en forma de referencias a la historia humana, dinosaurios o animales, dependiendo de la información dominante. Es tanto así nuestro impacto, que algunos digimons nacen o evolucionan influenciados por la expresión de emociones abstractas, digitalizadas en el día a día.
Con esta construcción base del mundo, la franquicia de mascotas virtuales, ya ha trascendido al plano del Ciberpunk duro. Claro, todo esto desde la sub textualidad, pues fuera de meter una lección moral sobre las emociones y sus consecuencias, rara es la ocasión en que se usa este recurso dentro de la narrativa, de forma explícita.
Esta idea, nos pide a gritos reflexionar sobre la relación que los humanos tenemos con lo digital, así como visibiliza el impacto que nuestra cultura tiene en la formación de la identidad y la conducta. Por ejemplo, podemos notar que muchos de los Digimons relacionados con lo tradicionalmente femenino, presentan un diseño claramente sexualizado. En nuestro mundo, entendemos que esta es una estrategia de Bandai para mantener a un público maduro interesado en su material, aunque sea solo por morbo.
Sin embargo, el subtexto de esto nos dice que lo que vemos, es resultado de la replicación memética de nuestros modelos, valores y fantasías irreales. Siendo así, únicamente nosotros somos los responsables de que esta criatura autónoma, tenga que emular lo que culturalmente hemos propagado. Sin importar las decisiones que, como individuos, tengan respecto a su construcción personal, de la forma más determinista.
Esto es un conflicto muy complicado del que se ha escrito muchísimo, no solo en el terreno de la ficción. Sociólogos, Filósofos, psicólogos y Artistas, han prestado especial atención a hablar sobre como los medios de comunicación propagan ideologías en todo momento, incluso como el medio mismo en el que se difunde un mensaje, favorece cierto tipo de ideología, que absorbemos, procesamos y finalmente expresamos como parte de nuestras creencias.
Mi país, por poner una muestra sobre la mesa, es el resultado de la colonización y las diversas intervenciones extranjeras que se han dado, a lo largo de su historia. Hecho que, evidentemente tiene un alto impacto cultural. Aunque los pueblos prehispánicos (o, mejor dicho, sus descendientes), mantuvieron y adaptaron su identidad cultural a los diversos procesos históricos y sociales que se dieron en el territorio, no consiguieron nunca sobreponerse como la cultura dominante.
Con el tiempo, se fue creando una cultura aspiracional sobre los pobladores desprovistos de dicho dominio cultural, rechazando lo propio en favor de lo que se planteaba como mejor o correcto. Esta cultura impacta incluso a día de hoy en lo económico, social, racial, político, identitario, emocional, espiritual y de género. Muchas personas que conozco buscan acercarse lo más posible a estos constructos, aunque sea solo simbólicamente, sacrificando su propia integridad física y mental, en el proceso. Así mismo, algunas de estas personas demeritan y devalúan a quienes no aspiran a lo mismo o que fracasan al intentarlo, pues se vuelven un espejo de lo que ven indeseable en ellos.
Para evitar estos dramas, Digimon proporciona varias soluciones a la medida de su interés por el tema. En algunos casos, permite que los individuos consigan adaptarse a su identidad de forma superficial, agregando uno que otro elemento, para diferenciarlo del resto de su especie. La otra opción, es permitir que aquel ser rompa las reglas preestablecidas y consiga expresar su individualidad. Acto que Yggdrasill (la conciencia virtual que da forma a este mundo), asimila y replica dentro de los límites propios y de la data original. Algo que podemos entender al final, como una rebelión simulada.
Sé que, al llegar aquí, te preguntaras mi punto con todo este panal de pedantería embravecido y yo te respondo enseguida. No existe un punto, es una farsa para engancharte y confundirte lector. Y, sobre todo a ti, colega en el oficio de ordenar palabras.
El arte, en cualquiera de sus formatos, es un animal vivo que necesita de nuestro crecimiento, análisis y conversación para moverse. Le disgusta permanecer inmóvil demasiado tiempo, por lo que siempre busca maneras de caminar, sin repetirse. Nos nutre, nos construye, nos reta, nos hace crecer, como nosotros a él.
Pero, como todo, puede morir cuando le dejamos ser complaciente con nosotros. Cuando le negamos desarrollarse a sus anchas, por temor a incomodar al lector. Cuando evitamos que el statu quo, nos volteé la cara, en consecuencia, de nuestros avances.
Nuestro público, nuestro formato o incluso nuestro desarrollo, no debe ser nunca limitante para intentar crear algo rompedor o revolucionario. Por qué, si un puñado de locos, erigió un multiverso rico en historias ambiciosas, recursos impactantes y ambientación caóticamente armónica a partir de un tamagochi, nada nos limita para atrevernos a dar un paso por sobre lo que ya se espera de nosotros.
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